El apremio de la caridad

“Según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano, la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados”. (Benedicto XVI) Un periodista preguntó a Madre Teresa […]

“Según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano, la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados”.

(Benedicto XVI)

Un periodista preguntó a Madre Teresa de Calcuta por qué razón ella no se dedicaba a luchar contra injusticia social, la opresión, etc.

En un instante, la beata le respondió: “Eso que los hagan los políticos y ustedes los periodistas. Yo tengo que atender a mis pobres, enfermos y moribundos, y si no llego a tiempo ¡se me mueren!”

Muchas grandes obras no llegan a cristalizarse, quedan solamente en la mente de quienes las imaginaron o proyectaron, debido a no poner manos a la obra inmediatamente de haber sido pensadas, es decir, por postergar o dejar las cosas para más tarde. Al ser postergadores decepcionamos a muchos, nos vamos en promesas incumplidas, no hacemos lo que nos corresponde o se espera de nosotros. Tratándose de los más necesitados, el asunto resulta peor, pues la caridad apremia.

El que llora necesita ser consolado, fortaleciendo y ayudando en su problema, no precisamente cuando su situación no tenga remedio, sino cuando es posible hacer algo por resolverlo. Es en la hora del dolor, de la enfermedad, de la miseria, de la angustia, de la dificultad de cualquier índole, que hay que saber “estar”.

Saber estar en el hospital. Saber estar en la cárcel. En el momento y el lugar del “apuro” y el “aprieto” del otro. Decirle: “Aquí estoy, ¿en qué puedo servirte” y obrar en consecuencia, hacer algo concreto en su favor… por que, ¿cuántas veces pasamos indiferentes frente a la necesidad ajena luego de hablar minutos antes de amor, quizás de haber comentado la bella parábola del buen Samaritano? Los santos, como Madre Teresa, no teorizaron sobre el amor, actuaron en todo momento con amor… ¡Aprendamos la lección!

Religión y Fe

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