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Definimos hiperactividad como un trastorno en la conducta que se caracteriza por la exageración de los estados emocionales del sujeto. La exageración se puede identificar como una rabieta exagerada, donde el niño empieza a llorar, a gritar de manera incontrolada, puede haber autodaño y el padre con el afán de controlarlo lo castiga pero aun así el comportamiento persiste.
Se nota cuando el niño en la escuela no logra atender orientaciones y cuando las atiende no pasa más de cinco minutos para dejar de hacer lo que está haciendo y empezar a saltar de un lugar a otro, molestar a los demás niños, de manera que no logra realizar las orientaciones.
Otra forma de identificarlo es cuando hay trastorno del sueño, va a la cama a altas horas de la noche, tiene sueño interrumpido, puede que haya terror nocturno, se queja de pesadillas pero hay que estar seguros de que la causa es neurológica. Porque en ocasiones este comportamiento tiene que ver con la maduración en cuanto a su desarrollo y cuando llega a la adolescencia comienza a estar más sosegado y adquiere mayor concentración.
La hiperactividad muchas veces se puede ligar con déficit atencional, lo cual puede llevar a desarrollar otro problema que es la débil o poca atención que el niño pone en la actividad del estudio, lo cual trae como consecuencia bajo rendimiento en sus estudios, cuando se ligan los dos hay que atender el problema rápidamente.
Cabe mencionar que no podemos confundir la hiperactividad con niños que son muy listos, muy curiosos y tienen mucha energía y peor aun caer en el error de anularlos con frecuencia, ya que puede crearle problemas en su personalidad.
Otra forma de caer en el error de creer que su hijo es hiperactivo es cuando hay mala metodología en la enseñanza, el niño no capta bien lo que se le está enseñando y cuando no comprende puede tener una reacción física o emocional, constantemente levantarse de su asiento y perder su concentración, en este caso no hay un problema orgánico ni de aprendizaje sino que es provocado por una metodología deficiente en la enseñanza.
Cuando hay trastornos de sueño, no hay control de esfínteres, hay que recurrir a un especialista para descartar problemas orgánicos. Pero en caso de que el niño sea tranquilo y al llegar al preescolar, hay un cambio brusco de comportamiento, es probable que el problema sea externo y no orgánico.