La principal tarea de Gobierno que se ha propuesto la recién nacida Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) es desarticular desde el propio parlamento el denominado pacto entre el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que con sus 79 diputados compartidos han logrado mantener vigente la repartición de cuotas de poder en el Estado.
El presidente nacional del Comité de Campaña de la ALN, Adolfo Argüello, mantiene que no hay otra forma de llevar a Nicaragua al progreso e implementar un programa de gobierno que dé buena cobija al nicaragüense.
“Nuestro lema es sembrar oportunidades y si vos querés sembrar una semilla en el campo, antes de sembrar, vos tenés que preparar la tierra, arrancar la maleza y aquí la maleza está en la Asamblea, que es la institución responsable de diseñar cómo debe funcionar nuestra sociedad, no es el Ejecutivo, es la Asamblea y nunca ha funcionado de esa manera”, dice Argüello.
No obstante, para reducir el poderío del FSLN y el PLC en el parlamento, la ALN tan sólo cuenta con tres y medio meses para convencer a la población de que la mejor terna de diputados está en la recién surgida coalición.
“Eso significa un enorme esfuerzo”, advierte el analista Carlos Tünnermann antes de poner el dedo en la llaga: “Hasta ahora los candidatos a diputados no han tenido mucha beligerancia, fijate que no andan en campaña, algunos acompañan al candidato presidencial, pero todo gira en torno al candidato presidencial”.
En la actualidad la ALN cuenta con diez legisladores.
El número mágico para que la ALN logre su objetivo es de 56 diputados, que es lo que exige la ley para efectuar reformas constitucionales.
El FSLN y el PLC, en las pasadas elecciones nacionales del 2001, lograron más de 1.9 millones de votos de manera conjunta.
¿Podrá la ALN en tres meses y medio captar el voto de la mayoría de ciudadanos y alcanzar los 56 diputados tras el conteo de la elección del 5 de noviembre?
“No somos nosotros los que tenemos que lograr los 56 diputados, es la población la que debe entender los problemas, para que juntos lo podamos lograr”, responde Argüello.
la hora de decidir
Según Argüello, es el votante el que debe decidir si continúa con un estilo de gobierno impuesto desde la época de las dinastía somocista, que se extendió al período sandinista, descansó durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro y resurgió en el período presidencial de Arnoldo Alemán.
“La Asamblea se convirtió en la Asamblea de los pactistas, porque dos personas (Daniel Ortega y Arnoldo Alemán) ordenaban qué hacer a la Asamblea, la pregunta es: ¿Cuándo vamos a tener la Asamblea del pueblo? Mientras no la tengamos, no va a haber solución para el pueblo”, dice Argüello.
A criterio de Tünnermann, la estrategia de cualquier fuerza está en demostrarle a la población cuál es la mejor de las listas de diputados y hasta invocar el recurso del voto cruzado, nunca utilizado en Nicaragua.
La ALN sostiene que en los departamentos sus candidatos abrirán casas de campaña para acercarse al votante, además recorrerán sus respectivas zonas y se reunirán con los diversos gremios y asociaciones.
QUE LOS LEGISLADORES SE HAGAN SENTIR
“Al menos deberían de decir qué piensan hacer cuando lleguen a diputados, pues es el colmo que piden el voto y no digan ni siquiera con qué se comprometen”, indica Tünnermann.
El analista coincidió en que es necesario interesarse por los diputados que serán electos en los próximos comicios.
“Se tendrá que hacer una campaña muy especial en esta ocasión, respecto a la importancia que tiene la elección de los diputados”, explica Tünnermann.
“Si se hace una buena campaña y se logra conciencia de que allí está la posibilidad real de construir un futuro distinto, creo que el pueblo se va a apuntar al futuro y no al pasado”, concluye Tünnermann.