- Más allá de su racha, captura la atención de todos este año
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EL PITCHER QUE ENTUSIASMA A NICARAGUA
ENVIADO ESPECIAL/CHICAGO
Al atravesar el lobby del U. S. Cellular Field, de Chicago, tomar el pasillo que lleva hacia los club houses y apartar la puerta que te deja propiamente en los vestidores, la primera imagen con que nos encontramos, es una que resultaría difícil de sospechar para algunos fanáticos pinoleros: Vicente Padilla jugando cartas con Francisco Cordero. Y no sólo eso. Se ve que están disfrutando. Sonríen a cada instante. Y son diestros manejando las cartas.
-Algunos fanáticos no podrían creer que jugás con Cordero, le comento a Vicente, sin que el veloz relevista dominicano, que le ha complicado algunos juegos, escuche.
“Es que hay gente que es loca”, señala Padilla, mientras nos saluda. “Cada quien quiere hacer bien su trabajo. Cordero es amigo mío y no va a querer perjudicarme. No sé si te acordás, pero yo también fui relevista y le eché a perder como cinco juegos a Omar Daal, que era mi amigo, y yo no lo quería hacer”, agrega.
-¿Y Daal nunca te dijo nada?
“Bromeando me decía ‘no me ayude compadre’”, asegura Padilla, para luego sonreír.
Este año, Vicente ha sonreído a menudo. Sigue siendo un hombre parco al expresar sus emociones y por momentos taciturno, pero su buen desempeño con los Rangers, la buena relación con sus coaches y la posibilidad de un gran contrato el próximo año, han elevado su motivación y hacen que la satisfacción se le vea en su cara.
“Gracias a Dios me ha ido bien este año. Y eso me alegra porque sé que le he dado un poco de alegría a los nicaragüenses”, dice Padilla, mientras se acomoda en el dougout para iniciar este diálogo con LA PRENSA.
Fiel a su política de no hablar con los medios, Padilla se ha mantenido a distancia todo el año. La única vez que lo escuchamos en una entrevista en esta temporada, fue durante un breve diálogo con el ex big leaguer Cándido Maldonado, de la cadena ESPN.
Ahora, el honor correspondió a LA PRENSA.
CLARO DEL ENTUSIASMO
¿Creés que tenés idea del entusiasmo que provocás en Nicaragua con tu trabajo?
No estoy allá, pero lo puedo imaginar. Yo también fui niño y sentía admiración por los jugadores del Chinandega como Pablo Juárez, por ejemplo. Viajaba en bicicleta desde la finca de mis familiares para ir a subirme al muro del Estadio de Chinandega y ver los juegos. Conozco la pasión que el beisbol provoca en todos.
Muchos chavalos quieren ser Padilla…
Yo sé. Chavalo yo también quería ser como los grandes jugadores que tenía Nicaragua. Es por eso que uno se esfuerza en hacer bien su trabajo, aunque no siempre te salga bien, pero por lo menos uno lo intenta, para que los jóvenes tengan ese ejemplo. Yo sé que esa es la mejor forma que tengo para animar a los jóvenes a jugar.
Más allá de la racha, éste ha sido un gran año. ¿Qué lo ha provocado?
Un buen entrenamiento en la primavera, mantener el brazo saludable y estar concentrado a la hora de lanzar. No he hecho, digamos, cambios profundos, pero he recurrido más a la curva que en el pasado y sobre todo he tenido localización. Siento más confianza en todos mis pitcheos y sé que los puedo usar en cualquier situación del juego.
La recta ha estado potente, ¿no?
La he mantenido entre 93 y 94 millas, es decir no está como antes que la tiraba a 95 ó 96, pero la sé colocar mejor, voy a la esquinas del home, la puedo poner arriba o abajo y con eso me defiendo. No es que esté tirando más duro, sino que la coloco mejor. Creo que eso ha sido lo que más me ha ayudado porque aquí no basta con tirar duro, hay que mover la bola.
OTRO AMBIENTE
-Te veo más relajado, más suelto de como lucías en Filadelfia.
Sí, así me siento. Encontrarme con el primer manager que tuve cuando subí a las Grandes Ligas (Buck Showalter) y con un coach de pitcheo como Mark Connor, a quien también tuve en Arizona, me ha dado mucha confianza. Puedo hablar con ellos, me escuchan y yo atiendo lo que me dicen. Eso me hace estar más tranquilo cuando estoy en el montículo.
Cuando te cambiaron a Texas, ¿te preguntaron si estabasde acuerdo?
No. A mí sólo me informaron que iba para Texas. Ya la casualidad que se dio el cambio y me encontré con estas personas ahí. Yo sabía que los Rangers estaban interesados en mí porque así lo dijeron desde el año pasado, pero como los Filis tenían la esperanza de que pudiéramos pelear más en nuestra división, no hicieron el cambio, pero ahora sí se dio.
¿Cómo es tu relación con el manager Showalter y el coach Connor?
Con el manager no tengo una relación muy cercana, pero no se mete con vos, te deja hacer tu trabajo y él hace el suyo. Con el coach sí estoy más próximo. Es un hombre que sabe trabajar, no te molesta, no te quiere cambiar tu forma de pitchear, sólo si estás haciendo algo mal, entonces viene y te ayuda, o uno le pregunta. Me llevo bien con él.
Los aficionados en Texas, ¿cómo te tratan?
Al principio estaban un poco reservados porque quizá no sabían qué podía hacer yo para ayudar al equipo, pero con el pasar de los juegos, han sido más amistosos y se alegran al verme lanzar. Yo eso lo entiendo. Uno es nuevo, no lo conocen, pero ahora sí me siento más confortable lanzando ante ellos. Vos sabés que cuando uno gana, todos lo quieren.
NO SE SIENTE EL «AS»
Tus cifras te colocan arriba en el staff, ¿te sentís el número uno entre los abridores?
No, creo que estoy por ahí, como el dos o quizá el uno, pero aquí el líder del staff se llama Kevin Millwood. Ha tenido buenas cifras y se merece el respeto, además es el que más plata gana. Pero creo que voy detrás de él. Ahí estamos peleándola siempre. Como he dicho siempre, cada quien es el número uno el día que le toca lanzar.
¿Cómo ves a los Rangers, tienen para avanzar largo?
Es un buen equipo, que está jugando unido, pero pienso que necesitamos un brazo más para ponerlo detrás de Millwood y yo. Adam Eaton está por regresar, pero creo que nos falta algo más. Los zurdos (John Reinecker y John Koronka) han hecho un buen trabajo, pero son jóvenes y han tenido que cargar con mucha responsabilidad.
Vicente, los bateadores centrales de los equipos te batean menos que los demás, ¿por qué eso?
No es que uno subestime a los demás, pero si los podés eliminar sin tener que ir a fondo, eso te permite administrar mejor tus recursos, sin embargo ante un David Ortiz o un Manny Ramírez uno tiene que estar más concentrado porque son bateadores que casi no cometen errores, pero claro, uno tiene que tirarle con cuidado a todos en este juego.
Has dominado a Yanquis, Boston, Chicago, Azulejos…, ¿algún equipo te intimida?
No, ninguno. Uno siente cierta presión la primera vez que los enfrenta porque como te dije antes, no los conocés, pero en la segunda ocasión, la cosa es diferente. Te pueden batear porque éstas son las Grandes Ligas, pero ya sabés cómo hay que lanzarle y qué lanzamientos los afectan. Aquí uno aprende todos los días cómo salir adelante.
Y a Padilla se le nota que ha aprendido algo cada día. Más allá de su silencio con los medios y su actitud a veces huraña, se trata de un jugador en pleno ascenso, que se ha percatado de lo mucho que puede aportar para nuestro país, al animar con su ejemplo, a los jóvenes de una generación que necesita referentes para dar sentido a sus vidas.