- La estética de lo feo es planteada por Aparicio Arthola en una muestra diferente, polémica y atractiva en 25 esculturas que se exhiben en el Museo Julio Cortázar
Horribles personajes de rostros deformes y cuerpos cadavéricos se han tomado las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo de Managua, Julio Cortázar. Las 25 esculturas del artista Aparicio Arthola que forman parte de una exposición personal, será inaugurada hoy a las 10:00 a.m.
Lo grotesco, lo repulsivo, lo crudo de las esculturas de Arthola son simplemente metáforas de la realidad nicaragüense. Tras el repudio de su creador por la estética, la feas esculturas de este artista acampan en nuestra realidad, mismas que muestran la tortuosidad, la pasión, el dolor y la fealdad del sistema.
Aunque la obra de Arthola es aún incomprendida por coleccionistas que no gustan de su trabajo, él ofrece al espectador una obra sensible, una delicia para los sentidos, con el privilegio de poder contemplar en su arte, una realidad oculta.
Contemplar las esculturas de Arthola es ver un mundo en ruinas, lo feo de nuestra sociedad. Pero sus obras son más atrayente por lo que supone una ruptura con lo bello, con lo tradicional.
El genio de este artista no se doblega a pesar de las adversidades. Hacer esculturas es muy costoso por los materiales que se utilizan y una vez esculpidas, no encuentra compradores, por lo que se ha sumergido en la pobreza, al igual que grandes artistas que han tratado el tema.
Homenaje a su escultura
La exposición de esta colección es un homenaje a este artista que sigue produciendo su arte, aunque no lo venda. Los coleccionista tienen los cánones de la cultura oficial, donde lo bello se impone, señala Luis Morales, director del Museo de Arte Contemporáneo de Managua, Julio Cortázar.
Las obras de Aparicio Arthola son incomprendidas porque se desvinculan de lo tradicional, de lo bello. En sí, son una hermosa metáfora que reúne sus miedos, fantasmas, su realidad y su entorno.
Este artista ha desarrollado un estilo propio, solanesco, tenebrista, oscurantista, expresionista, donde a base de materiales encontrados en la calle, da paso a personajes inquietantes, de rostros amalgamados en la más cruda y dura realidad.
No por gusto entre las esculturas se encuentra La Desgracia, una mujer flaca, con el pie enyesado y con una úlcera sangrosa en su estómago. Ella refleja a los miles de nicaragüenses que tienen que ir a un centro hospitalario en busca de atención y que aunque vayan muy enfermos se encuentran con médicos en huelga o con una pésima atención. Esa es la desgracia del pobre, tener que morir sin ser atendido.
Arthola es uno de los artistas que desde sus inicios se ha mantenido dentro de los cauces de un realismo agresivo, caracterizado por un rechazo de las formas agradables, un repudio a las imágenes asociadas con el buen gusto y una referencia por las figuras distorsionadas y los colores discordantes, señala María Dolores Torres, historiadora de arte.
Arte de testimonio
Las esculturas de Arthola muestran su inconformidad con el sistema, lo que le ha tocado vivir y donde las formas simbólicas de sus feas esculturas no están exentas de ironía. Son un vivo manifiesto de sus preocupaciones más íntimas y ha dirigido las críticas hacia el mundo que le rodea.
El arte de Arthola es un arte de crisis y de testimonio, al igual que el expresionismo y neoexpresionismo. Si los expresionistas presentaron en sus obras toda la crisis social e ideológica de las dos guerras mundiales. Arthola también hace alusión a la decadencia moral de su país utilizando imágenes impactantes y agresivas procedentes de las calles de Managua, precisa Torres.
Así es la obra de Aparicio Arthola, esculturas y pintura expresionista y simbolista, genial pero horrible a la vez, reflejo de una la realidad. Porque horrible es también ver a las personas que no son atendidas en los hospitales, ver a los ancianos y a los niños pidiendo o mendigando en las calles y plazas del país.
Admiradas o repudiadas pero no inadvertidas
Sin duda alguna, Aparicio es uno de los artistas nicaragüenses cuya obra no es comprendida; por eso no vende y tiene que vivir en la pobreza, aunque nunca deja de crear.
Sin embargo, sus obras nunca pasan inadvertidas; siempre producen un sentimiento a quien las observa. La obra de Aparicio Arthola simboliza, de forma elocuente, la tragedia de una humanidad herida. Niega lo bello y sublime porque la realidad es grotesca y desagradable y sus figuras desmitificadoras y antiheróicas inspiran atracción o repulsión; reconocimiento o extrañeza pero nunca indiferencia … reafirman su rechazo a la desconcertante realidad de su país.
La exposición Arthola, 25 esculturas y una pintura estará abierta en horario de atención de martes a sábado de 10:00 a.m. a 6:30 p.m. y los domingos de 1: 00 p.m. a 5:00 p.m. hasta el 2 de septiembre.