En el populoso barrio 23 de Enero, el ambiente “revolucionario” se evidencia en las pancartas que enaltecen las misiones creadas por el gobierno de Hugo Chávez. (LAPRENSA/A.MORALES)

Chávez copia “receta” revolucionaria

Mercados con productos baratos, alfabetización, bachillerato acelerado, becas para estudiar, creación de cooperativas, cirugías gratuitas, puestos de salud en barrios donde no había, son algunas de las expresiones de la estrategia política venezolana de la mano de Hugo Chávez, cuyos detractores critican por impositiva y socialmente ineficaz [doap_box title=»Educación express» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Las críticas también […]

  • Mercados con productos baratos, alfabetización, bachillerato acelerado, becas para estudiar, creación de cooperativas, cirugías gratuitas, puestos de salud en barrios donde no había, son algunas de las expresiones de la estrategia política venezolana de la mano de Hugo Chávez, cuyos detractores critican por impositiva y socialmente ineficaz
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Las críticas también se enfilan para las misiones de educación Ribas y Sucre, que se refieren a los colegios y la universidad bolivariana, en los que la gente se bachillera en dos años y las carreras universitarias también se hacen en menos tiempo.

Al menos 400,000 personas se han matriculado para concluir su bachillerato. Y para combatir la deserción, el gobierno da un estipendio de 180,000 bolívares, unos 80 dólares mensuales por estudiar.

Los críticos de las misiones dicen que mucha gente sólo va por el dinero, no por aprender.

Tanto la misión Ribas como la Sucre funcionan como una red paralela a la tradicional. Los detractores de Chávez dicen que la intención es sabotear la autonomía de las universidades, a la que el chavismo no ha podido permear. Aunque buena parte de los docentes de las bolivarianas provienen del sistema tradicional, hay una tendencia en el gobierno a formar su cuerpo de educadores, que estén a favor del “proceso”.

El año pasado, Venezuela fue declarada libre de analfabetismo por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Según el gobierno, se enseñó a leer y a escribir a casi un millón y medio de personas, cerca del nueve por ciento de la población del país.

La alfabetización fue la primera etapa de la Misión Robinson, que ahora, en su segunda fase, pretende darles educación primaria.

El análisis de Provea respecto a la educación en Venezuela es que ha mejorado enormemente la cobertura, pero en calidad hay todavía grandes vacíos.

Marino Alvarado, director de Provea, dice que las intenciones del Estado con estos programas son buenas y necesarias, sin embargo cree que apenas una pequeña parte de la población que lo necesita, es la que está recibiendo estos beneficios.

Celsa Narváez sacó su bachillerato en las misiones. Ella dice que nunca antes en Venezuela habían tenido un presidente que pensara tanto en “nosotros los pobres, es por eso, compañera, que él tiene que seguir, no se puede ir”.

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Celsa Narváez, 50 años, madre de tres hijos, vive en el barrio 23 de enero, en Caracas. Se define como una mujer revolucionaria. Hace unos años, jamás se hubiera definido así, ni tenía idea del significado de la palabra, pero desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1998, y acabó con las cuatro décadas de poder de los partidos tradicionales AD y COPEI, empezó a creer que en Venezuela las cosas iban a cambiar.

Celsa, una morena robusta de ojos café claros, que le dice “compañeras” a las mujeres con las que trabaja, lleva puesta una camiseta verde militar, un jeans y unos zapatos deportivos que la hacen ver mucho más joven. En el pecho, se lee en letras blancas un rótulo interminable, que dice “vacaciones recreativas para los niños…”. O algo así. Esa misma camiseta se repite 70 veces en el patio del centro comunitario, adonde acaba de entrar Narváez, y en donde gritan y corren, como potrillos recién destetados, 70 niños del barrio que disfrutan de los días sin clases.

No es la única camiseta verde olivo que tiene Narváez. En su ropero hay otras de ese color, pero sin el letrero. Ella dice que ese es el uniforme de la Misión Miranda, como le llamó el gobierno al programa de preparación de reservistas, una especie de guardia territorial integrada por civiles, que se activaría para defender la patria ante una eventualidad. Muchos venezolanos seguidores de Chávez últimamente viven con el complejo cubano, de que en cualquier momento Estados Unidos puede invadirlos. Esa sensación de amenaza se funda en el permanente e incendiario discurso anti-Bush del mandatario venezolano.

Se estima que unos dos millones de venezolanos fueron entrenados por la Fuerza Armada Nacional (FAN), como reservistas. “Los escuálidos (como les dice Chávez a los opositores) dijeron que nos habían dado armas, pero eso no es cierto”, dice Celsa Narváez, quien por estos días coordina el programa de vacaciones de los niños y dicta talleres de confección de peluches a mujeres del barrio.

La Misión Miranda en la que Narváez se entrenó, es apenas una de las 14 misiones que impulsa el gobierno de Chávez. Las misiones no son más que programas orientados a saldar el déficit en el reparto de la petrolera de los gobiernos anteriores (adecos y copeyanos), con la mayoría de los venezolanos.

Las misiones, que el Estado financia con las ganancias del petróleo, atienden problemáticas sensibles como la falta educación, salud, vivienda y de tierra para los campesinos, para ellos, hay una misión de reforma agraria.

MODELO COOPERATIVISTA

También hay misiones de asistencia económica para la gente. Se otorgan créditos para sembrar la tierra y se estimula la creación de pequeñas empresas, a través del modelo de cooperativas. Esta figura que fracasó en Nicaragua está de moda en Venezuela.

Existe una misión “Vuelvan caras” que estimula el nacimiento de las cooperativas. Según la organización no gubernamental Provea, que observa el cumplimiento de los derechos humanos, económicos y sociales, en cuatro años, el número de cooperativas ha crecido en un mil por ciento, para un total de 300,000, de las cuales el 40 por ciento funcionan regularmente, el resto han sido un fracaso.

“Ha sido un despilfarro de dinero”, dice Marino Alvarado, director de Provea, quien considera que han faltado mecanismos de control que fiscalicen el uso de los recursos de las cooperativas.

A pesar de los cuestionamientos, siguen brotando nuevas cooperativas en todos los rincones de Venezuela. Con mayor razón este año, que es electoral (el 3 de diciembre habrá elecciones) y que hay un 60 por ciento de posibilidades de que Chávez se reelija. Pese a que el gobernante ha prometido una campaña de austeridad, se sigue repartiendo, entre sus correligionarios, dinero para capitales semillas, créditos y subvenciones.

José Antonio Ortega, originario de Rubio, un pueblo que está a hora y media de la frontera con Colombia, adonde fluyen ríos de gasolina por contrabando, hace parte de una asociación que quiere fundar una cooperativa de “servicios múltiples automotrices”. Son 17 miembros. Al menos la mitad son mujeres. El grupo está pidiendo al gobierno un capital de 1,200 millones de bolívares (unos seis millones de dólares). Todavía no se los aprueban.

Ortega, que ha estado redactando los estatutos de la asociación y que trabaja como gestor social, confía en que al menos les den una parte del dinero. Dice que eso sería una opción de empleo para los socios, en su mayoría mujeres, y también para otra gente del pueblo.

Uno de los programas mejor intencionados del proceso venezolano es la misión Mercal. Así es como llaman las tiendas o pequeños supermercados, en los que se venden productos de la canasta básica, a un cuarenta por ciento más barato que en los supermercados tradicionales o en el mercado negro.

A mediados del 2005, cerca de la mitad de la población ya compraba en los “mercales”. Además del precio bajo, estas tiendas le apuestan a los productos nacionales. Gran cantidad de los comestibles y de artículos de higiene que se ofertan son fabricados en Venezuela.

BARRIO ADENTRO

El 23 de Enero es una barriada emblemática de la resistencia urbana de Caracas. Se fundó en los años cincuenta y debe su nombre al día en que fue derrocado el dictador, Marcos Pérez Jiménez, que abandonó el poder en 1958.

A pesar que Pérez Jiménez construyó gran parte de los 56 edificios de los 60,000 pobladores de entonces, la gente ahí se movilizó para tumbarlo. Juan Contreras dice que por su cercanía estratégica con el palacio de Miraflores, siempre ha sido un barrio combativo. Hoy, con una población aproximada de 500,000 personas, Contreras dice que gran parte del barrio está identificado con la causa chavista.

Lo que no se escucha en el centro, ni en la zona este de Caracas se palpa en el 23. El ambiente revolucionario se evidencia en las pancartas que enaltecen las misiones, en personas como Celsa Narváez, que visten camisetas repletas de lemas, en que son frecuentes los mercales, así como los puestos de salud de la misión Barrio Adentro.

Por su impacto, y por la decisión del gobierno de importar médicos cubanos es una de las misiones más criticadas.

A pocas cuadras del centro comunitario Simón Bolívar, donde Narváez coordina las vacaciones escolares, se localiza un modesto edificio de dos plantas. Es uno de los 8,573 puestos de salud creados por Barrio Adentro. Quien atiende es una médica cubana que aterrizó en el 23 hace tres años.

En algunos sectores, tanto de la oposición como de la clase media venezolana, ha habido rechazo por el arribo masivo de galenos cubanos. Se ha interpretado como una subestimación de los profesionales nacionales. Se especula que ellos ganan mucho más que un nacional, sin embargo, Hernando Díaz, director de un colegio en Maracaibo, quien coordina programas con los médicos cubanos, dice que el sueldo de éstos es inferior al mínimo.

“Nunca he tenido problemas”, dice Patricia, que lleva puesta una bata blanca gastada, gafas de marco grueso negro, un estetoscopio por collar, y que atiende de ocho a 12 en el consultorio del sector de La Cañada en el 23 de Enero.

Mientras escribe en una libreta, los datos de la paciente que acaba de entrar, Patricia, que lleva el pelo amarillo recogido en una cola de caballo, dice que diario atiende a un promedio de 25 a 30 personas.

La mayoría llega con enfermedades respiratorias, diarreicas y con problemas de tensión. En el consultorio, a un lado del escritorio en el que está sentada Patricia, se ve el estante con frascos y pastillas que se regalan a los enfermos.

Barrio Adentro es una misión esparcida en todo el país. En el 2004, según cifras oficiales, Barrio Adentro atendió a unos 17 millones de personas. Es considerada un éxito. Además de los puestos de salud, en los que brinda atención primaria, más que todo preventivas, se han creado clínicas y hasta de hospitales para atención más especializada en salud. Para muchos venezolanos, Barrio Adentro es una misión notable, sin embargo consideran que se está creando una red paralela a la que ya existía, y en esta última no se ha invertido ni un peso.

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