La vida eterna es incluso más real que ésta

Querido Padre Alberto: Soy un hombre de 42 años que acaba de perder a su esposa. Ella falleció de repente debido a un ataque al corazón. Me siento destrozado, ya que fue el amor de mi vida; desde que éramos niños nos amábamos, nos casamos muy jóvenes y tenemos dos hijos preciosos. Mi casa se […]

Querido Padre Alberto:

Soy un hombre de 42 años que acaba de perder a su esposa. Ella falleció de repente debido a un ataque al corazón.

Me siento destrozado, ya que fue el amor de mi vida; desde que éramos niños nos amábamos, nos casamos muy jóvenes y tenemos dos hijos preciosos.

Mi casa se encuentra vacía, ella la llenaba toda con su presencia y su alegría. Los niños tienen 10 y 12 años, y no encuentro cómo decirles que no verán más a su madre.

Mis suegros me han dado mucho apoyo, están cuidando de los niños en estos momentos y tratando de llenar el vacío que dejó mi esposa. Ellos son muy buenos, pero un poco ignorantes, y constantemente le dicen a los niños que algún día nos reuniremos todos con ella. Mis hijos no entienden lo que ellos tratan de decirles, y yo no me atrevo a explicarles que sólo con la muerte es que podremos reunirnos.

Me gustaría que usted me orientara cómo debo hablarles a mis hijos de la muerte de su madre. Creo que aún son muy pequeños para entender la profundidad de esa partida tan repentina.

Mis amigos me dicen que debo salir a distraerme, pero yo no tengo valor para hacerlo, estoy muy deprimido y sólo deseo llorar.

Por favor, deme un consejo.

Alejandro, con el corazón destrozado.

Estimado Alejandro:

Tu pérdida es algo muy fuerte y se requiere tiempo y espacio para poder procesar tanto dolor. Las preguntas son muchas y las respuestas pocas. Esto también se aplica a tus hijos, aunque tú quisieras responderles todas sus inquietudes.

Tus amigos, naturalmente, quieren consolarte, pidiéndote que salgas y reconstruyas tu vida. Pero no es tan fácil. Es obvio que todavía no estás listo. Lo importante es no cerrarte en ti mismo. En eso sí tienen razón. Si nunca sales y nunca compartes con ellos, lo más natural es que te deprimas y llores a solas, lo que no es bueno para ti ni para tus hijos. Cuando te sientas listo, sería muy bueno que te abras a la vida y al amor. No hay nada peor que un viudo solo y peleón.

Creo que a los niños hay que hablarles de la muerte con claridad y sin tanto miedo. Es bueno que todos hablemos de la muerte y no le tengamos tanto “respeto” a un tema que es muy cercano y real. Además, en algún momento, todos vamos a tener que experimentar la muerte. ¿Por qué temerle tanto al tema?

Los niños saben y escuchan sobre la muerte, ya sea la de padres y madres, de sus amiguitos o hasta de una mascota. Ellos viven en el mundo real y no podemos pretender que no saben o no entienden.

Tus suegros quieren explicarles a ellos el concepto del “'cielo”' o la vida eterna. Esto no es ignorancia: es fe. Ellos creen lo que ha sido revelado por Dios en las Sagradas Escrituras. Te aseguro que la vida eterna es tan real, o incluso “más real” que ésta. Sólo nos falta creerlo.

Un abrazo,

Padre Alberto

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Rev. Padre Alberto Cutié

Radio Paz 830 AM

PO BOX 421500

Miami, Fl 33142

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