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MAYORGA Y ROSENDO ANTE EL MISMO RETO
¡Qué distante de los recursos boxísticos y el ímpetu a ratos avasallador de Rosendo Álvarez, y por supuesto también de la agresividad mueve montañas y capacidad para provocar repercusión de Ricardo Mayorga, se ve al leonés Adonis Rivas!
Pero tanto a Rosendo como a Mayorga, les ha hecho falta la humildad, dedicación y espíritu de sacrificio de Rivas, quien ha logrado excederse, sacándole el máximo provecho a sus discretas facultades, atrapando todas las oportunidades que se han aproximado a su ventana.
Rivas debe funcionar como ejemplo de que se puede conseguir “algo más”, empujando la adversidad contra las cuerdas, obligándola a salir huyendo, para poder avanzar con el pecho desnudo, los puños crispados y el corazón abierto.
Alexis, un espejo
Ahí tenemos a Alexis Argüello. De diferentes maneras, el espejo en que todos los atletas pinoleros deberían verse diariamente.
“Nunca necesité despertarlo para salir a correr, y siempre estuvo dispuesto a tomar una milla extra, entrenar unos rounds de sombra más, insistir en sacudir el costal agregando minutos, acostarse temprano y prepararse mentalmente, para subir al ring en plenitud”, dijo reiteradamente el competente adiestrador canalero Ramón “El Curro” Dossman.
Y Argüello se transformó en la más grande figura producida por el deporte pinolero, hasta aterrizar en el Salón de la Fama de Canastota, en Nueva York, sentado sobre una montaña de merecimientos.
Ser como Argüello es difícil, muy difícil. Él combinó magistralmente un esfuerzo titánico, una disciplina sin mácula, una humildad consistente, unas habilidades muy bien cultivadas y unas proyecciones siempre fortaleciéndose, para alcanzar esa grandiosidad que tanto nos ha enorgullecido.
A reconstruirse
Mayorga no está acabado. De ninguna manera. No alcanzó la dimensión que llegamos a creer podría convertir en algo real, porque se sintió en la cima del Everest quitando su cabeza del lugar correcto, subestimando preparación, relaciones y asistencia, y descartando la menor aplicación en el aprendizaje.
Fue víctima de una arrogancia típica en muchos peleadores callejeros, dedicándose más a hablar que a entrenar, sin considerar que, al carecer de técnica y no tener suficientes conocimientos, su éxito depende de una exuberante fortaleza para golpear y recibir.
Lo más complicado para Ricardo es transformar su mentalidad. Me cuesta resignarme a creer que no tiene un gramo de astucia para percatarse de lo que le conviene. Frente al semáforo en la esquina de un presente borroso, debe tomar la más importante decisión desde que salió de la oscuridad.
“Estas son las manos que sostienen una familia”, dijo su mamá Miriam Pérez. Ahora necesita una mejor cabeza para seguir haciendo útiles esas manos.
Todavía puede
Rosendo ha envejecido como es natural, pero todavía tiene qué ofrecer. A diferencia de Mayora, es un verdadero boxeador, capaz de ofrecer variantes de acuerdo al estilo de los rivales, y además un golpeador al cuerpo destructivo.
Si Adonis, con lo poco que tiene, se mantiene activo y en carteleras importantes, las posibilidades de Rosendo son superiores por los antecedentes que presenta, siempre útiles, sobre todo en un momento tan crítico como éste que atraviesa el boxeo.
No he podido entender, cómo alguien tan pequeño, con profesión boxeador, puede pesar tanto. Vi cómo un hombre con más estatura como Ricardo “Finito” López, supo manejarse convenientemente por largo rato en las 105 y en las 108 libras, a base de disciplina, adiestramiento continuado y una dieta bien elaborada.
¿Por qué no Rosendo? Porque sencillamente no supo estimarse a sí mismo, mayúsculo error, dado que en un deporte tan desgastante como el boxeo, el paso del tiempo parece acelerarse.
Hay espacio
Aún habiendo sido suspendido y multado por el resto del 2006, consecuencia del uso de diuréticos prohibidos, Rosendo puede reinventarse y continuar en acción por un par de años más, cabalgando sobre la experiencia acumulada y lo que queda de sus habilidades, aprovechando que hay muchos probables rivales inconsistentes, lo que le garantiza suficiente rentabilidad.
Claro, no se pretende volver a ver un Rosendo impactante porque sus mejores noches se han ido para nunca más volver, pero puede sobrevivir un rato sin niveles de deterioro tan preocupantes como los de otros púgiles que hemos visto entrar en etapa de desvanecimiento después de haber sido figuras cumbres. Las últimas peleas de Roberto Durán, por ejemplo.