- Una campaña después de haber tomado las riendas de los Medias Blancas, Ozzie Guillén comenzó a mover las fichas a lo interno del equipo, las juntó y las guió hacia el éxito
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ENVIADO ESPECIAL/CHICAGO
Su crudeza sin matices se presta a interpretaciones diversas, pero tiene fascinada a la prensa porque suele ser franco y terminante. Da siempre frases explosivas que aseguran su presencia en los noticieros y portadas de los periódicos, pero sobre todo es solicitado, porque ha roto los patrones a través de los cuales se acostumbra medir a los managers.
El venezolano Ozzie Guillén ha impuesto su estilo. Predica con el ejemplo y mantiene electrizado a su equipo, en el que no hay imprescindibles. Muchos se asombraron cuando dijo que Frank Thomas, el héroe local, no estaba en sus planes. Solicitó que salieran de Carlos Lee y no se puso a llorar cuando Magglio Ordóñez decidió explorar el mercado de agentes libres.
“Lo que pasa es que aquí teníamos buenos peloteros, pero no teníamos un buen equipo. Esas son dos cosas diferentes. Puedes estar lleno de superestrellas, pero si la actitud no es la correcta, no irás a ningún lado”, explica Guillén, para quien todo parece ir a la máxima velocidad, incluso sus palabras, salpicadas siempre de un profunda convicción.
Este venezolano, que no tiene sosiego, y que parece cambiar de silla en la misma silla, que fue Novato del Año de la Liga Americana en 1985 y que viene de imponerse en la Serie Mundial, para terminar con un telarañoso ayuno de 87 años sin ver salir el sol, tiene la gentileza de hablar con LA PRENSA en el dogout del U.S. Cellular Field.
Está de lentes oscuros y enfundado dentro de un uniforme conmemorativo de los Medias Blancas de la década del sesenta. Recién ha concluido una extensa conferencia para los medios de Texas que han llegado a Chicago y que no dejarán escapar la oportunidad de escuchar a Ozzie, y tal como lo prometió el día anterior, está listo para atendernos.
EL PASADO QUEDA ATRÁS
Aún está fresco el triunfo en la Serie Mundial, ¿no?
Sí, pero como dije a los muchachos el día que inició la temporada, que se fijaran bien lo que decía en la pizarra, que éramos campeones mundiales del 2005, pero que el 2006 lo íbamos a comenzar de cero. He sido claro con ellos. Tenemos que dejar el pasado detrás de nosotros y volver a producir en este nuevo año y eso es lo que estamos haciendo.
Y no ha sido fácil la defensa del título…
Para nada. La división nuestra se ha convertido en una de las más difíciles del beisbol y hemos tenido que trabajar duro. Pero estamos en el camino y yo espero que pronto se vea lo mejor de este equipo, que es un buen equipo. Tenemos que seguir unidos, cada quien haciendo la función que le corresponde y pronto llegarán las victorias una tras la otra.
¿Esperabas tener tanto éxito tan pronto en tu carrera como manager?
La verdad es que a uno le dan el trabajo y uno trata de realizarlo del mejor modo posible. Mi trabajo es sacar lo mejor de cada pelotero y la directiva del equipo me ha puesto peloteros bastante buenos, fáciles de dirigir y eso permite los triunfos. Pero sí, le doy gracias a Dios que ganamos la Serie Mundial y que sucedió pronto en mi trayectoria.
Muchos países, incluyendo Nicaragua, vieron tu triunfo como propio…
Sí, lo sé. Sé que muchos países se sintieron representados por mi persona. Somos latinos y nos alegramos cuando uno de los nuestros sale bien. Nicaragua tiene mucha tradición, ha sido representada en el pasado por jugadores como Albert Williams y Denis Martínez. Ahora tienen a Vicente Padilla y cada uno trata de hacer lo mejor por su país.
LA CLAVE, UNIR AL EQUIPO
Mucha gente se asustó cuando saliste de varios jugadores estrellas, ¿por qué?
Porque como te he dicho, puedes tener buenos jugadores, pero no necesariamente tienes un buen equipo. Y eso pasaba aquí. Había superestrellas, pero el equipo no funcionaba tal cual es. Pero la directiva me fue dando poco a poco poder para tomar decisiones drásticas pero necesarias y buscamos las piezas correctas que funcionaran dentro del engranaje.
Además de ganar, que es la clave, ha gustado que has roto el molde…
Dirigir es enseñar. Es tratar al pelotero como a un amigo, como a un hijo. Hay gente que cree que dirigir es hacer el line up, cambiar al pitcher y mandar un bateo y corrido, pero es más que eso. Tienes que aprender a conocer bien al jugador e identificar aquello que lo haga trabajar al máximo de su capacidad. Ese es mi trabajo, sacarles lo mejor.
¿Cómo lograste sacarle lo mejor a José Ariel Contreras?
Hablando con él, brindándole la confianza necesaria para que pudiera volver a creer en sí mismo. Recuerdo que le dije que lanzara como lo hacía en Cuba, o como lo hacía con la Selección de su país ante Italia y con Fidel Castro y el resto de cubanos pendientes de su trabajo. Y reaccionó. Ustedes han visto lo que ha sido capaz de hacer. Y aquí vino mal.
Todos te dan el crédito como manager, pero otros te consideran un loco…
Yo lo sé, pero lo locos dicen la verdad, no andan con hipocresías. Yo creo que yo nací para esto, para dirigir. Nací con liderazgo y los líderes como en todas las áreas de la vida cogen fuerza con el pasar de los años, mantienen la vista al frente, la mente abierta y confían en su gente, saben usar a su gente. Y eso es lo que yo trato de hacer aquí.
Después de ganar la Serie Mundial, algo que en Chicago no ocurría desde 1917, cuando el arco iris todavía era en blanco y negro, Guillén va rumbo al monumento en esta ciudad. No se equivoca incluso cuando lo hace. Y cualquier cuestionamiento que se le haga, se desvanece ante su capacidad para producir victorias, más allá de su estilo agitado.