EL GIGANTE PETER CROUCH trata de controlar sus largas extremidades, para conseguir el gol inglés que finalmente llegó de cabeza. (fotos la prensa/afp)

INGLATERRA PASA

[doap_box title=»La definición» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El arquero trinitense Shaka Hislop tapó un remate en la primera etapa y le dejó servido el gol a Frank Lampard, a quien la pelota le rebotó en una pierna para perderse por la línea de fondo. Lampard volvió a conectar desviado desde buena posición y Peter Crouch forzó una […]

[doap_box title=»La definición» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El arquero trinitense Shaka Hislop tapó un remate en la primera etapa y le dejó servido el gol a Frank Lampard, a quien la pelota le rebotó en una pierna para perderse por la línea de fondo.

Lampard volvió a conectar desviado desde buena posición y Peter Crouch forzó una atajada de Hislop al rematar exigido dentro del área chica.

Pero fue el larguirucho Crouch, un fantasma capaz de aparecer súbitamente en posición de gol, el que tuvo la mejor oportunidad, cuando sólo, completamente solo a pocos metros del arco, tiró el balón a la tribuna con una espectacular media tijera.

En la segunda parte no falló cuando le llegó un centro de David Beckham al meter el cabezazo en un ángulo alto, y tampoco se equivocó Steven Gerrard con un remate frontal.

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SUDA PARA VENCER A TRINIDAD

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    Inglaterra entró de cabeza en los octavos de final de la Copa del Mundo Alemania 2006, al batir ayer a la aguerrida Trinidad y Tobago por 2-0, luego de mantenerla bajo asedio todo el partido por el grupo B.

    Fue un gol de cabeza de “la torre” Peter Crouch en el minuto 83 el que abrió para los ingleses la puerta hacia la segunda ronda, clasificación que fue asegurada con un remate franco de Steven Gerrard en el minuto 90.

    Los ingleses suman seis unidades y lideran el grupo, en tanto que los bravos caribeños tienen un punto, al igual que Suecia, con Paraguay en blanco.

    Faltaban menos de 35 minutos cuando un ulular impresionante de las tribunas fue el preludio a la entrada a la cancha por primera vez en el Mundial de Wayner Rooney, la esperanza de gol y emociones de los ingleses.

    Pero a Rooney no le dieron espacios y lo controlaron con un marcaje severo.

    En aquellos momentos arreciaban los avances de Inglaterra, cuyos hombres sentían que ya no había tiempo que perder y era la hora de definir un pleito más duro y complicado de lo que se presumía.

    Los “Leones” habían tenido a su merced a los bravos caribeños cuatro veces en los pies de Frank Lampard y otras dos en los botines de Peter Crouch, todas dentro del área, pero en cada oportunidad la puntería fue pésima.

    En cambio, sorpresivamente, los trinitenses hicieron pasar en la primera parte un susto tremendo al arquero Paul Robinson, cuando al conectar Stern John un pase de cabeza, en feroz embestida, la pelota fue rechazada sobre la línea por Steven Gerrard.

    Hubiese sido un gol histórico y un resultado para dejar con la boca abierta a cualquiera, pero no tan extraño para quien veía cómo los modestos “Soca Warriors” llevaban dignamente el choque contra un gigante.

    Un compacto esquema defensivo habían desplegado para sujetar lo que sería el aluvión de camisetas blancas, pero no por eso podían evitar las rápidas acciones de ataque que se gestaban en los pies de David Beckham y Joe Cole.

    Los pelotazos de Joe Cole al corazón del área o los pases para el pique de un delantero por los flancos dolían, lastimaban, generaban zozobra en la defensa caribeña, casi tanto como cuando entraba él mismo al área.

    Pero la precisión de los ingleses al progresar en el terreno contrastaba con los defectuosos remates a puerta.

    Río Ferdinand amenazaba con sus cabezazos ofensivos, tanto como Jamie Carragher y Ashley Cole se proyectaban por las alas hasta meter miedo en las filas enemigas.

    Pero se mantenían sólidos en la retaguardia Brent Sancho, Dennis Lawrence y Christopher Birchall, mientras que el experimentado Dwight Yorke buscaba enfriar el ritmo vertiginoso de la ofensiva rival.

    Michael Owen no estaba en una tarde inspirada, aunque algunas veces enloqueció a sus marcadores con endiablados regates.

    La habilidad de Joe Cole y de Owen había cargado de tarjetas amarillas a Trinidad y Tobago, al ser advertidos Densill Theobald, Aurtis Whitley y Kenwyne Jones.

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