Caras de una historia

La novela 8 Caras de una Moneda, de Esthela Calderón, está escrita en lenguaje sencillo y coloquial, lo que facilita la lectura para todo público. Está ambientada en los años de la insurrección de 1979 en León A Esthela Calderón (León, 1970) la he conocido como poeta que canta a la soledad con cierta mordedura […]

  • La novela 8 Caras de una Moneda, de Esthela Calderón, está escrita en lenguaje sencillo y coloquial, lo que facilita la lectura para todo público. Está ambientada en los años de la insurrección de 1979 en León

A Esthela Calderón (León, 1970) la he conocido como poeta que canta a la soledad con cierta mordedura de silencio y ausencias, con conciencia social extendida a la denuncia que muchas veces se arma de sátira; lírica y directa, sin ambages en la búsqueda de su verdad y lenguaje.

Después de dos poemarios, irrumpe en la narrativa con su novela 8 Caras de una Moneda, publicada por la Editorial Universitaria UNAN-León en este año 2006. Se estructura en treinta y dos capítulos con un total de doscientas páginas, más dos pasajes de entrada y salida que ubican a la familia protagonista varios años después del tiempo en que sucede la historia.

La narrativa nicaragüense, en particular la novela escrita por mujeres, crece. A los nombres de Rosario Aguilar (León, 1938) y Gioconda Belli (Managua, 1948), se incorporan Gloria Elena Espinoza de Tercero (Jinotepe), Aurora Sánchez Nadal (nica-argentina, 1943), María Gallo (León) y Karla Sánchez (León, 1958). Como podemos percatarnos, de las seis novelistas mencionadas —cuyas obras he leído— tres nacieron en León, sin tomar en cuenta que Espinoza es también leonesa por adopción y fundación de familia. Ahora, con la obra que nos ocupa, se incorpora la también leonesa Esthela Calderón.

8 Caras de una Moneda está escrita en lenguaje sencillo y coloquial, lo que facilita la lectura para todo público. Los acontecimientos se suceden sin atender orden cronológico rígido, más bien responde a circunstancias que van definiendo el curso de la trama y el destino de sus protagonistas principales. Los diálogos tienen preponderancia en el cuerpo narrativo de la obra, en general escritos de manera concisa. Polifónica. Quien narra es el personaje Esther, que en el preámbulo y epílogo lo hace en primera persona y, en el cuerpo de la historia, en tercera.

Su trama está dada por la vivencia de una familia compuesta por un matrimonio y sus ocho vástagos —en paridad de géneros— más el personal de servicio y una niña asumida como propia; aunque en la historia, su presencia es marginal. Se desarrollan tres conflictos fundamentales que a continuación expongo:

Primero, el interior del ser humano. Proyectos de vida preconcebidos versus el proceso de integración beligerante en la lucha por la liberación nacional. Vida y muerte vinculadas al imperativo de libertad y justicia. Gregorio, tras encarar autocuestionamientos de conciencia respecto a la realidad social y política que vive, abandona el seminario donde estudiaba para hacerse sacerdote, incorporándose a la lucha revolucionaria hasta convertirse en líder guerrillero. Por su parte, Víctor, hermano menor de Gregorio, tras sufrir encarcelamiento y salvajes torturas hasta dejarlo sin sueño, lo envían a España donde permanece por algún tiempo y retorna a los suyos inmediatamente después de la victoria, siempre comprometido moralmente con la revolución.

Segundo, choque de mentalidades de padre e hijos. El primero encarna lo más conservador, tradicional y patriarcal de la sociedad, tiene nexos con representantes o agentes locales del régimen; y los segundos representan las ideas revolucionarias del momento. Sus posturas y perspectivas son distintas respecto a la realidad que viven. Símbolos y signos se contradicen entre ellos.

Y tercero, el proceso de emancipación de doña Chilo, la madre, respecto al esquema de dominio o poder machista al interior de la familia. La conciencia social y política adquirida en sus hijos revolucionarios, la impregna de manera dramática. Sin dudarlo ni importarle el peligro, se dispone a la vigía por la vida de sus hijos que se baten contra la dictadura y sus guardianes. La madre asume la bandera de ellos y se fortalece para enfrentar a su propio dictador. Sufre, indaga sus paraderos, reza y los encomienda a Dios, se enfrenta a los gendarmes, recorre calles bajo tiroteo, gestiona por sacar a Víctor al exterior y una vez logrado el triunfo, no espera la llegada de Gregorio, su hijo mayor y emprende el viaje hacia el Caribe norte en busca de quien ya era Comandante guerrillero.

La historia tiene como escenario principal la ciudad de León en Nicaragua, durante los años 1970, una década caracterizada por el terremoto de 1972 en Managua, los intereses antinacionales y la corrupción, el latifundio, la explotación y represión, el comercio y la violación a mujeres, asesinatos, aislamiento y abandono de la Costa Caribe, levantamientos e insurrecciones populares que desembocaron en el 19 de julio de 1979. En los últimos cuatro años de esta década, los crímenes contra la juventud y los derechos humanos se perpetraron a gran escala.

8 Caras de una Moneda, de Esthela Calderón, no es exactamente una novela histórica ni testimonial, en tanto la autora, con base a elementos de la realidad vivida en aquel tiempo, se dio a la tarea de recrear una historia común a muchas familias y jóvenes de la época, que como dice el dramaturgo británico y Premio Nobel de Literatura 2005, Harold Pinter, “no hay grandes diferencias entre realidad y ficción”, puesto que “una cosa no es necesariamente cierta o falsa”. En todo caso, Milán Kundera apunta, en La Insoportable Levedad del Ser, que “la novela no es una confesión del autor sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo” (p. 227, edición 1995, Tusquets editores).

Esthela, entonces, ha acudido a lo que Mario Vargas Llosa llama “fuero recóndito”, refiriéndose a eso que estimula y exige escribir. De ahí que Esther —personaje que narra, la menor de todos los hermanos— en un domingo de reinauguración de la finca familiar, cuando todos están reunidos y se propicia la remembranza o reconstrucción de la historia que les es común, desea encontrar “ese otro yo que recoja todos los hechos…” personales, familiares y generales que le correspondió vivir desde muy pequeña. Porque la moneda es “mamita”, la leona de doña Chilo, de donde han salido las ocho caras, sus vástagos, en realidad los otros yo en la poeta, esa que habla de tejas nuevas que se bebieron hasta el filoso sol… leonés.

La Prensa Literaria

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