La actriz june allyson, una de las divas del cine en los años cuarenta.

June Allyson una leyenda

June Allyson (fallecida el 10 de julio recién pasado, a los 89 años) pertenece a la camada de actrices jóvenes de la Metro-Goldwyn-Mayer que surgieron en la década de 1940. Con tres compañeras de generación, Elizabeth Taylor, Janet Leigh y Margaret O’Brien, encabezó el reparto de la segunda cine-versión de Mujercitas (según novela de Louisa […]

June Allyson (fallecida el 10 de julio recién pasado, a los 89 años) pertenece a la camada de actrices jóvenes de la Metro-Goldwyn-Mayer que surgieron en la década de 1940. Con tres compañeras de generación, Elizabeth Taylor, Janet Leigh y Margaret O’Brien, encabezó el reparto de la segunda cine-versión de Mujercitas (según novela de Louisa May Alcott). June era mayor que las demás pero mantuvo por muchos años su aspecto de adolescente.

Criada en el Bronx, Nueva York por su madre y su abuela (el padre, alcohólico abandonó el hogar), June Allyson saltó de las tablas de Broadway a Hollywood en la versión cinematográfica del musical, Best Foot Forward (1943). Bajita, ronquita y delgadita, con sonrisa radiante y ojitos vivarachos que desaparecían cuando reía (según sus propias palabras), se distinguió en poco tiempo como “la vecinita de enfrente”, la muchacha que toda madre norteamericana quería para su hijo.

En 1947 co-protagonizó con Peter Lawford el musical Good News (Viva el Amor), en glorioso Technicolor, el cual, por su ambiente universitario, marcó un rompimiento con los musicales de corte adolescente popularizados por Mickey Rooney y Judy Garland. Fue pareja varias veces de Van Jonson, rubio y pecoso como ella: ambos proyectaban la imagen de la juventud estadounidense con “mente sana en cuerpo sano” que los estudios promovieron durante los años de gran desarrollo económico posteriores a la II Guerra Mundial.

En la década de 1950, June cambió su imagen juvenil por la de “perfecta casada”, la gran mujer que según el dicho popular (hoy desfasado), habita detrás de todo gran hombre. Fue esposa de James Stewart en Retorna el Campeón (1949), Música y Lágrimas (1954) y Acorazados del Aire (1955). Con sus 5 pies y una pulgada de estatura, a duras penas le llegaba al hombro al altísimo actor, pero entre ambos había “química” y formaron una pareja muy popular.

Música y Lágrimas (biografía del trombonista y director de orquesta, Glenn Miller) contiene uno de esos cruces de miradas elocuentes en los que Hollywood se especializaba: en una larga secuencia, Miller (Stewart) trata de encontrar “el sonido”, forzando a los músicos de su banda hasta la extenuación. En la siguiente secuencia, vemos a Miller tocando Serenata a la Luz de la Luna en un salón de baile. Un plano de June sonriéndole, seguido por otro Stewart devolviéndole la sonrisa, informan al espectador que el músico ha encontrado “el sonido” que buscaba.

En ocasiones, la inocencia de la actriz podía enriquecer una secuencia con una carga erótica insólita. En El sexo Opuesto (1956), remake de Mujeres (1939), sobre pieza teatral de Clare Boothe Luce, June interpreta a una dama recluida en un rancho de Nevada para cumplir el requisito de separación de cuerpos necesario para divorciarse. En los alrededores, merodean robustos cowboys deseosos de entretener a las damas refugiadas en el rancho. Por razones no muy claras, la virtuosa June acepta dar un paseo en bote con un cowboy que no sabe nadar. En medio del lago, el cowboy comienza a besarla. June no opone resistencia y lanza los remos al agua, como si quisiese quedar varada disfrutando de las atenciones del vaquero. Sorpresivamente lo empuja, se tira al agua y nada hasta la orilla, dejando al fortachón perplejo en medio del lago. El erotismo del momento en que lanza los remos surge de esa mezcla de inocencia y (aparente) audacia que sólo una actriz con sus características podía reflejar.

Su matrimonio de 17 años (1946 -63) con el actor y director Dick Powell, estaba lejos de la imagen idílica promovida por los medios. A comienzos de la década de 1950, June vivió un breve romance en Nueva York con Dean Martin, que acaparó la atención de la prensa amarillista. En 1955, durante la filmación de The MacConnell Story, tuvo una relación amorosa con su co-protagonista, Alan Ladd, no mucho más alto que ella. Powell y Sue Carol (esposa y manager de Ladd) tomaron cartas en el asunto impidiendo que los amantes furtivos se fugaran.

Pero su gran reto como actriz, apartándose de su imagen dulzona, fue su rol protagónico en Tortura (The Shrike, literalmente, “el alcaudón”), como la esposa cruel que convierte a su marido (interpretado por José Ferrer) en una piltrafa humana. Aunque estos cambios drásticos de imagen suelen ganar premios de la Academia, Allyson ni siquiera fue nominada para el Oscar. Como era de suponer, el público no aceptó a “la nueva June Allyson”.

Después de Un Extraño en mis Brazos (1959), con Jeff Chandler, se retiró del cine (al que regresó en un par de ocasiones), repartiendo su tiempo entre la televisión, el teatro, los night-clubs y anuncios de pañales para personas mayores. Su hija adoptiva, Pamela Allyson Powell, es hija de su marido con Joan Blondell. Su hijo, Richard Powell, es una réplica perfecta de su padre al que interpretó en la película Como Plaga de Langostas (1975). En 1998 cerró la entrevista que le hizo Richard Osborne, con un consejo muy adecuado a su personalidad: “La vida nos da golpes a todos. Lo importante es aprender a manejarlos”.

La Prensa Literaria

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