Gerald Castro tiene 4 años, pero parece tener 2. La desnutrición le ha provocado una atrofia motora. Él y sus hermanas Erica y Selena (a su lado) viven en Telire, a seis días de camino del poblado más cercano, en las montañas de Talamanca (sur). (la prensa/afp/mayela lópez)

Indígenas ticos en abandono y miseria

Las deplorables condiciones de una etnia del Caribe muestran otra cara de la “Suiza” regional [doap_box title=»Declaración pro derechos indígenas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU aprobó el jueves, con el apoyo de 30 de sus 47 países miembros, la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas, un texto que […]

  • Las deplorables condiciones de una etnia del Caribe muestran otra cara de la “Suiza” regional
[doap_box title=»Declaración pro derechos indígenas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU aprobó el jueves, con el apoyo de 30 de sus 47 países miembros, la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas, un texto que reconoce el derecho de 350 millones de indígenas en todo el mundo a la libre determinación.

Con la abstención de 12 países, la ausencia de tres y la oposición de Canadá y Rusia, el instrumento internacional, producto de más de once años de negociaciones, fue adoptado en la primera sesión de ese nuevo órgano de Naciones Unidas.

“Aunque no se ha conseguido por consenso, estoy muy satisfecho con el resultado”, afirmó el presidente del CDH, el embajador de México, Luis Alfonso de Alba.

La Declaración reconoce el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación y establece que deben dar su consentimiento a la explotación de los recursos naturales de sus tierras y limita las actividades militares sobre esos territorios.

Además, reconoce los derechos colectivos de esas poblaciones, tales como la preservación de sus valores culturales y de su identidad étnica, o la protección ante cualquier intento de expulsión de sus territorios ancestrales.

Sin embargo, se trata de un instrumento que no es de obligado cumplimiento por parte de los Estados, aunque muchos lo ven como el germen de una futura Convención que sí tendría ese carácter.

EFE[/doap_box]

SAN JOSÉ/AFP

Gerald Castro, un niño indígena de 4 años desnutrido y con severa atrofia motora, se ha convertido en símbolo del abandono y la exclusión que sufren las minorías indígenas de Costa Rica, relegadas a zonas selváticas de difícil acceso.

El niño, examinado por un equipo de salud que ingresó a la comunidad de Telire a principios de junio pasado, fue trasladado por segunda vez a un hospital del centro del país para rescatarlo de una muerte casi segura.

Hace un año, otro equipo de salud encontró a la madre del menor llorando en las cercanías del centro de atención médica y repitiendo “no quiero matar a mi hijo, no quiero matar a mi hijo”, cuenta el epidemiólogo Marvin Cervantes.

La mujer, identificada como Dominga Brenes, relató entonces que el padre del niño consideraba que lo más piadoso era segarle la vida para que no siguiera sufriendo, tal era su estado de postración física.

A sus cuatro años, Gerald tiene el aspecto de un niño de dos, y está virtualmente paralizado por la atrofia muscular que le ha causado la desnutrición.

El niño fue trasladado entonces en helicóptero hasta el hospital de la ciudad-puerto de Limón, 170 km al este de la capital, donde logró recuperarse y regresar a su hogar en buenas condiciones de salud.

“Pero este año lo examinamos y estaba peor”, afirmó Cervantes, por lo que debió ser trasladado al hospital de Alajuela, 20 km al norte de San José.

El de Gerald es un caso dramático que ha salido a la luz pública en Costa Rica, pero no es el único y los funcionarios médicos de la zona consideran que muchas muertes por desnutrición ocurren en las montañas de la llamada “Suiza centroamericana”, sin que nunca lleguen a conocerse.

Telire es una comarca indígena enclavada en las montañas de Talamanca (en el sureste del país), a la que se puede ingresar en helicóptero o en accidentada caminata de seis días desde el poblado de Vesta, el más cercano con acceso terrestre hacia los principales centros de población del Caribe costarricense.

El casi total aislamiento de esta comunidad, integrada por unas 700 personas de la etnia cabécar, significa carencia de servicios elementales de salud, agua potable, educación, electricidad y eliminación de aguas residuales, entre otros.

Del 2 al 7 de junio, una iniciativa de la Asociación Pro Atención al Indígena de Talamanca (APIT) llevó a representantes de instituciones públicas y organismos de socorro en helicóptero con ayuda humanitaria, consistente en más de 2,000 libras de alimentos, medicinas y ropa.

La misión logró repartir alimentos, ropa y juguetes, se avanzó en la construcción de un acueducto y de un salón multiusos, mientras que se analizaron las posibilidades para edificar puentes colgantes en el curso del río Telire, en el que varias personas se han ahogado intentando cruzarlo.

El médico Efraín Retana, coordinador del equipo, explicó que el principal problema de la comunidad es la desnutrición, que se origina en la dificultad para producir ciertos granos, hortalizas y frutas, debido a las características del suelo.

La dieta de los indígenas cabécar de Telire se basa en el plátano, la yuca (o mandioca), el pejibaye y unas pocas frutas como la naranja.

La población sufre de enfermedades respiratorias como bronquitis y bronconeumonía, infecciones cutáneas como la leishmaniasis y llagas provocadas por los mosquitos del papalomoyo; diarreas, dolores musculares y cefaleas.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí