Ranking de “obras maestras”
La “Mona Lisa” de todos los goles vistos en Copas del Mundo es sin duda alguna el que dibujó magistralmente con una geometría asombrosamente desequilibrante y mortífera, Diego Armando Maradona en México 1986, frente a la firme, flexible e implacable defensa de Inglaterra.
“Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” La narración televisiva de Víctor Hugo Morales hizo justicia —por su ingenio, emoción y ritmo— al mejor gol del siglo XX. Llegó un momento en que Víctor Hugo, de acuerdo con el casete que guardo en mi archivo con doble llave, atrapado por la fantasía, se quedó sin habla y sólo atinó a decir mientras Diego dejaba rivales inutilizados en el camino hacia la grandiosidad: ta-ta-ta-ta-ta… Goooooooool. Increíble señores. Fue un gol de otro mundo.
La jugada se realizó en 12 segundos, lo que tarda un sprinter en recorrer 120 metros, y el detalle es el siguiente: nació de un pase de Enrique —quien reclamó después el mérito de su asistencia— y Maradona agarró el balón cerca de la media cancha, de espaldas a la portería.
Acudieron a taparlo Reid y Beardsley, desbordados por el giro del argentino, que inició su espectacular cabalgada hacia el arco de Peter Shilton. Aquello fue un festival. Salió a su paso Butcher y fue víctima de un golpe de cintura. Maradona continuó su desborde impulsado por una inspiración divina y seductora, superó a Fenwich, enfrentó a Peter Shilton y, con tres defensas a sus espaldas, burló al portero empujando la pelota a las redes con el botín derecho.
Dijo que no le pasó a Jorge Valdano, que estaba solo, porque recordó una jugada de niño que acabó mal por pasarla. “Mejor —consideró Valdano—, después de ver todo lo que él hacía, no sé lo que yo hubiera hecho”.
El Estadio Azteca se convirtió de pronto en un gigantesco tarro de gelatina, y la multitud creyó estar asistiendo a un show de magia de David Cooperfield. La fecha fue el 22 de junio de 1986, hace 20 años, pero las imágenes permanecen tan frescas, como se ven ahora las restauradas de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina.
2 El segundo mejor gol de todos los tiempos en Copas del Mundo, de acuerdo con varias encuestas realizadas por France Football, World Soccer y Le Equipe, es el logrado por el inglés Michael Owen contra Argentina en la Copa efectuada en Francia en 1998.
Fue otra obra de arte. Owen, en ese momento con sólo 18 años, delantero del Liverpool conocido como “el quinto Beattle”, muy presionado, recibió un pase de David Beckham y salió disparado con la pelota sometida. Su zig-zagueo para desarmar a Chamot y Ayala fue tan vertiginoso como preciso, continuó su fuga a lo Steve McQueen, y disparó al ángulo superior izquierdo de la cabaña defendida por Carlos Roa.
Casi 40 mil saltaron de sus butacas ese 30 de junio de 1998 en el Estadio de Saint Etienne.
3 El tercero en el ranking, corresponde al Rey Pelé, con apenas 17 años, en el Mundial de Suecia en 1958, precisamente en el duelo cumbre con el equipo local, y la Copa en disputa.
Una maniobra impresionante con el pincel de Dalí. Pelé recibió un pase por arriba de Nilton Santos. Se elevó, “embolsó” el balón con su pecho, antes que terminara de deslizarse hacia el piso, le hizo un “sombrero” a Gustavsson, y de volea con una llamativa precisión, remató con potencia estremeciendo al planeta.
4 ¿Y el cuarto? En 1986, contra Bulgaria, el mexicano Manuel Negrete consiguió un gol soñado, de tijera, desde afuera del área, con una majestuosidad comparable con la arquitectura del Golden Gate en San Francisco. Se piensa, que si sólo vas a marcar un gol en Copas del Mundo, tiene que ser como ese. Levantándote del piso, consiguiendo equilibrio muscular sin ningún punto de apoyo, y ejecutando la tijera como si estuvieras tratando de patear la luna, para sacudir las redes de Mihailov en octavos de final ante más de 114 mil aficionados en el Azteca, el 15 de junio. Un gol para no olvidarlo jamás.
5 Otro de Diego, también en 1986. El quinto en la lista. Maradona, que tenía entonces 25 años y jugaba en el Nápoles, atacó el corazón de la defensa de Bélgica en semifinales en uno de sus alardes de destreza, se zafó de tres defensas, se fue por la izquierda y dejó sin chance al formidable arquero Jean Marie Paff con una impresionante “hoja seca” que hubiera hecho ruborizarse al propio Didi, maestro en ese tipo de lanzamientos.
6 Detrás, como el sexto. Uno del rumano George Hagi contra Colombia en la Copa de Estados Unidos en 1994. ¿Cómo fue? Haggi, próximo a la línea de la banda izquierda, lanzó un zurdazo inverosímil que entró como un arponazo. Mientras todos rascaban sus cabezas y las sacudían, se abrió espacio para una duda: ¿trataba Haggi realmente de disparar a gol o pretendía centrar? Conociendo la tentación del rumano por hacer intentos desde las posiciones más difíciles, la duda fue desvanecida.
7 El séptimo gol, dimensiona al delantero de Arabia Saudí Al-Owarian. Fue contra Bélgica, en 1994. Fue un gol excepcional, por encima de su calificación y prestigio: Al-Owarian recogió un pase en su campo, escapó del acoso de dos defensores, enfrentó a un tercero y lo inutilizó, supo torear con habilidad un cuarto obstáculo, y culminó su brillante gestión levantando la pelota por encima del arquero Preud´homme, con una sangre fría, que hubiera inspirado a Truman Capote para describirlo.
8 ¿Cuál el número ocho? El logrado por el italiano Roberto Baggio contra Checoslovaquia en la Copa de 1990. En una larga carrera, tras un pase de Giannini, el joven y hábil Baggio, desarticuló a dos defensas y apretando el gatillo de inmediato, perforó al arquero Stejskal con una seguridad absoluta y un poder destructivo.
9 El noveno, corresponde a la final de la Copa de 1970 en México 70, y es un modelo. Bueno, aquel Brasil, el mejor de la historia, era capaz de producir fantasía tras fantasía, como sacadas de la manga o el sombrero de un mago, inagotablemente. Ocurrió así: Clodoaldo se fue, abrió para Jairzinho, éste pasó a Pelé. Todo eso en un abrir y cerrar de ojos. El Rey, con su sentido tridimensional, cedió de inmediato a Carlos Alberto, que proyectado con una fuerza avasalladora, disparó cruzado. El arquero italiano Albertossi quedó pidiendo una explicación. Pareció haber sido planificado en la mesa de trabajo de Fidias, el constructor del Partenon.
10 El décimo, antes de este Mundial, estaba en medio de una discusión sobre dos tiros largos. Uno, el rayo lasser del alemán Lothar Matthäus ante Yugoslavia deteniendo el movimiento de la tierra por un instante, y el cohete rasante del belga Enzo Scifo a Uruguay desde 35 metros. Ambos en el Mundial de 1990.