Luis Oliveira Goncalves, técnico de Angola, se molestó porque se dijo que traía un brujo. ( LA PRENSA/AFP )

Supersticiosos

[doap_box title=»Las hay» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El defensa inglés, John Terry, ha confesado ser tan supersticioso que debe sentarse “en el mismo asiento del autobús del equipo, atar las cintas de las medias tres veces y cortar el asa tubular de las espinilleras por el mismo sitio en cada encuentro”. “Cuando voy en coche al partido, […]

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El defensa inglés, John Terry, ha confesado ser tan supersticioso que debe sentarse “en el mismo asiento del autobús del equipo, atar las cintas de las medias tres veces y cortar el asa tubular de las espinilleras por el mismo sitio en cada encuentro”.

“Cuando voy en coche al partido, tengo que ir escuchando el mismo CD de Usher”, dice Terry.

El sociólogo Peter Loire ha escrito en El libro de las Supersticiones, que es un mecanismo contra las fluctuaciones del azar, desde persignarse hasta entrar a la cancha con el pie derecho.

Las brujas no existen pero que las hay…, las hay.

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BERLíN /AFP

Conjuros tales como jamás vestirse de amarillo, sentarse en el mismo asiento del autobús, confiar en el número 13 o besarse el anillo abundan en el Mundial para espantar la mala suerte y atraer a los buenos espíritus.

Supersticiosos a más no poder, hay decenas de jugadores y directores técnicos que cumplen cada día y con mayor energía los días de partido, una parafernalia de rituales, muchas veces con loca obsesión.

Un caso raro en Alemania es el de Mario Lobo Zagallo, el veterano técnico de Brasil que ahora cumple labores de coordinador técnico en el plantel verdeamarillo, que parece un amuleto en sí mismo.

Zagallo tiene una soberbia cosecha de títulos mundiales, dos de ellos como jugador en Suecia 1958 y Chile 1962, uno como DT (director técnico) en México 1970 y otro como ayudante de campo, en Estados Unidos 1994.

Pero además es un creyente de esotéricas liturgias, desde que usaba la camiseta con el número 13 pese a que para la mayoría es un imán de la mala fortuna.

Zagallo dijo que prefería la camiseta con ese dígito que para muchos es fatídico porque su mujer nació un 13 de julio, onomástico de San Antonio a quien le profesaba devoción.

Pero también está convencido de que la buena estrella brasileña fue haber debutado un martes 13 de junio, con victoria ante Croacia por 1-0, así como celebrar que el nombre del DT, Carlos Alberto (Parreira), tenga trece letras.

Para colmo, los pentacampeones lucen en su camiseta el amarillo, color cuyos influjos causan temor en otras escuadras como la de España y en particular a su DT, don Luis ‘El Sabio’ Aragonés.

“Ni se te ocurra vestirte de amarillo”, canta Joan Manuel Serrat en una popular canción suya, en la que recomienda cruzar los dedos y no pasar debajo de una escalera.

Aragonés rechazó al llegar a Alemania un ramo de flores porque había entre ellas algunas amarillas, tonalidad que también le provoca pavor a Ricardo, el arquero de Portugal, que prefiere vestirse de riguroso negro.

El destacado delantero español Raúl besa su anillo de casado al festejar un gol y el volante creativo argentino Juan Román Riquelme lleva colgada una medallita que le regaló su pequeña hija Florencia.

El DT italiano, Marcello Lippi, dice que no heredó las costumbres de su colega Giovanni Trapattoni, quien llevaba a la cancha su botella de agua bendita, pero admitió que un amigo le regaló antes del Mundial una botella de vino para la buena suerte.

Lippi, algo descreído, dijo que al fin de cuenta no trajo la botella sencillamente porque se tentó y comenzó a bebérsela.

El entrenador de Angola, Luis Oliveira Goncalves, tuvo que desmentir que su equipo necesite de la magia negra.

“La TV portuguesa dijo que habíamos traído a un brujo. Es una falta de respeto. Trabajamos de forma científica y nuestros entrenadores estudiaron en las mismas escuelas que quienes trabajan en Europa”, dijo el DT.

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