Ominosa perspectiva

En esta misma edición estamos publicando los principales resultados de la más reciente encuesta realizada por M&R Consultores, según los cuales, si la elección presidencial en Nicaragua fuese hoy, Daniel Ortega Saavedra la ganaría con un poquito más del 35 por ciento de los votos y no sería necesario ir a una segunda ronda electoral.

En efecto, Daniel Ortega, del FSLN, puntea esta encuesta con el 32.1 por ciento de la intención de voto. Lo sigue Eduardo Montealegre, de la ALN, con el 25 por ciento (7.1 por ciento debajo del caudillo sandinista); más abajo, con 19.9 por ciento aparece el socialdemócrata Edmundo Jarquín; con un porcentaje mucho menor, de 13.7 por ciento, está el candidato del partido de Arnoldo Alemán, PLC, doctor José Rizo Castellón; y en el fondo, con 1. 3 por ciento, el ex comandante del FSLN, Edén Pastora.

De manera que al depurar los números Ortega quedaría con un poquito más del 35 por ciento, pero también con un poco más de 5 por ciento arriba del candidato del segundo lugar. Y por lo tanto, como la Constitución estipula ahora, después del pacto libero-sandinista, que se puede ganar la elección presidencial con al menos 35 por ciento de los votos —siempre y cuando la diferencia con el candidato del segundo lugar sea de 5 por ciento o más —, el mismo cinco de noviembre de este año Daniel Ortega sería declarado presidente electo de Nicaragua.

Esta ominosa perspectiva es consecuencia directa del pacto de Daniel Ortega y el FSLN con Arnoldo Alemán y el PLC, mediante el cual se estableció la cláusula inaudita desde todo punto de vista jurídico, político y moral, de que un candidato puede ganar la elección presidencial apenas con el 35 por ciento de los votos. Y no hay que olvidar que esta disposición constitucional fue establecida por el PLC y el FSLN para favorecer expresamente a Daniel Ortega, quien no pudo ganar la elección de 1990 con el 40.8 por ciento de los votos; tampoco la de 1996, con el 37.8 por ciento; ni la de 2001 con el 42 por ciento.

Ahora bien, el hecho de que según esta encuesta de M&R, si la elección hubiese sido ayer la hubiera ganado Daniel Ortega con sólo el 35 por ciento de los votos, no significa que éste ya tiene asegurada la victoria electoral en los comicios del próximo 5 de noviembre. Lo cierto es que Eduardo Montealegre —quien a pesar de la feroz campaña en su contra que mantiene el PLC con el pretexto de los Ceni, se mantiene en un consistente segundo lugar—, podría subir en la intención de voto de los ciudadanos lo suficiente para quedar en noviembre con menos del cinco por ciento de diferencia respecto a Daniel Ortega, en el caso de que éste saliera arriba con el 35 por ciento o más de los votos válidos. De esa manera se forzaría a una segunda vuelta electoral en la cual la alternativa populista y autoritaria de Daniel Ortega y el FSLN llevaría todas las de perder. Inclusive, de aquí al 5 de noviembre Eduardo Montealegre podría subir en la expectativa de intención de voto ciudadano, hasta sobrepasar a Daniel Ortega y ganar la elección presidencial ese mismo día.

Tampoco hay que descartar la posibilidad —aunque hasta ahora sea remota— de que el candidato de izquierda democrática, Edmundo Jarquín, siga subiendo y quitándole apoyo a la izquierda autoritaria que representa el caudillo sandinista Daniel Ortega. Dicho con otras palabras, está dentro de lo posible que Edmundo Jarquín pase junto con Daniel Ortega a una segunda vuelta, y de esa manera reeditar en Nicaragua el escenario de la elección en el Perú, este año, en la que el izquierdista democrático Alan García enfrentó y derrotó al izquierdista extremista Ollanta Humala.

Como sea, el hecho es que Nicaragua está en peligro de retroceder a la situación fatídica de los años ochenta. Y es necesario tocar las campanas a rebato para que el pueblo democrático de Nicaragua vaya masivamente a las urnas electorales, el próximo 5 de noviembre, a defender la libertad y salvaguardar la democracia que tanto dolor y sangre le ha costado conquistar. Y la cual con todos sus defectos es un sistema de gobierno mucho mejor que la dictadura totalitaria que nuevamente se podría imponer.

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