Es en la caída del párpado femenino
donde algo se pierde o recupera.
Así busca la pupila ocultar su mirada cavilosa,
tan cavilosa como la tuvo Eva antes
de olvidarse del Edén.
Vuelve la inconsistencia del barro.
Retorna Eva a su roto instante.
Pero esa fue su hora inmortal,
en ella queda suspendida
etérea y sonámbula
caminando por la tierra sin rozarla,
marcando una trayectoria
que desaparecerá con la luz y su único destello.