(Fotoarte: La Prensa/Luis González S.)

Paquines en el recuerdo

Hace más de cuarenta años los paquines eran el entretenimiento favorito de los niños y adultos. La gente llegaba a los puestos para cambiar uno viejo por el más nuevo. Hoy en día esos puestos están en decadencia y con ellos, los paquines Antes que ocurriera el terremoto que destruyó Managua en 1972, en las […]

  • Hace más de cuarenta años los paquines eran el entretenimiento favorito de los niños y adultos. La gente llegaba a los puestos para cambiar uno viejo por el más nuevo. Hoy en día esos puestos están en decadencia y con ellos, los paquines

Antes que ocurriera el terremoto que destruyó Managua en 1972, en las calles capitalinas, era común observar a la gente leyendo en los parques algún periódico, novelas o paquines. Estos últimos, según sus vendedores, eran los favoritos de los niños, quienes llegaban a los puestos de paquines en busca de una historia de Batman, de Supermán, de El Hombre Araña o La Pequeña Lulú.

Los paquines llegaron a Managua para la década de los sesenta, cuando en el resto de América Latina, personajes como Condorito y Hermelinda Linda tomaban auge. Mientras, en Estados Unidos se distribuían paquines en inglés de Aquaman, Archie, Betty and Verónica, que después fueron traducidos al español y vendidos en Nicaragua.

En la Calle El Triunfo de la Vieja Managua se encontraba un puesto de gran trayectoria: el Supermercado de Revistas, de Augusto Palacio Aragón, quien tenía 45 personas encargadas de inicialmente vender los paquines, pero luego se encargaron de alquilarlos o cambiarlos, por toda la capital.

“Traje la revista Vanidades, Buen Hogar, Selecciones, y diversidad de paquines famosos como el horror de las mujeres: Hermelinda Linda”, afirma don Augusto Palacios, propietario de lo que fue el mejor puesto de paquines en el país y de lo que hoy sólo quedan algunos libros viejos esperando ser leídos.

El afán por la lectura de paquines era tan contagioso que existían puestos en los mercados, centros comerciales y calles transitadas de la capital, así como la Calle El Triunfo, donde la población acudía por una historieta de esos personajes que actualmente se ven en televisión, tal es el caso de Tarzán y el Pato Donald.

Diversidad de historias

Los niños intercambiaban sus paquines en los matinés de los viejos cines de Managua. Había gran variedad de historietas, unas de colores oscuros, que inspiraban temor y que no eran muy solicitados por los infantes.

Otras de aventura y acción llenas de efectos escritos que indicaban golpes o explosiones (Booooom, Plashhhhhhh, Shissssssss), Morgan el Guerrero Audaz, era uno de esos codiciados, así como El Hombre Biónico y la Mujer Invisible.

Los paquines escalofriantes también eran solicitados, como aquellos donde se reflejaban procesiones de horrorosos monjes con velas en las manos que terminaban siendo cadáveres debajo de su vestimenta.

Pocos puestos de cambios

Hoy en día no se observan puestos de cambios de paquines. Uno de los pocos que quedan, es el de Palacios, quien inició vendiendo los paquines a un córdoba.

“Cuando traje los primeros paquines los vendía, pero seis meses más tarde decidí alquilarlos, aunque habían personas que se los llevaban a sus casas y los regresaban rotos, por lo que decidí hacerlo por cambio. El lector me llevaba uno y yo se lo cambiaba por otro que tal vez él no tenía”, afirma Palacios, quien actualmente tiene un puesto en quiebra en los alrededores de la Alcaldía de Managua.

“Antes la población leía muchos paquines, ahora esto ya no funciona, aunque han venido personas que hacen su cambio y me pagan la diferencia del precio”, recalcó.

En el sector del Mercado Oriental, también hay uno que otro puesto, pero no exclusivo de paquines, sino también de libros y revistas usadas. La mecánica es simplemente a través de la compra y venta.

Ahora quienes distribuyen los paquines son las librerías, aunque la variedad no es como antes, aún se ve a Condorito y al Pato Donald en las vitrinas, esperando por un adulto que los compre, ya que gran parte de los niños prefiere ver la televisión o jugar nintendo, antes que “tomarse la molestia” de leer una historieta.

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