Una antiintegracionista presidencia de la integración

El flamante Nobel de la Paz de Costa Rica, Oscar Arias, acaba de asumir la Presidencia temporaria del Sistema de Integración Centroamericana, dando declaraciones —¿paradojas del trópico?— antiintegracionistas. El Presidente de Costa Rica reiteró, en la cumbre del SICA de esta semana en Panamá, la negativa de su país a incorporarse al Parlamento Centroamericano y […]

El flamante Nobel de la Paz de Costa Rica, Oscar Arias, acaba de asumir la Presidencia temporaria del Sistema de Integración Centroamericana, dando declaraciones —¿paradojas del trópico?— antiintegracionistas.

El Presidente de Costa Rica reiteró, en la cumbre del SICA de esta semana en Panamá, la negativa de su país a incorporarse al Parlamento Centroamericano y a la Corte Centroamericana de Justicia. Además, lanzó una fuerte tirada contra la Unión Europea.

Esa oposición se mantiene a pesar de que otros mandatarios estarían dispuestos a reformar dichos órganos para dotarlos de más poder —cabe desear que también de una mayor efectividad—. Se mantiene a pesar de que el vicepresidente Eduardo Stein, de Guatemala, cabildeó para convencer a Arias.

Curioso presidente del SICA tendremos durante los próximos seis meses. Y a juzgar por el principio, irónicamente nos representará un mandatario amante del protagonismo, de las grandes declaraciones y que gusta — en la tradición de la práctica de la clase política tica— de destacar una y otra vez en los oídos de su opinión pública la “singularidad” de la “Suiza centroamericana”.

El primer disparo en su condición de presidente pro témpore fue contra la Unión Europea, a la cual llamó “prepotente” por poner la vigencia de una unión aduanera del istmo como una condición indispensable para alcanzar un acuerdo de asociación que incluye un TLC.

“Me parece una actitud un poco prepotente de decirnos: sólo negociamos bajo estas condiciones”, manifestó Arias, según le citó la prensa internacional. “Estoy sumamente interesado en que Centroamérica dé los primeros pasos para negociar un tratado de libre comercio con la UE y a mí no me parece justo de la UE que nos ponga condiciones para comenzar esas negociaciones en el campo comercial y de cooperación”.

Centroamérica tiene un buen momento que puede no durar mucho. Firmamos un TLC con Estados Unidos, que ha sido ratificado en los países firmantes, con excepción de Costa Rica. Eso ha mejorado nuestra posición en la globalización y nuestra capacidad de atraer inversiones.

En Viena, en mayo pasado, la UE oficializó su intención de empezar negociaciones con Centroamérica. Fuimos la envidia de los sudamericanos. Éstos y los países africanos soñarían con tener un compromiso semejante. La UE es el bloque comercial más grande e importante del mundo y sobra la comparación de quién ganaría más.

¿Hay mejores alternativas cuando en la economía globalizada, sobre cuyas decisiones fundamentales no tenemos ninguna influencia, hay una brutal competencia por las inversiones? Estos tratados no son una varita mágica, pero es mejor tenerlos que no contar con ellos.

Desde luego, la postura de Arias resulta de una actitud negativa en la mayor parte de la sociedad tica hacia la integración centroamericana. El Parlacen y la Corte Centroamericana de Justicia son sus demonios más temidos. En esos temas hay consenso político y social.

Hay razón cuando se critica su falta de efectividad: las resoluciones del Parlamento no tienen fuerza obligatoria, el cuerpo ha sido refugio para políticos corruptos y representa un gasto muy alto en un simple órgano de deliberación. En cuanto a la Corte, solamente tres países se han adherido a ella —aunque Guatemala pronto podría sumarse— y desgraciadamente, a veces los Estados ignoran sus sentencias, como Honduras lo hizo ratificando el Tratado López-Ramírez con Colombia.

Un defecto importante de nuestra integración ha sido la falta de voluntad de los Estados para sacrificar importantes pedazos de su soberanía a favor de órganos supranacionales —como sucede en Europa con la Comisión Europea, por ejemplo—. Pero tarde o temprano tendremos que llegar a eso, y parece que la idea va calando en los gobernantes centroamericanos. Desde luego, la UE nos está dando un “empujoncito”.

Europa sabe lo que pide. Si hoy decimos que la UE es una historia de éxito, esa historia cuenta con la unión aduanera como una de sus primeras piedras.

La UE ya formuló su postura y nada parece indicar que la cambiará.

“Creo que de la Cumbre (Eurolatinoamericana) de Viena salió una posición clara de la UE para negociar con Centroamérica”, me expresó en una conversación el embajador de Francia, Jean-Pierre Lafosse, quien subrayó la condición de la puesta en marcha de la unión aduanera. “Centroamérica tiene que aprovechar ahora”. No a todas las regiones del mundo la UE o EE.UU. ofrecen un TLC.

Dado que el presidente pro témpore llama “prepotente” a la UE —aunque a él mismo no le vendría mal una buena dosis de humildad—, creo que Nicaragua, a través de canales diplomáticos, debe transmitir a la UE que no compartimos esos puntos de vista.

Además, ya que los costarricenses no quieren avanzar con el resto, ¿por qué no hacer un acuerdo de negociación “a dos velocidades”? Los que quieran que entren, y los que no, pues que se queden afuera o que posteriormente se unan. Ese concepto de las “dos velocidades” lo conocen en la UE. Piénsenlo, quizás no sería tan malo. Que ganen los que quieren ganar.

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