Te fuiste yendo
poco a poco en mis pensamientos,
sin poder darte aquel adiós antiguo,
como cuando partían nuestros padres
en la terraza del aeropuerto,
con la mano alzada
hasta que el avión se perdiera en el horizonte.
Y después,
el regreso a casa,
vacía,
como que algo te falta
como que ya partiste
como que ya no estás.
Pensé olvidarte,
pensé acompañar la cama vacía
con fantasmas de tu amor,
aquellos de ayer,
aquellos de ahora,
pero el frío congeló mis sentimientos
y la soledad cubrió de hielo mi ternura.
Cuando ya sabías que más te necesitaba,
tu voz al teléfono,
llenó mi ser de amplias esperanzas,
el tiempo se acortó,
ya no pensando en la ida
sino en el regreso,
planificando qué hacer
para ser la mejor yo,
aquella que te ama con locura
con desesperación,
con frenesí.
Cada célula de mi cuerpo
supo que vos eras el núcleo,
que sin vos no hay vida,
que vida sin vos es morir
y por eso estoy tan viva.
Ya estás aquí
ya te siento,
ya estoy preparada para vos,
se que vienes volando
te veo en el cielo
de mi ansiedad.
Cuánto te extrañé.