Caprichos. Francisco de Goya.

Goya: el feísmo

Francisco de Goya es quizá el artista que más ha abordado el tema de la violencia, los desastres de la guerra como tema permanente en su estética de creador de lo feo Francisco de Goya nace en 1746 en un pequeño pueblo aragonés, Fuendetodos, y muere en Burdeos el 16 de abril de 1828. Goya […]

  • Francisco de Goya es quizá el artista que más ha abordado el tema de la violencia, los desastres de la guerra como tema permanente en su estética de creador de lo feo

Francisco de Goya nace en 1746 en un pequeño pueblo aragonés, Fuendetodos, y muere en Burdeos el 16 de abril de 1828. Goya vive en un período histórico en el que se han producido cambios fundamentales en la vida europea, tanto de carácter político como cultural, social y económico.

La visión que tiene el artista de la guerra es cómo se mata y aniquila a los patriotas por procedimientos bestiales —la horca, el fusilamiento, la mutilación, una muestra de cómo los empalan y mutilan.

La colección de la obra de Francisco de Goya suele dividirse en tres partes: las dos primeras constituyen los Desastres de la Guerra propiamente dichos; la tercera, denominada Caprichos Enfáticos, se prolonga como una reflexión política sobre las consecuencias de los acontecimientos. La primera representa escenas de violencia en el campo de batalla o en sus aledaños. La segunda gira en torno a un tema central: el hambre que se extendió en Madrid durante 1811 y 1812 y sus consecuencias terribles entre la población civil. La tercera y última, de más difícil interpretación por el carácter enigmático de algunas estampas, es una reflexión crítica sobre el poder reaccionario de la Iglesia y del monarca absoluto. Cierran la colección cuatro estampas de muy dudosa interpretación: Murió la Verdad, Sí Resucitará, Fiero Monstruo y Esto es lo Verdadero. Si en la primera parece que nos encontramos ante una reflexión crítica sobre la situación venida tras la guerra, en la segunda hay esperanza pero ya no es tan clara la tercera, que admite múltiples interpretaciones —¿Quién es ese monstruo que vomita una multitud de cadáveres? Y la última resulta quizá en exceso elemental para contrapesar la negatividad de toda la serie. La violencia y la crueldad no habían sido ignoradas por los pintores de la época, pero en todos los casos habían sido “legitimadas” de alguna manera, ya fuera recurriendo al héroe o a los ideales políticos e ideológicos que se afirmaban con la nueva época histórica. Los artistas revolucionarios, primero, y los napoleónicos, después, son los ejemplos más importantes a este respecto y David, la figura principal entre todos.

En sus Desastres elimina Goya tanto a los héroes como los ideales. No hay ningún equivalente del Marat davidiano. Si hasta ahora la negatividad había sido sublimada en aras de la felicidad, de la justicia y la libertad, en atención al emperador, a la difusión del nuevo orden político y social, a la nación, etc., ahora abandona Goya cualquier tipo de sublimación para ofrecernos la negatividad sin contrapartida alguna.

Las escenas no narran secuencialmente una historia sino que se componen como variaciones sobre temas: las distintas formas de la muerte, de la tortura o del hambre. El sentido heroico que en otros artistas posee la muerte, se pierde aquí a la vez que el distanciamiento: los fusiles casi tocan al que va a ser fusilado, los verdugos acompañan al ahorcado, la mutilación o el empalamiento son acontecimientos próximos que han perdido cualquier grandeza. Al igual que carecen de ella los cadáveres destripados o los que, víctimas de las enfermedades y el hambre, son trasladados en carretones al cementerio No hay consuelo sentimental, como no lo hay ideológico, tampoco estético: la muerte, la guerra, el hambre no son un espectáculo. Goya está lejos de lo sublimemente terrorífico que han teorizado algunos autores ingleses —E. Burke es el más conocido entre todos— que han pintado artistas como Füssli y que pondrá en práctica la llamada “novela gótica”.

Dibujos

Durante todos estos años fueron muchos los dibujos que realizó Goya. Citaremos primero los que, con temas de prisioneros encadenados, hizo a la aguada, con sanguina y pluma en algún caso, preparatorios de tres aguafuertes de fecha indeterminada entre 1810 y 1820. Este motivo de los prisioneros aparecerá también en algunos dibujos de los álbumes realizados durante estos años.

Pinturas del 2 y el 3 de mayo

También cabe pensar en las pinturas que hizo con motivo de los acontecimientos del 2 y 3 de mayo de 1808 en Madrid. Aquí el referente luminoso sería el heroísmo de los patriotas.

En el 2 de mayo de 1808, conocido también como La Carga de los Mamelucos (1814, Madrid, Prado) nos ofrece una imagen de los acontecimientos sucedidos en la Puerta del Sol, destacando el enfrentamiento de los madrileños con la caballería francesa, su fiereza así como la desigualdad de armamento. Goya sitúa la escena sobre un fondo de casas sesgadas que tiene la virtud de centrar todo el interés en el primer término, un fondo que actúa a la manera de un embudo, que intensifica el dramatismo de los sucesos y nos sitúa como espectadores privilegiados, casi como parte de ellos.

Tomado de arte.com

La Prensa Literaria

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