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La de Inglaterra ante Portugal con tres penales
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Ver Infografia > Dios, ¡cómo se ve el amanecer, glorioso!, deben estar pensando en Portugal, disfrutando su avance a semifinales, mientras continúan viendo al arquero Ricardo atajar pelotas, por arriba y por abajo, como si tuviese un radar escondido.
En cambio, los ingleses seguramente se sienten sumergidos en ese infierno que nos grafica Dante, llorando la falta de control emocional y cálculo matemático de Wayne Rooney, expulsado al minuto 61, y la falta de energía en las piernas de sus rematadores, exprimidos por el esfuerzo.
Sobrevivió Portugal, imponiéndose 3-1 en las ejecuciones desde los doce pasos, luego de no haber podido sacar provecho de su ventaja numérica por casi una hora, incluyendo los dos tiempos extras, con la pizarra tercamente aferrada a un 0-0.
Con la crueldad de siempre, otra vez los “benditos” penales deciden quién muere y quién sigue en esta Copa.
Portugal con tres “dardos” clavados por Simao, Postiga y Christiano Ronaldo, y sólo uno en contra de ese súper sabueso, dueño de un olfato prodigioso y un anticipo computarizado, que fue Ricardo, impidiendo que los disparos de Lampard, Gerrard, Carragher, llegaran a las redes, eliminó a Inglaterra.
Cuando batallar tanto tiempo como lo son 60 minutos con un hombre menos, obliga a utilizar todos los litros de sangre disponibles, y los huesos se humedecen por el esfuerzo realizado, y la pesadez de las piernas te agobia mientras el corazón flaquea y los pulmones gimen, sólo te queda el alma.
Lamentablemente, en ese cierre de juego con acciones cambiantes en las dos áreas, y la incertidumbre golpeando nuestras mandíbulas viendo en pantalla las imágenes de la ansiedad incontrolable y las posibilidades fabricadas con alardes, a Inglaterra no le quedaban los necesarios “gramos” de alma, para conseguir, antes de ese infierno que son los tiros de penal, la victoria que los mantuviera con vida contra viendo y marea.
Wayne Rooney está muy joven todavía y pienso, va a llegar el momento en que podrá controlar sus reacciones. Pelé, desde muy chavalo, estuvo claro de los niveles de tolerancia exigidos, y nunca afectó a Brasil. No podés dejar a tu equipo con un hombre menos en medio de una lucha tan intensa e insegura, cuando no hay “mas allá”.
No fue un gran juego, pero cobró intensidad en la recta final del tiempo normal y en las dos extensiones, con posibilidades en cada lado y un cruce de dedos permanente.
Inglaterra utilizó sus reservas de adrenalina cuando Beckahm salió golpeado y Rooney fue expulsado, y logró sostener ese angustioso empate a cero goles, en medio de una inseguridad eriza-pelos.
El equipo inglés llegó a disponer de buenas opciones para alcanzar la proeza, pero Hargreaves, Gerrard, Lennon y Carragher no lograron concretar, y en el otro lado, Portugal veía desvanecerse tres posibilidades claras.
Carente de lucidez, el partido, como es natural cuando dos equipos se juegan la vida en cuartos de final, fue emotivo, y logró un ritmo lo suficientemente agitado para mantener al público de pie y al resto del mundo comiéndose las uñas.
La presión corta las alas a la precisión, y se necesitan cuotas extras de sangre fría para poder conseguir un ordenamiento. Así que el accionar, independiente de las irregularidades provocadas por una ansiedad quebranta-huesos, logró sostenerse retando el desgaste físico.
Que bien se vio Inglaterra con la adversidad doblándole la espalda pero no las piernas, peleando bravamente con un hombre menos, consiguiendo cambio de pulmones para oxigenar su resistencia y continuar mostrando su capacidad de agresión.
Sin embargo, Portugal supo manejar las circunstancias, se mantuvo articulado, y cuando llegó a los penales tenía una fotocopia del muro de Berlín en la agilidad, reflejos y certeza del arquero Ricardo, factor clave en la victoria.