Malinche en la cima

La nueva novela de Laura Esquivel, Malinche, va en camino de repetir y quizá superar el éxito de Como Agua para Chocolate (1989), ópera prima de esta autora en el mundo de la narrativa. “Veo los signos”, señala entusiasmada. En algunos puntos de venta, Malinche se ha agotado y “como protección”, la editorial Suma de […]

La nueva novela de Laura Esquivel, Malinche, va en camino de repetir y quizá superar el éxito de Como Agua para Chocolate (1989), ópera prima de esta autora en el mundo de la narrativa. “Veo los signos”, señala entusiasmada.

En algunos puntos de venta, Malinche se ha agotado y “como protección”, la editorial Suma de Letras imprime una segunda edición (la primera consta de 10 mil ejemplares), mientras la escritora analiza un par de propuestas para llevar a la pantalla grande esta especie de biografía no autorizada de una de las mujeres más controvertidas de la historia mexicana.

No obstante, la novela aborda algo más que la simple descripción de los días y las noches que le tocó vivir a Malinalli (llamada Marina por los españoles) desde el día de su nacimiento hasta su muerte, así como el papel que desempeñó como intérprete y amante de Hernán Cortés.

Nudo atorado

Malinche sirve a Laura Esquivel para construir una ventana en la que el lector se asoma a la forma de ver el mundo de los pueblos indígenas, “a un pasado que debemos reintegrar en nuestras vidas, porque los mexicanos preferimos regodearnos en la idea de que somos producto de un abuso, y este concepto de que somos abusables, conquistables o de que no hay salida, nos hace caer una y otra vez en manos de gente que no nos gobierna como merecemos, que no nos procura un bienestar. La prueba es que no han sido capaces de respetar los Acuerdos de San Andrés”, afirma la narradora en entrevista con La Jornada.

En su nueva novela, añade, intenta “comprender mucho mejor el proceso de la conquista y por qué no hemos podido superarlo. Y es que, como nación, tenemos un nudo atorado que tiene que ver con la integración de esa visión del mundo que acepta un orden cósmico. Una parte de la profunda espiritualidad de los pueblos indígenas se basa en ello, en presencias y deidades, donde el agua, el fuego y el aire hablan, nos dicen cosas.

“Esa creencia absoluta de formar parte del todo, de estar en la intemporalidad, se contrapone a la visión de la temporalidad que llegó con los españoles. Es la idea del imperio, donde éste no forma parte de nada ni de nadie sino que todo le pertenece. La tierra deja de ser la madre para convertirse en algo apropiable, expropiable, al igual que el espacio aéreo, las telecomunicaciones, el agua, el petróleo. Todo es parte del imperio, eso lo estamos viviendo.

“Esta situación crea una serie de conflictos espantosos y de actos suicidas porque todos los atentados en contra del medio ambiente son contra nosotros mismos”.

“Cuando escribía Malinche me preguntaba, ¿por qué el afán de culpar a una sola mujer de un proceso que fue tan complejo? Si bien, ella tenía el control de la información, no hubiera hecho nada si Moctezuma no hubiera entregado, de entrada, el reino, o si los tlaxcaltecas y todos los demás no se hubieran unido contra Tenochtitlán.

“’La Malinche no fue una traidora ni existía el concepto de nación, es un absurdo. Pero, ¿qué nos lleva a querer culparla? ¿Qué no nos perdonamos para culparla a ella? Creo que todavía no nos perdonamos el olvido y la falta de respeto en la que tenemos a nuestros indígenas”.

A la escritora le llevó dos años terminar Malinche. En la investigación le ayudaron muchos amigos, entre ellos, su esposo Javier Valdés, el cineasta Juan Pablo Villaseñor, Jordi Castells, Salvador Garcini, Antonio Velasco Piña, Cristina Barros y Marco Buenrostro.

Se trata de un tema que entusiasma, “y muy actual”, considera Esquivel, “más que la reivindicación de un personaje es la revaloración de todo lo que somos los mexicanos”.

“La novela está moviendo muchas cosas porque ahorita es su momento histórico. Ha sido una afortunada coincidencia que se haya publicado en Estados Unidos al mismo tiempo que se están dando las movilizaciones de los migrantes. Nadie lo planeó”.

Tomado de La Jornada, de méxico.

La Prensa Literaria

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