- En este municipio de la Meseta de los Pueblos Blancos o Pueblos Brujos los habitantes celebran a su santo patrono San Pedro Apóstol con la singular Danza de Negros, en la cual los promesantes van azotándose en las calles con una astilla de madera. Muchos “negros” llegan a herirse entre ellos, confiados en que el Santo sanará sus heridas y les dará salud durante el resto del año
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CORRESPONSAL / GRANADA
Cualquier dirialeño que se jacte de haber crecido en su pueblo está marcado por la devoción a su santo patrono San Pedro Apóstol y para muchos esta marca es incluso una cicatriz adquirida durante la singular danza de “los negros de San Pedro”, en la cual decenas de promesantes —hombres y mujeres— van azotándose entre sí con una astilla de madera.
Alguien que se ha tomado en serio esta tradición es Julio Sandoval, de 37 años, quien en el pueblo es mejor conocido como “Juliquín”. Él es uno de los negros de San Pedro más reconocido.
SIN DIENTES, PERO NO SE QUEJA
Hace once años, a Juliquín otro “negro” le apeó los dientes, pero esa no fue la última vez. También perdió la dentadura renovada el año antepasado y el anterior, y no se queja, dice que “porque el mismo San Pedro me los vuelve a poner”.
Según el escritor dirialeño Carlos Alemán Ocampo “en Diriá la fiesta de la yegüita es donde quizá revistan los caracteres más dramáticos y en donde los bailantes se entregan al duelo con mayor pasión y por lo tanto donde se hacen más daño”.
Alemán Ocampo escribió en 1986 el libro Entre el Fuego y el Agua, una colección de ensayos, versiones y testimonios sobre las festividades religiosas en la Meseta de los Pueblos Blancos.
El escritor señala en su obra cómo con el paso del tiempo ha cambiado la tradición porque cada generación hace las cosas a su manera. Antes, por ejemplo, los negros iban de dos en dos formando un par de filas, pero ahora éstos van por las calles en una sola algarabía, emborrachándose con chicha o “guaro pelón”.
66 AÑOS REPRESENTANDO A LA YEGÜITA
Para mantener algo de orden en la fiesta está la yegüita, y Alejandro Delgado Espinoza, de 76 años, se ha encargado de representar este personaje durante más de 66 años. Su rostro no falta nunca en esta festividad.
Don Alejandro es un hombre de baja estatura y caminar ligero. Parece que escucha con mucha dificultad o es el alboroto de los chicheros que se lo impiden.
Él recuerda que asumió el papel de la yegüita porque de pequeño le dieron unas fuertes calenturas que no le bajaban con nada. “San Pedro me curó —dice—, ahora yo le pago hasta la muerte ese favor”.
Su responsabilidad como Yegüita, explica, es mantener el orden entre los negros. “Si éstos se están pegando muy duro o ya pasan del juego a la enemistad, mi trabajo es separarlos y me tienen que respetar, si no llega el mandador que es el encargado de la fiesta del día y a él sí le tienen que obedecer, pero generalmente me obedecen”, asegura.
Y es que de algo que están claros los dirialeños es que la danza se trata de un juego y no de enemistad.
“Lo hacemos por recordar que Pedro defendió a Jesús de los judíos cuando éstos llegaron a apresarlo luego de la Última Cena y Pedro le cortó la oreja a uno de los judíos que luego se convirtió”, expone Pedro García, de 33 años, uno de los negros de esta singular danza.
TAMBIÉN HAY “CABALLEROS”
La imagen de San Pedro está hecha de madera y mide alrededor de un metro de altura. Durante las celebraciones que inician el 18 de junio y concluyen el 19 del siguiente mes, un grupo de cargadores se encarga de llevar la imagen del santo patrono por todo el pueblo, principalmente durante las llamadas demandas, que es la visita de la Imagen a las principales casas del pueblo.
Hace cuatro años, los cargadores de San Pedro se organizaron en la hermandad de Los Caballeros de San Pedro. Actualmente, la asociación está integrada por 17 hombres que se encargan de cargar y cuidar la imagen durante las procesiones.
Además de la capa y el sombrero que ya son parte del atuendo de la Imagen, en los últimos años sus devotos también le han colocado cintas donde cuelgan decenas de ex votos o “milagritos” y varias cadenas y crucifijos. Todas estas pertenencias son responsabilidad de Los Caballeros de San Pedro.
Este año, la hermandad es presidida por los hermanos Leopoldo y Luis Francisco Espinoza Selva.
Luis Francisco tiene más de veinte años de participar en las fiestas de San Pedro. Señala que existe gran devoción hacia el santo patrono de los dirialeños, sin embargo reconoce que aunque la hermandad ha realizado grandes esfuerzos la fiesta se ha desordenado mucho en los últimos años, aunque siempre se profesa mucho fervor.
Para Luis Francisco el mayor milagro que San Pedro le ha concedido es tener siempre un bocado de comida en su casa. “Me ha faltado el trabajo muchas veces, pero yo le pido a San Pedro que me ayude y encuentro dónde trabajar para comer”, agrega.
SE IMPUSO SAN PEDRO
Según el historiador dirialeño y diácono de la Iglesia Católica, Ronald Bendaña, la imagen de San Pedro Apóstol fue traída desde España durante la colonización para que éste fuera el santo patrono del pueblo donde gobernaba el Cacique Diriangén y hasta entonces predominaba el politeísmo hacia las deidades precolombinas.
Sin embargo, la imagen de San Pedro no fue aceptada por los indígenas porque el atuendo del apóstol les resultaba extraño.
“San Pedro usaba barba y vestido largo, cargaba en una mano las llaves del cielo y en la otra mano la Biblia, pero los indígenas vestían taparrabo y eran lampiños, tampoco conocían las llaves porque guardaban sus pertenencias en huacas y no conocían los libros, por eso ellos rechazaron a San Pedro como su santo patrono”, explica Bendaña.
Según el historiador, San Pedro siempre ha sido el patrono de nombre, pero a quien los indígenas celebraban con más fervor era al mártir San Sebastián porque éste vestía sólo una toalla, era lampiño y tenía flechas enterradas en el cuerpo.
“A los indígenas San Sebastián les pareció más familiar que San Pedro y éste fue su santo patrono por determinación durante mucho tiempo”, sostiene el diácono.
Sin embargo, con el pasar de los años, los dirialeños descubrieron que San Pedro era tan milagroso como San Sebastián y su devoción fue creciendo poco a poco hasta desplazar al mismo mártir.
Actualmente las fiestas patronales de San Pedro se celebran durante más de un mes entre junio y julio de cada año. Mientras San Sebastián se celebra en enero, sólo durante tres días.
La imagen de San Pedro logró introducirse entre los fieles católicos, aunque claro, la imagen sufrió algunas adaptaciones.
Por ejemplo, es común ver a San Pedro vistiendo sombrero y no la tradicional mitra que utilizan los obispos en las solemnidades litúrgicas y hasta capote le cargan para protegerlo de la lluvia, porque en este pueblo ningún aguacero detiene la fiesta.