- Alemanes han sido buenos anfitriones
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BERLIN/AFP
A las decenas de miles de aficionados que llegaron al país desde el comienzo del Mundial de futbol 2006, los alemanes muestran un talante abierto, acogedor y relajado, según muchos testimonios, lo que confirma el tránsito hacia una sociedad más segura de sí misma y sin complejos.
Desde la semana pasada, el popular diario Bild no cesa de publicar los testimonios de visitantes extranjeros que, felices de estar en Alemania, se muestran sorprendidos de que la realidad no refrende sus prejuicios.
“Todo es 'súper' aquí, mucho más de lo que esperaba”, dice un cincuentón holandés, quien promete volver con más frecuencia. “El ambiente es más cálido de lo que imaginaba”, confió a Bild por su parte una estudiante mexicana.
“Los alemanes son divertidos y vivaces, esto me sorprendió”, comenta una joven inglesa, mientras que un policía de civil, compatriota suyo, muestra su entusiasmo por la calidad de los “servicios” brindados a los extranjeros y se congratula “porque todo el mundo habla inglés aquí y se esfuerza por ser agradable”.
“No es la Alemania que conocí a comienzos de los años noventa”, señaló un periodista francés que llegó a cubrir el Mundial, quien vivía en Bonn cuando se produjo la Reunificación.
“En aquella época no había noción de servicio. Las cajeras de las tiendas nos echaban a la calle diez minutos antes del horario de cierre. El asalariado era rey y el cliente nunca. Actualmente hacen lo que sea para complacernos”, afirma.
Quizás todo esto sea consecuencia de una reciente “campaña nacional de la amabilidad”, cuya finalidad fue incitar a los camareros de los restaurantes a que sonriesen a los clientes, y a los taxistas a que ayudasen sin gruñir a los turistas despistados.
Para los organizadores del Mundial, bajo el eslogan oficial El Mundo entre Amigos, la tarea consiste en echar abajo los prejuicios respecto a los alemanes, percibidos como puntuales, ordenados y trabajadores, sin sentido del humor y poco inclinados a servir a la clientela.