He bajado al inframundo.
Contraigo mis paredes
en un intercambio incandescente
como aquel de nuestro génesis
sin arrepentimientos ni moralidades.
Asesto en tu pubis.
Socavo tu pudor.
Succiono tu potencia mortal.
Soy presa y libertaria,
vibración o gemido
de una complicidad infame
en el paraíso…
He bajado al inframundo
y me he hecho tu mujer,
irremediablemente,
de carne y huesos.