Apariencias, realidad y vecindad tica

La primera vez que estuve en San José, en junio de 1999, leí asombrado un cintillo en una revista de promoción turística, que decía: “Bienvenidos a Costa Rica, inventor del turismo ecológico”. Vaya, me dije, esto sí que suena bien. Admití la posibilidad de que fuese cierto. Hasta la fecha, fuera de los panfletos turísticos […]

La primera vez que estuve en San José, en junio de 1999, leí asombrado un cintillo en una revista de promoción turística, que decía: “Bienvenidos a Costa Rica, inventor del turismo ecológico”. Vaya, me dije, esto sí que suena bien. Admití la posibilidad de que fuese cierto.

Hasta la fecha, fuera de los panfletos turísticos que venden hábilmente un fantástico oasis de paz repleto de maravillas naturales tropicales —los vecinos costarricenses son maestros en eso—, no he podido encontrar una fuente seria e independiente, en un libro o en Internet, que confirme que el turismo ecológico haya sido inventado por algún tico.

El ecologismo surgió y se desarrolló ante todo en Europa.

Sin duda, esa actividad es muy importante, porque el turismo es la mayor fuente de ingresos de Costa Rica y el ecoturismo tiene un papel muy importante dentro de ella.

Gracias a su experiencia, ofertas, recursos humanos y la infraestructura necesaria, ese país atrae no solamente a miles de mochileros que viven con 5 dólares al día, sino también a masas de turistas que se alojan en hoteles caros, que gustan de los placeres y gastan mucho.

Es algo muy encomiable y un ejemplo del que debemos aprender los nicaragüenses. Nosotros también vamos por el camino de ser un paraíso turístico, siempre y cuando la política no lo impida.

En Roma, el presidente Oscar Arias recibió ayer el premio “Un bosque para Kyoto”, que entrega la italiana Academia Kronos, una organización privada por la defensa del medio ambiente.

Costa Rica está en una lista de 15 naciones que elaboran las universidades estadounidenses de Yale y Columbia, y que poseen las mejores notas medioambientales. Cada uno tiene que tener un veinte por ciento del territorio vinculado a parques nacionales, ha de preocuparse por la biodiversidad y mantener la buena calidad del agua y del aire.

“Otros requisitos para entregar el premio son los de tener una política energética que se sostenga sobre combustibles de mínimo impacto ambiental y una agrícola que limite o prohíba los cultivos y el consumo de alimentos modificados genéticamente”, según un cable de la agencia EFE.

Maravilloso. Pero todo esto confirma aquel viejo principio del marketing de que la imagen o la percepción de un producto o servicio es fundamental. Aunque la realidad sea distinta, o al menos parte de ella. Porque la realidad está llena de matices.

Muy bien por los premios, pero hoy sabemos que empresas e inescrupulosos individuos costarricenses son cómplices nefastos del despale, de la tala y del comercio ilegales de madera en la zona sur de Nicaragua, sin que las autoridades del vecino país, que con seguridad observan esta actividad, hagan nada para impedirlo o para colaborar con las de Nicaragua.

El reciente decreto de emergencia y la confiscación de miles de tucas de madera preciosa, la intervención del Ejército y la prensa nacional, han mostrado que la mafia maderera tiene muy buenos nexos en el vecino país.

Esta semana, gracias al buen trabajo periodístico de la corresponsal de LA PRENSA, Tatiana Rothschuh, conocimos cómo del lado tico se procedió al dragado de las aguas de dos ríos tributarios del Lago Cocibolca y metieron las maquinarias al territorio nicaragüense, según las denuncias de pobladores y de los militares. A pesar de que el Marena les había negado los permisos a funcionarios ticos.

Las autoridades regionales de Medio Ambiente y Minería de Costa Rica niegan tener conocimiento de los trabajos.

Esos dos ríos están contaminados y ante la llegada del invierno, el propósito era limpiarlos, aparentemente. Pero no hubo ni estudio de impacto ambiental ni les importó aparentemente a estos señores que la basura y los desechos putrefactos vayan a parar a aguas nicaragüenses.

“A estos ticos les gustan las apariencias”, me decía un ex embajador en San José, ya fallecido. “Ellos son la pulcra Costa Rica, con sus bosques bien cuidados, pero nos despalan los nuestros”, comentaba con una dosis de ironía.

El dragado ocurrió, porque lo vieron los pobladores y el Ejército impidió al menos en una ocasión que las dragas entraran a Nicaragua.

Estos incidentes han sucedido durante décadas. La actividad agrícola y ganadera de Costa Rica es responsable en buena medida de la contaminación del río San Juan.

Y así ocurre con otros asuntos: en la linda y democrática Costa Rica se violan los derechos humanos de los inmigrantes. Se precia de ser una vieja democracia, pero su ley de imprenta es draconiana e inclina a la autocensura a la prensa.

Pero ya sabemos. A veces, la imagen lo es todo.

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