- Los textos siguientes exaltan y difunden, rescatándolas del olvido, nuestras primeras glorias beisboleras; además, precisan los inicios del “deporte rey” de los nicaragüenses
Lo motiva la conmemoración de los 160 años del primer juego de beisbol el 19 de julio de 1946 en Hoboken, New Jersey (entre el “New York Nine” y el “Knickerbocker Club”) y los 60 del autor (mañana 4 de julio), quien dedica este memorial a José Joaquín Quadra, Carlos J. García, Bayardo Cuadra, Tito Rondón y Luis A. Sacasa.
I. Cronología fundacional
1888: En Bluefields, Albert Adlesberg, –comerciante estadounidense– enseña las reglas del beisbol a los jugadores de cricket del “Celedonia” y del “Peace Club”, quienes practican sin manoplas y con bates que dan a elaborar “de madera rolliza y dura”; al año siguiente, Adlesberg importa los útiles y se fundan el “Southern” (se afirma que existe acta de fundación) y el “White Rose”. Desde entonces data la fiebre del nuevo deporte entre los costeños, cuyo más celebre equipo, el “Navy”, llega al Pacífico hasta 1932.
1891: A principios de junio, dos egresados de colleges de Nueva York, los jóvenes Adolfo Cárdenas y David Arellano, traen utilitería a Nicaragua y explican, a sus respectivos amigos de Managua y Granada, el juego. Los capitalinos practican en lo que es hoy la Plaza de la República y el Parque Central. En julio, se enfrentan el “Managua Baseball Club” –dirigido por Cárdenas– y el “Granada” –organizado por Arellano– en el trío de café “Los Fallas” (años después terrenos del Colegio Bautista). “Granada” es el team ganador. Cárdenas el pitcher derrotado y Arellano el victorioso. El juego no pasa de tres carreras.
1892: El beisbol es ya popular. Demasiados jóvenes lo juegan en las calles de Managua y algunos en Granada. Arellano, en carta del 1 de febrero (dirigida a sus ex condiscípulos estadounidenses) del St. Jhon’s Collage de la Universidad de Fordham, Bronw, Nueva York) refiere: “to tomorrow’s baseball game with the team from the capital” (“el juego de beisbol de mañana contra el equipo de la capital”). El 1 de mayo se publica en la Tipografía Nacional de Managua los Estatutos de la Sociedad de Recreo, cuyo presidente es el ex mandatario Adán Cárdenas y secretario C. H. Wheelock, quien había participado como jardinero izquierdo del “Managua baseball club”. La Sociedad tenía, según el artículo 12, un director de juegos y un subdirector de juegos. Pero no menciona concretamente el beisbol. A finales de año por el estrago que causa y la campaña contra el beisbol emprendida por Juan de Dios Matus en su periódico El Duende, es proscrito de la vía pública.
1893: En agosto, el gobierno liberal de J. Santos Zelaya lo permite, incrementándose su desarrollo. ( Al parecer, surgen tres equipos: “La Constancia”, “La Insurgencia” y “La Juventud”, aunque éstos los han datado en 1904).
1902: El Cónsul de los Estados Unidos Chester (¿o Carter?) Donaldson comienza a promoverlo con su hijo Agustín en Managua.
1903: El chinandegano Juan Deshón, procedente de Cornell, Nueva York, lo introduce en su ciudad natal y lanza las primeras curvas, una de ellas “la mozotosa”, llamada así por la acción que le imprime el mozote. Embrionariamente, funda el “Titán”, equipo que se desintegra al año siguiente porque Deshón regresa a proseguir sus estudios en Estados Unidos.
1905: Donaldson apoya la fundación del primer “Bóer”, iniciativa del barbero Francisco Rodríguez Caparro, capitán y pitcher. El nombre se toma de los “boers”, colonizadores holandeses que despiertan admiración mundial contra el colonialismo británico en Sudáfrica.
1906: La novena del “Bóer” la integran Manuel Carrasco (P), Pablo Castillo (C), Emilio López A. (1B), Rodolfo Reñazco (2B), Jorge Leiva (SS), Salvador Cuaresma (3B), Quinizú (RF), Antonio Barba (CF) y Adán Molina “Venado Chingo” (LF).
1907: La guerra con Honduras impide que se continúe jugando.
1910: A finales del año (el presidente Madriz cae el 20 de agosto, tras la guerra iniciada en octubre de 1909) se restablece. En Chinandega Deshón, ya graduado, refunda el “Titán” y se convierte en mánager, entrenador y mesenas (hospeda gratis en su hacienda a varios jugadores, entre ellos pitcheres a quienes “gradúa”, como Julián Amador “Mono blanco” y José Martínez “La Crema”), aparte de continuar jugando como lanzador.
1911: Se organiza la primera liga local de Managua que termina a principios de 1912. El “Bóer” —ya sin su “viejo capitán” Rodríguez Caparro— se corona campeón sobre los equipos “Manchester”, “Chicago”, “Chile” y “Venus”.
1912: En septiembre desembarcan marinos estadounidenses para sofocar la “Guerra a Mena” que concluye en octubre. Una “Guardia de Legación” permanece hasta 1925.
FUENTES PARA SU HISTORIA
La entrega monográfica del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (núm. 111), abril-junio, 2001), Cultura e Historia del Beisbol en Nicaragua, constituye la fuente más accesible sobre el tema. Tres son sus secciones: I. Beisbol y cultura; II. Historia de nuestro beisbol; III. Beisbol y creación literaria, más una bibliografía de 38 entradas. Entre ellas figuran 8 artículos del suscrito sobre los inicios, etapas e incidencia cultural de nuestro “deporte rey”, más las memorias y crónicas de su desarrollo durante la primera mitad del siglo XX y décadas siguientes.
Como novedad se presentan la inédita investigación a fondo del estadounidense Richard McGehee y unas páginas escogidas de la memoria de la Décima Serie Mundial de Beisbol Amateur —celebrada en Managua, 20 de noviembre— 5 de diciembre, 1948— que editó el mexicano Carlos F. Vallejo. Desde luego, no podían faltar los aportes de los cronistas deportivos Arsene Lupin (Lolo Estrada), Don (Leonardo Lacayo Ocampo), Chepe Chico Borgen, Tito Rondón, Edgard Tijerino y otros.
Este singular número del BNBD también ofrece ensayos de interpretación sociológica y aplicación lexicográfica, una breve antología de textos literarios (ensayos, poemas, cuentos, etc.), firmados por Mariano Fiallos Gil, Pablo Antonio Cuadra, Julio Ycaza Tigerino, Sergio Ramírez, Róger Matus Lazo, David McField, Juan Velásquez, Guillermo Rothschuh Villanueva, Julio Valle-Castillo; y una buena cantidad de ilustraciones (dibujos y caricaturas) de Míster Hit (Ernesto Bunge), Zavala Urtecho, Toño López y Jorge Ampié, además de numerosas fotografías desconocidas.
La bibliografía de este número se resume a continuación anotada y dividida en Libros y folletos (fuentes secundarias) y Documentos (fuentes primarias).
A). LIBROS Y FOLLETOS:
1. Arellano, Jorge Eduardo: El doctor David Arellano (1874-1928). Managua, Edición del autor, 1993. 107 (1) p., il. En esta biografía del abogado, empresario, político, diplomático, orador, poeta bilingüe, traductor e intelectual católico —destacado en la lucha cívica antizelayista y como ministro de instrucción pública en los años durante la segunda república conservadora—, su sobrino nieto le consagra un capitulillo (“Don David, pionero del beisbol”) en las páginas 16-18. En una fotografía de abril, 1891, aparece con sus compañeros del “Fordham” (p. 107) y se reproduce un Box Score —en que figura David— reproducido facsimilarmente (p. 71): uno de los más antiguos en la historia del beisbol, según Tito Rondón. Arellano lanzó contra el “Clinton”, “semiprofessional club from Nueva York City”, celebrado el 30 de marzo de 1891. Tenía 17 años. También lanzó, en juego de exhibición contra los “Gigantes” de Nueva York, siendo el primer nica que lo hizo frente a un equipo de las Grandes Ligas.
2. García, Carlos J.: Baseball forever! México, I.E.S.A., 1979. 405 (3) p. il. Traducido por Tito Rondón al inglés de su original en español —editado por la misma impresora mexicana y el mismo año— resume los orígenes, enumera su cronología (en los Estados Unidos, ¡of course!) y traza un panorama a nivel mundial. Enciclopedias, guías oficiales, algunos libros y la reseña histórica internacional y de Argentina conforman su bibliografía. La reseña sobre Nicaragua se localiza entre las páginas 267-275. El autor —máximo dirigente beisbolero de nuestro país— agradece a quienes le facilitaron fotografías e información y asegura que más de trescientos millones de personas —hoy serían mucho más— practican este “wonderfull and excitying sport”. De la misma obra existe una decorosa edición en japonés. Sólo el libro de García, dos de Rubén Darío y tres de Ernesto Cardenal se han publicado en ese idioma.
3. García, Carlos J.: Reseña de cien años de beisbol nicaragüense. 1891-1991. Managua, Feniba, 12-19 de octubre, 1991. 29 p., il. Aparte de consignar, hasta el año de su publicación, los principales datos e hitos de nuestro beisbol, tal vez lo más meritorio de este modesto esfuerzo divulgativo sea la indiscutible afirmación de que no fue introducido por los marines estadounidenses en 1912, sino trece y once años antes respectivamente: en Bluefields (1889) y en Managua y Granada (1891). Una lista de beisboleros destacados lo complementa. Además, se reproducen 22 fotografías y la maqueta del Estadio Nacional.
4. Guerrero, Julián N. y Lolita Soriano, ed.: Homenaje fúnebre. /En memoria del Rey del Hit nicaragüense Paco Soriano. Managua, Editorial Somarriba, 1984. 49 p. Único en su género dedicado a un pelotero nacional, este folleto compila artículos, entre otros, de Julio C. Soriano (hermano de Paco), Héctor Mena Guerrero (historiador granadino), Gustavo Acuña Escobar (historiador masayense), César Vivas Rojas, Koriko y Edgard Tijerino (una entrevista, la mejor que se le hizo a Soriano: máximo ídolo de la afición entre 1917 y 1932). Lástima que los editores (su cuñado Julián y su hermana Lolita) no hayan difundido fotografías de Paco uniformado como beisbolero.
5. Pinell, José Francisco y Noel Urcuyo Zeledón: Historia del beisbol nicaragüense. /Antiguo, moderno y contemporáneo. Managua, Federación Nicaragüenses de Beisbol Aficionado, 1976, 180 p. il. Presenta “en números los 7 primeros Campeonatos de Primera División organizados por la Feniba, bajo la presidencia de don Carlos J. García”. Inserta curiosas fotos y en las páginas 91-96 se ofrecen algunos datos históricos. Pero su contenido estadístico está muy lejos de satisfacer el título.
6. Pereira Ocampo, Chale: Anecdotario /Kaleidoscopio. 2 vols. (I. Managua, Litografía Ámbar, 1978. 176 p.; II. Managua, Impresos Modernos, 1978, 180 p. Respondiendo al título, acumula hechos reales con rasgos biográficos, sin sucesión cronológica, de varios deportistas, sobre todo jugadores de beisbol y demás personajes vinculados al deporte nacional. No exento de matices humorísticos, estos recuerdos fueron anticipados en revistas efímeras y en una amena columna muy leída de LA PRENSA.
7. Quintanilla Mendieta, Edmundo y Manuel Genet: Leyendas del beisbol caribeño nicaragüense. (Managua), Colección 20 de enero, 2003. (90 p. sin numeración), il. Brevísima reseña del beisbol en Bluefields y microbiografías de 23 jugadores: desde los hermanos Oliver Stanley y Jorge Cayasso Guerrero hasta Albert Williams, bigleager.
8. Vannini, Margarita, coord.: Enciclopedia nicaragüense. (Tomo 2). Barcelona Océano 2000, pp. 318-320. Once párrafos, elaborados por Mario Rizo, en los cuales se sintetiza la evolución histórica del beisbol en Nicaragua a partir del primer juego documentado —en 1891 y en la zona del Pacífico— concluyendo en el juego perfecto que lanzó Denis Martínez el 28 de junio de 1991.
9. Uriarte II, Guillermo (“El Kaiser”): El Baseball y su historia. (Managua, s.i., 1960). 36 p. En este folleto su autor —cronista que se empeñó en compilar la documentación con el fin de dar a conocer “la verdadera historia deportiva de Nicaragua”—, transcribe las preguntas y respuestas que sobre la materia transmitió en nueve programas por Radio Mundial: del 31 de julio al 25 de septiembre de 1960.
10. Uriarte II, Guillermo (“El Kaiser”): El baseball y su historia. Managua, Tipografía Central, 1961. (v. 2), 36 (1) p. Segundo folleto consistente también en preguntas y respuestas del programa radial mantenido por el cronista en la misma radio del 2 de octubre al 18 de diciembre de 1960. Según Bayardo Cuadra, existe un tercer folleto en la misma línea.
11. Vallejo, Carlos F.: Guía y reglas del Basketball en la América Latina. Dedicada a Nicaragua, C.A., con la historia del X Serie Mundial de Baseball. Monterrey, Nuevo León (México) 1948. 140 (10), 171 (1) p., il. Fotografías oficiales y anuncios se insertan en esta obra de 322 páginas en total, la más rara y valiosa obra sobre dos deportes en Nicaragua. La primera contiene, además de las reglas indicadas en el título, doce artículos sobre el baloncesto en Nicaragua —especialmente el femenino— desde su introducción en 1918; todos bien ilustrados con fotos de los equipos de Managua, Granada, Masaya, Jinotepe, Rivas, León, Chinandega, Corinto, Matagalpa, Rivas y Puerto Cabezas. La segunda parte —más extensa— trae la “Memoria oficial de la X Serie Mundial de Baseball Amateur” con sus estadísticas e incidencias. También incluye profusas fotografías de las mejores jugadas, caricaturas de Jorge Ampié y 25 opiniones de autoridades internacionales y nacionales, cronistas y responsables de medios. Entre ellos, el co-director de LA PRENSA, P(edro) Chamorro H.: “La X Serie Mundial, el espectáculo deportivo más grande que se ha presenciado en Nicaragua, ha servido para estrechar los lazos espirituales que unen a nuestro pueblo. Para Nicaragua ha sido una hermosa fiesta.
B). DOCUMENTOS
12. Barahona, Salomón y César Vivas, ed.: Guía de la X Serie. Managua, Nicaragua, 1948. 64. p., il. En esta publicación se fijaron por escrito los recuerdos indocumentados de los fundadores del beisbol en Managua (José Angel Robleto, Francisco Reñazco, Francisco Rodríguez Caparro y otros), sin embargo, su información coincide con la del artículo anónimo “El primer club de base-ball en Managua” (Nicaragua Informativo, núm. 18, junio 1918, pp. 9-10), ilustrado con una fotografía de dicho club. Por lo demás, saturada de anuncios y fotos de los equipos e individuales de los jugadores, ofrece detalles interesantes de los mismos, reproduce decretos concediendo vacaciones a los empleados públicos y el cierre de los establecimientos comerciales, etc.
13. Confites El Batecito: Álbum Deportivo 1956. Liga profesional de Beisbol de Nicaragua. Managua (1956). 32 p. (Contiene 24 figuritas a color y miembros de la directiva de los 6 equipos participantes).
14. Empacadora de Confites “Cocibolca”: Álbum (Liga) Profesional 1957. Granada, 1957, sin pp. numeradas (136 figuritas a color).
15. Empacadora Educacional “San Jacinto”: Álbum Deportes. Managua, Litografía “San José”, 1958. 40 p. (187 figuritas de beisboleros de la Tercera Liga Profesional, 1958 y una reseña del beisbol en Estados Unidos (pp. 3-8) y en Nicaragua —que incluía, por primera vez, el del litoral atlántico— preparada por José Joaquín Cuadra (pp. 94). Éste dedicó una sección a las “glorias nacionales”, o sea, a los primeros jugadores que todavía estaban vivos, de quienes presentó 19 fotografías a color.
16. New York Times: “Fordham College Notes” (Mar 30, 1890). Localizado por Tito Rondón, este suelto da los nombres de la novena que el día anterior se había integrado en el equipo del St. John’s College de Nueva York; entre ellos se hallaba David Arellano, primer nicaragüense que jugó beisbol en Estados Unidos como pitcher. Frizaba su edad en 16 años.
17. Nicaragua. Comisión Nacional de Deportes: “Reglas oficiales para Base-Ball”. La Gaceta /Diario Oficial. (Managua, D.N.), en 18 números aparecidos —excepto los domingos— del 5 al 25 de julio de 1932 y de conformidad con el artículo 10 de la Ley Creadora de dicha comisión emitida el 6 de noviembre de 1931.
18. Nicaragua Memoria de Fomento, 1918. Managua, Tipografía Nacional 1919. (“Informe del Field Momotombo /colectado en la Liga de Beisbol de 1918”), en Clemente Guido: Emiliano Chamorro /estadista y guerrero. Managua, Fondo Editorial CIRA, 2002, p. 334.
19. Ramírez, Tex: La Odisea de las Olimpiadas. Las pintorescas aventuras del camino. La lucha con los yanquis del canal. El resonante triunfo de los deportistas nicaragüenses. Juicio honroso de los críticos. Managua (s.i.), 1925. 34 p., il. (Incluye en las pp. 33-34 Deportes de Costa Rica).
20. Revista de la Liga Profesional de Beisbol de Nicaragua, 1956 /F. C. Chacón A.: Director. Managua (s. i.), 1956, 94 p. Datos y fotografías de todos los jugadores de los 6 equipos, en este orden: Cinco Estrellas, Bóer, San Fernando, León y Granada. Incluye un cuadro de 13 árbitros (p. 82). En su cubierta se destaca el “Estadio Somoza”.
EXTRABASES Y OTRAS SORPRESAS
Caparro
CON mis hermanos menores —Alejandro y Alfredo— y otros alumnos del Pedagógico íbamos los sábados por la tarde donde Caparro. El maestro barbero —camisa blanca de mangas largas, cuello abotonado— era parsimonioso y locuaz. Bolas políticas, recuerdos beisboleros y grandes minucias cotidianas eran sus temas predilectos. Emiliano Chamorro y el “Bóer” fluían en sus labios secos y de su grave voz. Su clientela de todas las edades callada permanecía. Él o su ayudante nos cortarían el pelo largo. “No era más digno un actor de carácter en el escenario”. Salvador Murillo lo conoció a principios de los treinta. Yo, a mediados de los cincuenta; en la Avenida Bolívar. Pero nunca imaginé que estaba frente al fundador y capitán y pitcher del “Bóer”, del primer y glorioso “Bóer”.
“El Príncipe del Bate”
ESTO fue Luis Pinnock, el blufileño. Un verdadero as vistiendo la franela del “Managua”. De recia contextura y zurdo, jugaba primera base y su bateo era portentoso: “El Príncipe del Bate” lo llamaban. Cuando tomaba el manduco, sabíamos que la bola iría a dar un largo paseo. Y delirábamos. Queríamos ser como él.
Lo conocí a mis siete años. Todavía su platónico amor hacia la guapísima Lolita Bone no anidaba en su alma buena. Por ella dejó el beisbol para estudiar. Casi llega a bachiller en el Instituto. Más el esfuerzo le hizo perder la razón. Creyéndose zanate, deseaba volar. Corría desaforado por las polvosas calles capitalinas. Tiras de telas viejas amarraba a sus canillas simulando polainas.
Un dolor le agobió: la de amar sin ser amado. La de aspirar a Lolita, de rubia cabellera y blanca como porcelana. Pasaba o se mantenía en frente de la casa de los Bone ¡fildeando a la princesa dueña de sus sueños! Al fin lo recluyeron en la vetusta Penitenciaría. Una oscura celda dio albergue a su efigie de ébano. El sacudimiento terráqueo del 31 derribó las paredes de piedra sepultándolo. Tal fue su pena. Tal su gloria.
¡Calma, Jolea!
HABÍA que ver lanzar a “Jolea”: el único ponchador del gran Negro Pinock. La pujanza de su brazo electrizaba con su “bola de cañón”. Fantástica. “Tabirica”, su catcher, quedó manando sangre de la mano en el juego de 18 entradas con el “Titán”.
¿Quién podía imaginar a “Jolea” —aquel chaparro chiqueón y regordete— dislocarse su brazo de oro en una bronca que armó en la cantina de la Chepita Solórzano? Esa fue su ruina: no pudo tirar más. Ni por arriba ni por abajo. Ni recio ni suave. Como antes, cuando se sulfuraba, los boeristas ya no pudimos exclamar más: —¡Calma, Jolea! Esa fue nuestra desgracia.
Poco después se le vio por las Sierras de mozo y solía romper nambira. Alfonso Vega era su nombre. Félix Pedro Cuaresma el de “Tabirica”.
“Vicentón” Morales, short stop del “Bóer”
¿SABEN quién fue el autor del triple play de nuestro beisbol? Pues el colosal “Vicentón” Morales. Un granadino de “Los Gigantes” disparó tremenda línea sobre segunda. Lanzándose tras la bola, el short stop del “Bóer” la engarzó, tocó la almohadilla y tiró a primera. ¡Todo en un abrir y cerrar de ojos!
El partido estaba cero a cero en el decimotercer inning y las bases llenas. ¿La fecha? 21 de mayo de 1922. Esa mañana dominguera un general conservador se tomó la Loma de Tiscapa. El tiroteo hizo correr a todo el mundo. Chale Pereira pegó carrera desde el field de la Momotombo hasta su casa en el barrio San Antonio. El presidente era don Diego. El insubordinado no colmó su ambición. Tampoco concluyó el partido que iba ya por la apertura del decimoquinto inning.
Sólo la gloriosa jugada de “Vicentón” (precursor de Rigo Mena, César Jarquín y Bayardo Dávila) quedaría para la historia.
“Mono Blanco”
GRACIAS a su pitcherazo Julián Amador, “Mono Blanco”, en Masaya sólo se hablaba de “baibol” a lo largo de 1923. El “San Fernando” había llegado a la cúspide de la celebridad: ¡24 triunfos consecutivos! Pero la gloria del mundo es efímera, dura como la flor que se abate con los primeros rayos del sol y llegó el fin para Julián en el campo del “Majulia” con Granada y Masaya todas presenciando el partido: el glorioso “San Fernando” cayó ante los granadinos: ¡24 carreras por cero! “Mono Blanco” abandonó el box en la segunda entrada. “Sentí el brazo extrañamente acalambrado” —se cuenta que decía mucho después viviendo ya sólo del recuerdo—.
¡Como Dios manda!
(A Edgard Tijerino, ¡por supuesto!)
VE, muchacho, no lo dudés. Yo fui la Mamacita de Tarzán, el Tuani, el Tayacán. No te equivoqués. Que lo digan Chepe Chico y Chale Pereira. Que lo digan los que me vieron jugar en mis tiempones. ¡Ah, muchacho! A mí nadie me ha superado como hiteador. Yo hacía saltar la píldora por cualquier sector del terreno donde yo quería. Donde ponía el ojo ponía la bola. Por eso era el preferido de las multitudes y en Costa Rica me bautizaron “El Rey del Hit”.
Fue cuando los nicas obtuvimos el primer galardón internacional centroamericano barriendo en las olimpiadas de San José a los ticos y a los yankes de la Zona del Canal en cuatro juegos. Tres los ganó “El Salvaje” y uno Monterrey. Yo sorprendí con un toque de bola, impulsé carreras con un doble, anoté tres de las del primer juego, me robé la segunda. “El Conejo” pegó un jonrón fenomenal sacando la bola del Estadio. —¿Y la bola? Le preguntó el Umpire al pitcher. —The hell with the ball! ¡La bola está en los infiernos! traduje a nuestros boys.
Yo abría habitualmente los partidos con imparables. A veces los anunciaba, como Babe Ruth. Pero no fui bateador de poder. ¡Ah, muchacho! Lástima que nunca me viste jugar. No acabaría nunca contándote mis hazañas. Estarías escribiendo todavía sobre ellas. Para mí no había pitcher. Una vez “El Maqueado” me ponchó tres veces. Nadie lo podía creer. “Es imposible” decían los fanáticos. “Algo de brujería debe tener” señalaban mis compañeros. Yo no dije nada. El oculista que me examinó dijo: “Paco, tenés que ir urgentemente donde un siquiatra. No tenés nada en la vista. Podés encontrar una aguja en un basurero con sólo mirar un rato”. Cuando volví a enfrentarme a “El Maqueado”, la gente me gritaba: “Ese es tu papá”. Yo me reía. “¡Ah, muchachos, ya van a ver! contestaba. Le conecté de 4-4 para callarles las tapas. El último hit fue un toque con el mango del bate.
Otra vez vino un pitcher gringo al que nadie le veía pasar la bola. “Ese tipo va a saber lo que es bueno, me dije”. Me paré frente al hombre y le grité: “A ver, muchacho, tirá tu chochadita”. Con el bate entre las piernas y con los pies cruzados, dejé que me cantaran dos strikes. Agarré el bate. Me planté amenazante y le volví a gritar: “¡Ahí te va tu son, Chabela!”. Lanzó y le metí una línea de espanto.
Jugué de shorp stop, pero sobre todo la antesala. No dejaba pasar ni el viento. Las agarraba de todas, todas. Mi elegancia en el fildeo y la seguridad en el tiro me acreditaron como la mejor tercera base de mi época y yo creo que de todas las épocas. Corriendo era un fantasma. Volvía loco a los pitcheres con mi velocidad. Yo inventé el slide en nuestro beisbol. Levantaba nubes de polvo. Aunque casi siempre llegaba de pie a segunda. Mi vista de lince me decía cuando debía salir.
Se me olvidó decirte que en Costa Rica los yankes, al vernos practicar, comenzaron a burlarse. “Loot at the monkeys”, exclamó uno de ellos. Yo les traduje a nuestros boys lo que los yankes decían y los muchachos se pusieron furiosos. “Cuando les echemos la cola de mico van a saber lo que son los monos nicaragüenses”, les respondí en español y cuando les ganamos la primera vez: “¡Now look at the monkeys!” y traduje de nuevo: “¡Ahora vean a los monos!”.
¿Qué cuál es la diferencia del beisbol de ayer y el de hoy? El beisbol de hoy es más técnico, pero jugadores como los que existían antes, han desaparecido casi por completo. Ya no hay un Gilberto “El Salvaje” Miranda, de Masaya; un Francisco Acosta “El Conejo”, de Granada; un Chico Monterrey “La leyenda negra”, también de Granada; un catcher como “Mario Patón” y un center fielder como “Vicentón” Morales, los dos de Managua y otros muchos más. ¡Y mucho menos un Paco Soriano! Y no es por fachentada que te lo digo. Los que me vieron jugar saben que fui el mejor de todos.
¿Qué cuál es el mejor pelotero que yo he visto en los últimos años? Pues Julito Cuarezma. Sólo una cosa le falta a Cuarezmita: tamaño. Después lo tiene todo: talento, eficacia, picardía y entusiasmo. ¿Y cuál ha sido el mejor jugador pinolero de todos los tiempos? ¡Qué pregunta más necia! No ha existido nadie mejor que Paco Soriano. Hay miles de testigos que pueden contarte cómo jugaba yo… ¡Como Dios manda!
El Caballero del Deporte
(A madre Camila, su hermana)
EL Caballero del Deporte —55 años, ojos cansados y crecida barba silvestre— yace en una cama del Hospital General de Managua. El Caballero del Deporte —Pedro J. Oviedo, de Jalteva, Granada— declara orgulloso: “No estoy para limosna”. El Caballero del Deporte —un ilustrado artesano— padece de anemia profunda. El Caballero del Deporte —pariente del obispo Isidro Augusto Oviedo y Reyes— recuerda sus días de esplendor:
Con don Alfredo Castillo fui a Guatemala y El Salvador reforzando al “Bóer”. En 1934 acompañé a la “Esfinge” en una gira de cuatro meses por México, gloriosa para la historia de nuestro beisbol y mi estilo se lo “chupó” el más tarde y famoso Marcelino Zepeda. (Nica mundialista de la Tercera Serie en Cuba que se quedó jugando en la Isla).
El Caballero del Deporte era un verdadero caballero. Un virtuoso de la elegancia y del buen decir. El Caballero del Deporte —55 años, ojos cansados y crecida barba silvestre muere en una cama de la sala San Vicente del Hospital General.
A Pedro J. Oviedo (1904-1959), el Caballero del Deporte, la baloncelista del “Alpino” Margarita Perz coloca en su pecho medalla de oro, tras ser electo “El Mejor Jugador del Beisbol de Nicaragua”. En 1932 con 847 votos sobre 806 de Paco Soriano. Granada entera se hizo presente. A su entierro de pobre casi nadie.
Mario “Patón”
¿QUIÉN se acuerda del gigantesco Mario “Patón”, del catcher cuya tirada a la intermedia era un tiro de Springfield y una verdadera muralla china para bloquear la pelota si no quedaba en su guante?
¿Quién se acuerda de Eduardo López Mario, de aquel bateador de largometraje, sólo igualado tal vez por Vicente López en los 70 y Marlon Abea después? ¿Quién se acuerda de su carácter afable, de su bigotón a lo Graucho Marx y sobre todo de su apodo? Lo de “Patón” nunca lo ofendió. Lo aceptaba con cariño (la caricatura que le trazó Fernandino Vélez Paiz le hizo mucha gracia). Tampoco la sátira de El Field, aludiendo a sus extremidades inferiores: “Armas Prohibidas: La quijada de Filemón Cruz, la boquita de Chanito Ortiz, la churepa de Tata Locho y las pailas de Mario”.
¿Quién se acuerda de aquella institución detrás del plato, del que guanteó y mascoteó a lanzadores legendarios como Juan de Dios “Cristo de Lata” Rodríguez, un flaco impenetrable que ganó para el “Bóer” 21 juegos consecutivos. Como Gustavón Duarte, “Niño Dios” o “La 28”, por su similitud con la locomotora más grande del Ferrocarril que tenía ese número. Y como José Ángel “El Chino” Meléndez, a quien disparó el primer jonrón recibido en Managua por su más tarde insigne compañero de batería?
¿Quién se acuerda de aquel caballero que antes de ser condecorado por la beldad Hilda Ulloa en Costa Rica dijo: “Yo me arrodillo ante esta diosa” y el invencible catcher del “Bóer” se arrodilló efectivamente. Tan devoto era de la belleza que parecía estar recibiendo la primera comunión.
Eduardo López Mario pasó siempre sonriéndole a la vida, fiel a su viejo “Bóer”, añorando aquella divisa: “Soriano en primera, segura carrera; / con el tiro de Mario, cruz y calavera.
El zurdo Argüello y sus exequias
EN Caracas (octubre, 1944), cuando la Séptima Serie llegó a la Delegación Nicaragüense un radiograma: “Murió el Zurdo Argüello”. Un periodista amigo publicó la noticia en “El Nacional” y al admirable Salvador Argüello de los años 20 se le tributaron regias exequias en la Catedral de Caracas y en otras iglesias. Al salir los nicas firmaban autógrafos que la gente humilde les pedía
Un cronista dio a conocer la vida peloteril del Zurdo: 18 años parándose desde la lomita e imponiendo su presencia (6 pies, dos pulgadas, 200 libras, blanco de tez, facciones regulares) ¡para lanzar majestuosamente! Ticuantepe y Esquipulas se disputaron su lugar de nacimiento. El “Managua” tuvo en él al mayor artífice de sus jornadas. El “Bóer” lo incorporaba en sus giras al extranjero. Su curva era endemoniada y su bateo descomunal. ¡Un pitcher cuarto bate! “Nunca se ha visto”
El cronista recordó al Zurdo músico: tocaba la mandolina y el contrabajo en las academias de baile. Ni al abanderado de la Guardia de Honor Presidencial antes que se convirtiera en triste tapirulo y en limosnero estrafalario, antes que los suyos lo dejaran abandonado a la mano de Dios.