EN EL PRINCIPIO

Detén el tiempo, que inicie la fiesta. El amor es un azar… ¡Desnúdate! que no quiero amar tus huesos… y sí, nuestros surcos en la tierra. Amante quizás hombre, sangre, dios; quizás sólo barro, agua y tierra para una noche sin espejos. ¿O quizás…? Quizás sólo agua y tierra y una vela. Y entretanto tiembla […]

Detén el tiempo,

que inicie la fiesta.

El amor es un azar…

¡Desnúdate!

que no quiero amar tus huesos…

y sí,

nuestros surcos en la tierra.

Amante

quizás hombre,

sangre,

dios;

quizás sólo barro,

agua y tierra para una noche sin espejos.

¿O quizás…?

Quizás sólo agua y tierra y una vela.

Y entretanto tiembla

umbral de la hembra embriagada

o mejor hija

espuma de mar a sus pies

o mejor madre

brazos tejidos para su llanto

o mejor,

mejor silabea mi nombre y reverberemos.

Cuando los ojos ven, los oídos oyen, la nariz respira y

el corazón late…

late cada cosa y el silencio repite el Verbo.

Así fue creado el instante,

vueltas y vueltas

te fuiste y regresaste

más allá

niño y polvo.

Nunca supe cuántos mandamientos tenía tu lengua

que no dijo Mañana.

En este primer y último día del mundo,

un soplo,

¡Hágase la pareja!

y la pareja se hizo,

versión propia de esa escena que nadie presenció…

La Prensa Literaria

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