Luis H. Guzmán, ex presidente del parlamento y aliado del FSLN, considera que un triunfo de Daniel Ortega provocaría en política exterior “una diversificación del portafolio de relaciones” de Nicaragua hacia Venezuela, Brasil y Argentina, las que considera potencias emergentes en América Latina.
No prevé una confrontación con Estados Unidos a pesar del histórico enfrentamiento sandinista con la potencia del norte.
“La Guerra Fría se terminó, Nicaragua y Centroamérica no tienen problemas de terrorismo, ni problemas que a Nicaragua puedan llevar a un conflicto con Estados Unidos, excepto el narcotráfico, pero ése es un problema más de Estados Unidos que de nosotros, pero no veo en la agenda temas que sean difíciles”.
Sin embargo, reconoce que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se enfrenta a Estados Unidos, por lo cual cree que “Daniel Ortega estaría consciente de que tiene que tener una distancia también de Chávez”.
Ortega, sin embargo, ha apostado a oxigenarse con Chávez para favorecer su campaña política a través de la importación barata de urea, operaciones de la vista a personas pobres y la promesa de los petrodólares.
montealegre buscaría a Washington
El FSLN se relacionará con China, donde busca inversionistas para la construcción de un Canal Interoceánico. Y ése sería otro giro importante, dice Guzmán, al dejar de lado a Taiwán.
En relación a los juicios de soberanía en La Haya, Guzmán piensa que debe fomentarse una política de Estado como expresión de todos los sectores del país.
Si ganase Eduardo Montealegre, candidato presidencial de la ALN, prevé “una política muy obsecuente con Estados Unidos, demasiado subordinado y cerrando otros espacios de la política exterior… básicamente sería una continuidad del gobierno de Bolaños”.
En cuanto a Edmundo Jarquín, candidato presidencial del MRS, Guzmán espera una vocación latinoamericanista y que restablezca relaciones con la Unión Europea que ahora busca a Centroamérica. “Tendría una personalidad propia esa relación”, expresa.
En cambio, de ganar José Rizo, candidato presidencial del PLC, éste tendría que reconstruir su relación con Estados Unidos y ampliaría sus relaciones hacia Taiwán y Corea del Sur. “Le veo cierta vocación asiática”, dice.
Espera cambios en política económica
A juicio de Guzmán, la prioridad del presidente Enrique Bolaños era el pago de la deuda interna (veinte por ciento del presupuesto del Estado). Considera que Ortega tendría nuevas prioridades, como los créditos para sectores productivos en lugar del crédito de consumo.
Ortega también ofrece subsidios a sectores productivos. Guzmán dice que la propuesta hace parte de una política alimentaria para entregar a los campesinos “créditos en especie” tales como vacas y semillas mejoradas, “en un afán de que seamos capaces de producir nuestra propia comida”.
Guzmán dice que Ortega no ofrece condonación de deudas sino reestructuración de las mismas en el orden de los cuarenta millones de dólares.
Sin embargo, acota, “de ninguna manera un nuevo gobierno de Daniel Ortega podría estar pensando en imprimir papel moneda sin respaldo”.
¿Ahuyentaría la inversión Ortega? “En absoluto —considera Guzmán—, la inversión extranjera ha sido escasa en Nicaragua es por el tamaño del mercado”, asevera Guzmán.
Piensa que advertir de un posible “descalabro económico” si Ortega gana, es una “mala manera de hacer campaña”. “Daniel Ortega, su partido y sus aliados forman parte del sistema político, económico y social de Nicaragua, querer excluirlos del sistema es una operación extremadamente peligrosa para el país”, afirma.
Si ganase Montealegre, piensa Guzmán, habría una “preocupación por pagarle a la banca, ya como Ministro de Hacienda casi suprimió la contrapartida de Nicaragua para la cooperación externa de Japón con el vaso de leche escolar y equivocadamente incluso para el mundo empresarial seguiría favoreciendo unos intereses muy cuantiosos, pero de un grupo muy pequeño de personas que más bien afecta la estabilidad política de Nicaragua”.
En Jarquín ve una mayor preocupación hacia los pobres aunque viene de laborar largos años para la banca multilateral que ha implementado el “consenso de Washington” en América Latina.
Guzmán espera del gobierno sandinista una mayor inversión eficiente en salud y educación, para garantizar mejores servicios y una gratuidad en la educación. Piensa que Jarquín también se inclinaría por esta meta.
En el caso de Montealegre cree que su política social es “inexistente” y “más bien veo los amagos por suprimir el seis por ciento a las universidades” y “hay presiones por privatizar las pocas empresas estatales” que todavía hay.
En el caso de Rizo, no aprecia una mayor creatividad que la del “canon del FMI y el Banco Mundial”.
Por otra parte, sobre el futuro de las reformas constitucionales, Guzmán piensa que el mejor camino es su derogación.
Finalmente, ¿espera confrontación de un gobierno sandinista con la empresa privada y la sociedad civil?
Guzmán sostiene que “eso es desconocer la realidad objetiva de Nicaragua”.
“Hay actores económicos que vienen claramente del sandinismo, son socios con otros sectores no sandinistas, han creado empresas, hacen negocios juntos y no creo que estén pensando que se van a volver de la noche a la mañana en sus enemigos”.