La carreta náhuatl. Óleo sobre tela. Leoncio Sáenz.

El retorno de Leoncio Sáenz

Destacado artista de la plástica nicaragüense, es sin duda el pintor que más ha retomado el pasado indígena, las escenas de la vida sacra, la escultura, en extraordinarias composiciones plásticas y llamativos colores. Un mundo de creatividad e ingenio se manifiesta a lo largo de todo su quehacer de artista del pincel Matagalpa, es el […]

  • Destacado artista de la plástica nicaragüense, es sin duda el pintor que más ha retomado el pasado indígena, las escenas de la vida sacra, la escultura, en extraordinarias composiciones plásticas y llamativos colores. Un mundo de creatividad e ingenio se manifiesta a lo largo de todo su quehacer de artista del pincel

Matagalpa, es el título de su última obra artística, aún sin firma. No las necesita. Su estilo es inconfundible. Esta obra de arte sobre lienzo, nos recuerda su iniciación en el dibujo hace sesenta años en una escuela rural de Palsila y en colegio San Luis, Matagalpa. Muchos dirán que es un simple dibujo inconcluso, dibujo delineado y tramado por un niño, un pequeño formato que cuenta una historia mítica, una leyenda de su lugar pero se han confundido.

Con esta obra cumbre —paradójicamente un dibujo a lápiz, en blanco y negro, sobre lienzo— el maestro del arte indoamericano, Leoncio Sáenz (Leoncio Gumersindo Sáenz Sáenz-1935) ha cerrado su magistral producción artística. Esta obra —creación al margen de intereses comerciales— es símbolo genuino del retorno a su tierra que lo vio nacer: Palsila, Matagalpa, tierra de campesinos mestizos, alta zona de impenetrables selvas tropicales.

Precisamente en este lugar nace su afición al dibujo. Con apoyo de sus maestras de primaria empieza a delinear su entorno de paisajes, caseríos del valle, mariposas, pájaros y rostros. Este talento naif es reconocido por el director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Don Rodrigo Peñalba, quien lo beca.

Hoy La Perla del Septentrión, lo ha vuelto a abrigar. Al frente de su nuevo hogar, casa de su hermana Victorina, se divisan las brumas del majestuoso cerro Apante. Las leyendas de Matagalpa, los caseríos de los cerros, y la virgen del Rosario, se han convertido en iconos de su tema sagrado: Matagalpa. En este mito explica que la maldad, delineada en serpiente, está rompiendo las cadenas de la virgen y que de romperse la última cadena, la ciudad será destruida por la ola de maldad.

Sus penúltimas obras, tratadas con color, por igual en formatos pequeños, aluden a su creación de arte sacro, de la cual siempre ha sido un fiel devoto. El Arcángel Gabriel es otro de sus títulos en tono de azul-prusia, con rayas negras, aparece venciendo con su espada al Ángel de Luz (el mal) que es dibujado con un dragón. Otras de sus últimas obras han sido un nacimiento y una Santa Cena.

De este maestro del dibujo, el poeta Pablo Antonio Cuadra dice en su libro de crítica: “Sin duda (Leoncio es) el más original dibujante nicaragüense y uno de nuestros pocos muralistas. Sus murales son también dibujos, grandes dibujos de una serenidad geométrica cuyas raíces habrá que buscarlas en ciertas culturas de Mesoamérica. Esta estela de pensar prehispánico parece que ha llevado al poeta Julio Valle Castillo a buscar parentesco más actual de su arte en la “tribu moderna” del guatemalteco, Carlos Mérida, los mexicanos Rufino Tamayo y Francisco Toledo y el peruano Fernando de Szyszlo.

También habría que sumar el sentir de Sáenz (defendida muchas veces), sobre su “nicaraguanidad indigenista”, el relato gráfico coyuntural y sincretismo religioso: iconografía de arte cristiano; de mito y folclor; de figuras gatunas, revolución u otras formas abstractas-figurativas; tratadas en esculturas de piedra o cemento, líneas precisas, spray, esgrafiados sobre arenilla o pintados en tonos planos, sienas, naranjas, blancos, rojos, verdes y azules; en lienzos, cartones y papel.

El dibujo indígena

Los dos murales movibles de 1973 y 1974, en plywood, arenilla, óleo: El Tiangue y Mercado, son dos de sus mejores ilustraciones de arte nahuatlista monumental. Uno se refiere al mercado indígena, el otro al “españolizado” o mestizo. Otro monumento meritorio es el dedicado a los Mártires de Batahola, ubicado en la entrada del Centro de Convenciones Olof Palme. Así como su último mural de arte funerario, policromado: Muerte y Resurrección, pintado hace dos años en la cripta de la familia Garzón, en el Cementerio Occidental.

Otras obras fueron destruidas en el terremoto de 1972. Así desapareció un mural pintado en las paredes externas del primer supermercado Mántica, alusivo al mercado. Por igual, el mural pintado en el hotel Balmoral con el motivo de la modernización industrial. Restos del mural El Jaguar y la Serpiente se encuentran en la planta baja del Centro Cultural Managua. Y en la memoria de algunos pintores pervive el mural en papel crac, sobre las fiestas agostinas que un día decoraron los salones del Club Social, frente al cine González.

Quedó pendiente en los años del ex director de cultura Clemente Guido, la realización de un mural en el Palacio Nacional de Cultura sobre el tema La Historia Indígena de Nicaragua, y otro en las paredes de la Alcaldía de Managua, en los años de Herty Lewites. Otro de los sueños suspensos de Sáenz es la realización de La Retrospectiva Leoncio Sáenz.

Asimismo, constatamos in situ que su rica biblioteca personal, donde se encuentran títulos sobre cultura clásica, arte, historia y política, lamentablemente se encuentra apolillada y en alto deterioro. Sobre esta realidad, el pintor llora a ratos y canta su canción de la desilusión El Colibrí: Su salud es una luz débil; sin embargo, su espíritu de “tlahcuilo pinolero” se anima por concluir su última obra: Matagalpa.

Con relación a sus obras, (dibujos, murales, pinturas y esculturas) la mayor parte de ellas se encuentran dispersas en el mundo, en colecciones, catálogos, pósteres, revistas y libros. En Nicaragua existen dos grandes colecciones: una la tiene al Fundación Carlos Garzón y la otra (La Biblia), la galería Epikentro. Otras obras están en manos del Museo Cortázar, la Pinacoteca del Banco Central, galería Josefina y de coleccionistas privados.

La Prensa Literaria

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