- Un estudio del fenómeno afirma que la espectacularidad mediática de las redadas encubre la falta de efectividad de la represión, el método preferido
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SAN SALVADOR/AFP
Una investigación universitaria cuestionó este jueves las políticas represivas de “mano dura” contra las pandillas juveniles en Guatemala, El Salvador, Honduras, que no conducen a la rehabilitación ni a detener el problema.
El estudio titulado Maras y pandillas en Centroamérica deja claro que los gobiernos “en medio de la desesperación generada por la inseguridad, parecen estar dispuestos a respaldar medidas autoritarias y políticas de mano dura, que muchas veces sólo contribuyen a profundizar las condiciones de marginación de los jóvenes en riesgo”.
La investigación, que indaga en “la respuesta de la sociedad civil organizada” ante el fenómeno, fue elaborada por diferentes organizaciones no gubernamentales y universidades bajo la coordinación del director del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (UCA), José Miguel Cruz.
La cifra de pandilleros que operan en los cuatro países centroamericanos podría sobrepasar los 70,000, dijo Cruz a la AFP. La mayoría de los pandilleros se encuentran localizados en Guatemala, El Salvador y Honduras.
El estudio consigna el fracaso de las publicitadas operaciones antipandillas, denominadas Plan Escoba (Guatemala), Mano Dura y Súper Mano Dura (El Salvador) y Cero Tolerancia y Libertad Azul (Honduras).
El excesivo énfasis mediático que han ganado “los programas grandilocuentes” de mano dura y de cero tolerancia, aunado a un reflejo cultural de carácter autoritario que todavía prevalece en importantes segmentos de las poblaciones centroamericanas, generó que otro tipo de iniciativas tengan “una divulgación modesta”, se quejó Cruz.
El esfuerzo de la sociedad civil por impulsar programas de rehabilitación de pandilleros, según la publicación, “no es siempre fácil y no está exento de obstáculos, sobre todo en sociedades que, en medio de la desesperación generada por la inseguridad, parecen estar dispuestas a respaldar medidas autoritarias y políticas de mano dura”.
“Si algo tienen en común todos los esfuerzos que se han analizado en estas páginas es que todos estos trabajos de prevención y rehabilitación de jóvenes están encaminados a hacer valer y devolver los derechos fundamentales que, como personas y ciudadanos, tienen las y los jóvenes centroamericanos”, subraya el documento.
Durante la presentación del libro, Cruz destacó que a nivel regional lo que “caracteriza” el trabajo de las ONG es que “tratan de entender las raíces del problema”, tras indicar que el fenómeno de las pandillas juveniles “tiene que ver con muchos factores”.
El editor del libro también destacó que el aporte de la sociedad civil es “muy significativo” por cuanto contrasta con los esfuerzos gubernamentales que han estado dedicados a enfrentar el problema de la seguridad “por la vía de declararle la guerra a los jóvenes, ignorando los mecanismos y los años de marginación en la cual ha vivido la mayoría de los ciudadanos centroamericanos”.
El libro Maras y Pandillas en Centroamérica fue patrocinado por la Organización Católica para Ayuda de Emergencia y Desarrollo (CORDAID) de Holanda y será presentado también en Guatemala, Honduras y Nicaragua.
“El problema de las pandillas está cobrando nuevas dimensiones, extorsionan y amenazan en convertirse en crimen organizado, y ante fracasadas respuestas represivas se requiere de atinadas medidas preventivas y de rehabilitación”, advirtió Cruz.
Algunos líderes de las maras, afirma el periodista mexicano Víctor Ronquillo, “provienen de grupos armados de (la guerra civil de) El Salvador de los años ochenta, por eso manejan muy bien las armas y pueden derivar en una organización” delictiva formal.
“Los mareros van tomando características de organización mayores, toman conciencia de su poder y se relacionan con otro tipo” de grupos delictivos, comentó el analista Rafael Fernández de Castro.