Un mundo de diferencia

Miriam Murillo, la esposa de José Ariel Contreras, afirma que su marido tenía a lo sumo cuatro mudadas cuando vivía en Cuba, por tanto, aquella primera vez que lo vio en traje, le pareció distinto. “Es que me vio bonito”, interviene Contreras, para luego aclararle a su esposa: “¿Que yo tenía cuatro mudadas? Si yo […]

Miriam Murillo, la esposa de José Ariel Contreras, afirma que su marido tenía a lo sumo cuatro mudadas cuando vivía en Cuba, por tanto, aquella primera vez que lo vio en traje, le pareció distinto.

“Es que me vio bonito”, interviene Contreras, para luego aclararle a su esposa: “¿Que yo tenía cuatro mudadas? Si yo he tenido cuatro mudadas, no me hubiera venido de Cuba”, agrega el tirador de los Medias Blancas, mientras su señora sonríe.

Murillo asegura que su paso de la miseria a la opulencia, sin proceso de transición, fue en cierto modo traumático. En primer lugar, eran objeto de una abrumadora atención de los medios, “con un reguero de cámaras y un reguero de preguntas”, dice ella.

“Yo nunca pensé que hubiera un país en el mundo donde se pudiera vivir como en éste. Es verdad, tienes que trabajar, esforzarte pero los niños tienen un futuro diferente. Ni Contreras sabía cómo se vivía aquí, porque aunque salía a jugar, no tienes el chance de descubrir las cosas como cuando vives ahí”, dice Miriam.

Naylan, de 11 años y Naylenis, de 6 han prestado atención a la plática en el apartamento de los Contreras. Ellas también han sentido el cambio pero, a pesar de las facilidades, se trata de dos niñas maduras, cariñositas y muy respetuosas.

Lo único que irrita a la menor, a Naylenis, es cuando Contreras le dice que Fidel Castro es su tío. “Ese ‘balbudo’, no es mi tío. Mira que no quería que te viéramos”, explica.

Ambas estudian en Tampa y aunque Naylan asegura que hay una que otra chavala envidiosa en el colegio, en líneas generales, les va bien y son muy apreciadas por los maestros.

“La primera vez que fuimos a un mall (centro de compras) estábamos asustadas de ver tanta cosa. Ahí fue cuando no me pasaba que un short costara 12 dólares, mientras que la niña (Naylenis) llegó y se puSo a acomodar los zapatos que la gente deja regados luego de medírselos en las tiendas”, recuerda Miriam.

Para esta familia, la familia Contreras Murillo, todo ha cambiado, menos su sencillez.

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