El nuevo desafío: la trazabilidad

En los últimos años, a consecuencia de las distintas crisis causadas por ingerir alimentos en mal estado, se ha incrementado la preocupación por parte de la población de consumir alimentos inocuos. Por tanto, el consumidor es ahora más exigente en cuanto a los procesos, e ingredientes, a que son sometidos y constituyen un producto alimenticio. […]

En los últimos años, a consecuencia de las distintas crisis causadas por ingerir alimentos en mal estado, se ha incrementado la preocupación por parte de la población de consumir alimentos inocuos. Por tanto, el consumidor es ahora más exigente en cuanto a los procesos, e ingredientes, a que son sometidos y constituyen un producto alimenticio.

Este comportamiento de los consumidores ha ocasionado que tanto el sector privado como el público, hayan establecido una serie de normas, regulaciones y controles. Estos consisten principalmente en contar con registros de las actividades que puedan afectar los alimentos, en cada uno de los distintos actores que participan en las cadenas de producción, distribución y comercialización de alimentos.

Por ejemplo, entre las disposiciones que se han implementado, se destacan la implementación de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), el Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP), entre otros.

En el caso del sector exportador Nicaragüense y tomando en cuenta los principales mercados destinos, se debe de tomar muy en cuenta la Ley de Bioterrorismo de los Estados Unidos y el Reglamento (CE) nº 178/2002 de la Unión Europea. En el primer caso, es de carácter obligatorio que las Instalaciones de Alimentos que exporten a los Estados Unidos, se registren ante la Agencia de Alimentos y Fármacos (FDA) y notifiquen previamente a la FDA, el envío de alimentos hacia dicho país. Por su parte, las regulaciones europeas exigen que en todas las etapas de la producción, la transformación y la distribución deban asegurarse la trazabilidad de los alimentos.

Como resultado de lo anterior y principalmente por las regulaciones emitidas por la Unión Europea, el término trazabilidad ha tomado un auge principalmente en los países desarrollados y será una exigencia para los distintos actores que participan en la cadena alimenticia y en particular al sector exportador de los países en desarrollo.

Por lo que es importante comprender el alcance de la trazabilidad. Esta se refiere a la capacidad de dar seguimiento e identificar mediante distintos métodos la información y el movimiento físico de los productos alimenticios, desde su origen hasta el momento que los consumidores ingieran dicho alimento. Es decir implica establecer registros de los procedimientos involucrados desde la compra de materia prima, los pasos requeridos para el procesamiento del producto e información relativa a los clientes, de cada uno de los operadores económicos y comunicar dicha información al siguiente eslabón de la cadena.

Por tanto, en el caso del sector exportador nicaragüense, a fin de cumplir con lo estipulado en la trazabilidad, requiere la integración de flujos de información como física del producto, por parte de los distintos participantes en cualquier cadena alimenticia. Lo cual constituye un reto tomando en cuenta, la falta de asociatividad y desconocimiento de las regulaciones en los mercados externos por parte de los productores, el escaso nivel de integración entre productores, acopiadores y exportadores, la inexistencia de un mecanismo estandarizado de información que entrelace los distintos eslabones de las cadenas agroalimentarias, entre otros.

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