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CORRESPONSAL / MATAGALPA
La lluvia vespertina de ayer en la Perla del Septentrión retrasó el arranque de la serie final entre los Tiburones de Granada y los Indígenas de Matagalpa, cuyos directivos, después de acaloradas negociaciones acordaron iniciar las batallas por el banderín de la Primera División a partir de esta tarde en el reducto de la tribu norteña.
A pesar del convenio, la accidentada liga nacional de beisbol estuvo a punto de terminar ayer mismo sin que se cantara el play ball de la final porque los directivos granadinos exigían jugar hoy en su parque, el Roque Tadeo Zavala, mientras los dirigentes norteños demandaban el cumplimiento de los acuerdos que los representantes de ambos equipos suscribieron para reglamentar la serie.
Después de la lluvia, mientras decenas de fanáticos compraban boletos para ingresar al estadio y sin consultar a los árbitros designados para actuar en el desafío inaugural, los directivos de ambos conjuntos, con la venia del presidente de la liga, Carlos García, determinaron que las condiciones en el terreno de juego no eran apropiadas para iniciar la serie.
El reglamento aprobado por los directivos el 8 de junio recién pasado estipula que si un juego no puede realizarse, éste será pospuesto para la fecha subsiguiente pero en el mismo escenario. Apegados a ese detalle, los directivos norteños reclamaban que el juego inicial debía realizarse hoy en Matagalpa.
Sin embargo, el presidente de los Tiburones, Douglas Lacayo, exigía jugar en Granada argumentando que su equipo incurriría en mayores gastos al viajar dos días seguidos a Matagalpa, corriendo el riesgo de que también pueda llover.
Inicialmente, Lacayo proponía jugar hoy en Granada y luego realizar los partidos de domingo y miércoles en el Chale Solís. Como esa propuesta la rechazaron los norteños, hubo un momento en que el directivo granadino afirmó que su equipo no viajaría hoy a Matagalpa y que “nosotros vamos a estar (hoy) en Granada. Si ellos quieren jugar, bien. Si no, está bien”.
Más tarde, el directivo granadino Gerard Horvilleur medió en el asunto y logró persuadir a Lacayo para que aceptara la propuesta de los directivos norteños.