Mamás antes de tiempo

Una decisión las llevó a dejar el tiempo de fiestas por horas de desvelo y sacrificios. Dos jóvenes que se embarazaron siendo adolescentes cuentan cómo ser madres les cambió sus vidas Cambio radical “Tu vida social se desvanece. Entrás a otra etapa donde tus amigos ya no están. Mientras unos entraban a la universidad yo […]

  • Una decisión las llevó a dejar el tiempo de fiestas por horas de desvelo y sacrificios. Dos jóvenes que se embarazaron siendo adolescentes cuentan cómo ser madres les cambió sus vidas

Cambio radical

“Tu vida social se desvanece. Entrás a otra etapa donde tus amigos ya no están. Mientras unos entraban a la universidad yo estaba entrando en un mundo de pañales, a una vida casera, en pareja, llena de responsabilidades”, reflexiona Esperanza Carlosovna López Chmirev.

Esperanza tiene 21 años. Su mamá es rusa y su padre nicaragüense. Tenía 17 años cuando salió embarazada de Anna Victoria Tinoco, su única hija quien el 19 de septiembre cumplirá cinco años. Esperanza trabaja como subgerente de ventas en Autonica. Hace dos años se casó con Víctor Tinoco, el papá de su hija.

Recuerda que cuando supo que estaba embarazada no sabía qué hacer, no se lo dijo a nadie. “Los primeros cuatro meses fueron horribles. Me sentía agobiada. Mi mamá estaba desempleada. No vivía con mi papá porque él tenía otra familia, el único sustento económico de la casa era mi padrastro. Sentía que iba a ser una carga para mi padrastro y mi pareja; además, no sabía cómo él iba a tomar la noticia de que iba a ser papá”, afirma Esperanza.

Como no tuvo achaques durantes los cuatro meses y la pancita no crecía mucho, nadie imaginaba que estaba embarazada. Su mamá fue la primera en sospechar, un día la llamó y le preguntó sin darle vueltas al asunto: ¿Estás embarazada? Esperanza se sintió entre la espada y la pared y no tuvo de otra más que decirle la verdad. “Mi mamá se sintió mal, pero nunca me rechazó”. Los varones de su familia no actuaron igual. Su hermano mayor por parte de madre no le habló un buen tiempo y tampoco su papá.

Durante su embarazo vivió separada de Víctor. Cada quien en casa de sus padres. “Queríamos vivir juntos pero en nuestra casa. El casado casa quiere. Además, en ese tiempo ninguno de los dos trabajaba”, explica Esperanza. La suerte le cambió después de dos meses que Anna nació.

Empezó a dar clases de francés e inglés por las noches; de seis a ocho. El haber estudiado la secundaria en el Colegio Nicaragüense Francés le ayudó mucho para desarrollar estos idiomas, aparte de haber recibido intensamente un curso de inglés.

Su esposo nunca la descuidó. “Mientras esperábamos el nacimiento de nuestra hija, unos abuelos de mi esposo le heredan un apartamento, lo terminamos de acondicionar y cuando la niña nació decidimos mudarnos”, cuenta Esperanza, quien no tuvo problemas durante su embarazo sino hasta el último mes, cuando supo que el cordón umbilical estaba enrollado en el cuello del bebé, entonces hubo que practicar cesárea. “No me compliqué sino que sufrí un poco de depresión, no sé como explicarla”, expresa Esperanza.

“La vida de una persona joven, con hijo y pareja es difícil. Tuve que aplazar para más tarde mis estudios universitarios. Tenía que trabajar para mantener a la niña. Entonces de día no podía estudiar. Luego encontré un trabajo de día, igual no podía estudiar de noche porque tenía que cuidar a mi hija, pasar más tiempo con ella, ahora que está más grande voy a iniciar mis estudios por las noches este 22 de mayo en la Universidad del Valle”, relata Esperanza, quien si todo va bien, en cuatro años se recibirá de abogada. “Uno tiene que aspirar a más porque la vida de mi hija es la que está en juego”, opina esta mujer optimista.

Ahora, Esperanza sabe a qué atenerse en una relación de pareja, siente la estabilidad de un hogar que ha construido con perseverancia, respeto y amor. “Tengo amigas que han salido embarazadas y no les ha ido igual que a mí. Tuve la suerte de encontrarme a un hombre responsable, cariñoso, buen padre y esposo; además, conté con el apoyo de mi madre”, reconoce esta joven mamá.

Hay un sueño que la llenaba de esperanza. Tenía planeado con su prima Bianca estudiar su carrera universitaria en París. Bianca viajó, Esperanza se quedó. “En ese entonces me afligí, pero nunca me pasó por la mente interrumpir mi embarazo, yo lo cambié (su sueño) por mi hija”, enfatiza esta joven mamá que gusta del fútbol.

El apoyo de la familia

Maricela Valentina Caldera Palacios acababa de cumplir 15 años cuando se enamoró y salió embarazada de la pícara Natalia Guadalupe Betanco Caldera. “Tengo que confesar que para mi mamá y mi papá fue un golpe duro porque yo acaba de cumplir quince años. Para mí también porque tuve que salirme del tercer año de secundaria y hasta después de dos años pude retomar los estudios”, afirma esta joven de Masaya, quien en la actualidad tiene 21 años.

Después de dos meses de retraso en su menstruación, Maricela sospechó que podía estar embarazada. Se hizo dos pruebas. La primera, de farmacia, cuyo resultado fue negativo. No confió en el resultado y se realizó un examen de laboratorio clínico el cual dio positivo.

“Lo que más me preocupaba era cómo le iba a decir a mi mamá y mi papá, pero en realidad eso era lo de menos, el problema radicaba en cómo iba a criar a mi hija. Me casé, al año me separé porque la relación no era buena, el amor se acabó. Por andar jugando a hacer cosas de grandes, la experiencia a esa edad y fuera de mi casa fue difícil, no es el mismo cuido que uno recibe,”, reconoce esta estudiante de segundo año de Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA).

Estando embarazada sufrió gastritis y bajó de peso, algo perjudicial en mujeres que esperan bebés. Algunas personas de su edad la rechazaban. A pesar de las complicaciones su hija nació sana, incluso, vino al mundo en parto natural. Después del parto Maricela se deprimió “porque el centro de atracción era la niña, no es que yo haya querido serlo, sencillo, me deprimí”, admite.

“Ser madre joven y soltera es difícil, mi vida sin mi mamá y mi papá hubiese sido díficil”, reconoce.

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