Un 84.7 por ciento de los nicaragüenses, están preparados para seguir el Mundial de Futbol de Alemania. Así lo indica una encuesta realizada por la empresa M&R Consultores.
Ese es un gran porcentaje, pero pensé que sería aún más alto. “¿Y para qué voy a ver el Mundial?, ¿para qué sirve eso?”, me ha preguntado un amigo.
Sólo he pensado en Jorge Luis Borges y sus contundentes respuestas cuando le consultaron ¿para qué servía la poesía? “¿Y para qué sirve una taza de café?, ¿para qué sirve un amanecer?”, respondió el formidable escritor mediante expresiones con sabor a sentencia.
El Mundial, sirve para emocionarnos. Y nos emocionamos, porque necesitamos revivir cada día, y de esa forma, salvarnos del diario morir. Vivir en la indiferencia, es hacer de nuestra existencia un largo y aburrido viaje en tren.
Así que ha llegado el momento de la emoción, de ver a Ronaldinho probar que la realidad es más sorprendente que la imaginación, con sus geniales gambetas y esos goles que nadie pensó sería capaz de hacer.
De ver a Brasil con ese juego bonito que nos llena los ojos, pero manteniendo a salvo la victoria. O a Argentina con su expresión seria y orgullosa sobre el campo, en un afán de probar su autosuficiencia.
Y qué me dicen de los ingleses con esos atrevidos chavalos como Owens y Rooney, más la visión y sabiduría de Beckham, y la capacidad resolutiva de Chrouch, Lampard y el resto de artilleros que deben viajar largo en Alemania.
Me gustaría una final de Brasil contra Inglaterra, pero los mundiales no son programas de complacencias, así que vamos a ver qué nos tiene preparado.
Lo más importante es que habrá emoción en cantidades. Y tenemos que aprovecharla. No olvidemos que nuestra riqueza no radica en cuánto poseemos, sino cuánto saboreamos.
Y el Mundial está a la vista. Así que a disfrutarlo.