La carrera armamentista de Chávez

¿Para qué necesita el Presidente de Venezuela, teniente coronel Hugo Chávez, 24 aviones caza Sujoi SU-30, 53 helicópteros y cien mil fusiles rusos, más 12 aviones y 8 fragatas procedentes de España y 26 aviones Súper Tucanos que ha negociado con Brasil, además de por lo menos 600 mil bombas que se estima ha adquirido recientemente? ¿Cómo afecta este armamentismo venezolano el balance militar en la zona? ¿Cuántos proyectos para mejorar el nivel de vida de los pobres de Venezuela se dejarán de hacer debido al pago de los 3 mil millones de dólares a Rusia y de otros 1,800 millones de euros a España, más lo que estaría pagando a Brasil por los Super Tucanos?

El aventurerismo armamentista que está impulsando el Presidente venezolano Hugo Chávez en América del Sur, no hay que tomarlo con ligereza, sobre todo conociendo la falta de cordura que este caudillo con vocación de dictador ha mostrado reiteradamente. En un afán de promover el culto a su personalidad, Chávez ha levantado la bandera de Simón Bolívar, el libertador venezolano nacido en el siglo XVIII, y ha tratado de establecer un parangón entre ambos. Nada más ridículo. ¿Qué tienen en común Chávez y Bolívar? Absolutamente nada, como tampoco hay ninguna similitud entre las circunstancias de la época de Bolívar y el mundo en que vivimos actualmente.

Sin duda que lo que pretende el presidente venezolano es extender su influencia en América Latina. ¿Cómo? En los países que son sus vecinos se teme que financie y arme a grupos guerrilleros del área, como las FARC de Colombia, para desestabilizar gobiernos y propiciar el triunfo de una izquierda maoísta que él profesa. Estados Unidos, por su parte, dice tener evidencias de vínculos entre el gobierno de Hugo Chávez y el narcotráfico. El ex embajador norteamericano en Caracas, Charles Shapiro, ha dicho que un gran porcentaje de la droga que entra a Estados Unidos pasa por Venezuela a vista y paciencia de sus autoridades.

No se puede descartar ninguna posibilidad. Sin embargo, el propósito de fondo del caudillo venezolano parece ser el de crear condiciones que le permitan establecer una dictadura vitalicia, sostenido en el poder de las armas. En efecto, la disidencia venezolana tendrá que pensarlo dos veces la próxima vez que planee alguna manifestación pública de repudio a Chávez. A nivel interno el armamentismo de Chávez podría ser un instrumento de represión y, a nivel externo, la militarización de Venezuela es una amenaza específica contra Colombia pero también contra cualquier otro país suramericano con el cual Chávez tenga diferencias.

Chávez dice que su armamentismo es para enfrentar una potencial invasión de Estados Unidos. “Venezuela necesita un millón de hombres y mujeres bien equipados y bien armados para defenderla del imperialismo norteamericano”, dice, y ha comparado al presidente George W. Bush con Adolfo Hitler. Sin embargo, ésta es una simple pantomima. Con este discurso Chávez quiere justificar lo injustificable y al mismo tiempo presentarse a sí mismo como el “prócer” que defiende la libertad de su patria. En esta suerte de mesianismo, Chávez no se diferencia en nada de líderes religiosos, fanáticos y apocalípticos como David Koresh que arrastró a la muerte a cientos de sus seguidores. Así, el presidente venezolano pretende levantar un movimiento unificado y nacionalista alrededor de él y contar con el apoyo del pueblo para seguir con su proyecto antinorteamericano. Y, aunque parezca mentira, Hugo Chávez exhorta al resto de países latinoamericanos a seguir su ejemplo. ¿Qué tal? Más desconcertante y preocupante todavía es que uno de los candidatos presidenciales de Nicaragua se identifica plenamente con el caudillo venezolano y —anticipándose a un posible triunfo— electoral, ya hace planes para implementar en Nicaragua el proyecto chavista de unificación latinoamericana “en contra del imperialismo yanqui”. No hay cosa peor que pudiera ocurrirle a Nicaragua, que no tiene petróleo y una gran parte de su presupuesto depende de la ayuda internacional. Una asociación aventurera con Hugo Chávez podría llevar al país a la bancarrota, otra vez.

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