- En un país en el que los atletas no son propiamente dignos de ser imitados, Luis Pérez, un muchacho del barrio Las Praderas, de Managua, emergió como un deportista distinto: sencillo, humilde, bien portado, mientras mostraba una indiscutida calidad como boxeador, pero de pronto, su nombre empezó a aparecer más en las secciones de sucesos de los periódicos por sus continuos problemas, que en Deportes por sus hazañas sobre el entarimado. Eso ha cambiado ahora.
luis pérez, campeón mundial de boxeo
Luis Pérez tiene una corona mundial de boxeo, se mueve en un Mustang deportivo de seis cilindros, la gente lo reconoce en la calle y ya tiene su lugar en la historia deportiva de nuestro país.
Pero su gran batalla, su lucha más importante, que es contra la pobreza, aún no termina de ganarla.
“No estoy como me gustaría estar”, dice sin amargura, pero con insatisfacción en su voz, este hombre de pocas palabras, que se expresa mejor sobre el ring con sus guantes y esa poderosa pegada que lo ha convertido en el monarca de las 115 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).
A Luis lo encontramos en el Gimnasio Alexis Argüello. Recién ha terminado una sesión de entrenamientos. Suda de forma copiosa. Luego se da un baño y tras vestirse, extiende una toalla en las gradas metálicas próximas al ring side y se acuesta. Va a dormir, pensé.
De pronto, Ramón “El Chino” Gutiérrez, su entrenador, se aproxima con una jeringa y lo inyecta. “Son vitaminas”, explica Gutiérrez. Y ante nuestra sorpresa afirma que “los inyecto a todos. Ya tengo práctica. A mi esposa y a mis hijos, yo los inyecto y nunca ha habido problema”.
Así las cosas, no cuesta mucho entender de qué habla Pérez cuando dice que no está como le gustaría. Ganar un título ha sido en muchos casos, sinónimo de fama, popularidad y el escape de la pobreza. Para él, no.
Luis se convirtió en monarca mundial el 4 de enero del 2003 en Washington, tras vencer al venezolano Félix Machado mediante una decisión unánime. Desde entonces, sólo ha peleado dos veces y el dinero comienza a escasear en la casa. Y lo más dramático, es que se trata de un buen peleador.
¿Cómo fue tu vida cuando niño, qué es lo que más recordás de esa etapa?
Mi infancia fue dentro de la sencillez que tiene toda familia pobre, nunca nos faltó el pan de cada día, pero vos sabés, uno crece con muchas limitaciones producto de la pobreza. Nací en el barrio donde vivo, en Las Praderas, que es cerca del Reparto Schick.
¿Qué hacías entonces, cómo te divertías?
Jugaba casi todos los deportes con mis amigos en la calle, pero sobre todo me llamaba la atención el futbol, un deporte que incluso ahora juego. Pero en esos primeros años, el boxeo no estaba entre mis deportes favoritos.
¿Cuándo es que el boxeo te atrapa?
Cuando mi hermano Miguel decide hacer carrera como boxeador. Para esa época, yo ya tenía 14 años y recuerdo que nos veníamos a pie desde la casa, hasta el gimnasio de la Policía Nacional. Yo le cargaba el bolso a Miguel y empecé a entusiasmarme al ver que él estaba en la Selección Nacional de Boxeo amateur.
¿Ahí decidiste hacerte boxeador?
Sí. Lo primero que me dije fue, ‘yo quiero ser como Miguel’. Quería ser de la selección y representar a Nicaragua. Esa era mi máxima aspiración.
Pero, ¿Miguel no fue propiamente un buen ejemplo para vos?
Sí lo fue. Gracias a él me metí al boxeo y me sirvió ver que no progresó porque no se cuidó. Fue como un espejo para mí. Entonces yo me dije que trataría de ser diferente a Miguel, a quien sin embargo, le agradezco mucho. Pienso que si ha sido una persona correcta en su comportamiento, hubiera sido campeón del mundo.
Decís que lo máximo era la Selección Nacional. ¿No pensaste en llegar a Campeón del Mundo?
Sinceramente no. Nunca pensé en eso.
¿Cuándo es que te percatás que podés ser algo más que un seleccionado?
A mí me decía mi primer entrenador, Félix Espinoza, que yo tenía material para llegar largo, pero un día escuché a Alexis Argüello decir que yo podría llegar a ser campeón mundial y fue hasta ese momento cuando ya comencé a imaginar eso.
¿Pero no te tomó por sorpresa ganar el campeonato ante Félix Machado?
No porque ya había realizado varias peleas en las que me fui dando cuenta que tenía una buena pegada y que podía lucir bien en cualquier escenario, pero cuando gano el título, no lo podía creer. Y cuando vengo al barrio, me parecía mentira ver a tanta gente en la casa tratando de saludarme.
¿Fue toda una romería?
Así es. Y todo se debió a que nosotros somos una familia de 12 hermanos, que nos llevamos bien con todos los vecinos y que aún cuando yo soy campeón mundial, nunca hemos andado con fachentadas ni nada. Somos una familia sencilla.
¿Y cuándo chavalo, qué tanto peleaste en la calle, te defendías a los puñetazos?
Cuando me provocaban los chavalos en el colegio, me defendía. Con los que me agarré, les gané, pero luego venía el profesor y nos castigaba. No fui un pleitisto, pero no me negaba si tenía que fajarme con alguien.
¿Y en la escuela hasta dónde llegaste?
Hasta primer año de secundaria. Me hubiera gustado seguir, pero el boxeo me atrapó y decidí dedicarme de lleno. Mucha gente cree que esto (el boxeo) es suave, pero tenés que hacer muchos sacrificios para poder salir adelante.
¿Y ha valido la pena todo el sacrificio?
Claro que sí. Muchos jóvenes se dedican a practicar boxeo y muy pocos tenemos el chance de ser campeones mundiales. Lo que es frustrante, es que no he conseguido la mayoría de cosas que consiguen los campeones.
¿Cómo qué?
Las comodidades económicas que te permiten boxear continuamente. Yo peleo una vez al año, no tengo patrocinador y las bolsas no son las mejores. Yo espero que Don King me dé más peleas. Yo quisiera pelear unas tres veces año. Sólo así podré salir adelante y sacar a mi familia de la pobreza.
¿Y sabés cuál es la causa para tanta inactividad?
No lo sé. Hay muchas versiones, pero en cuanto tenga la oportunidad de hablar con la gente de Don King, voy a suplicarles que me den más peleas. Yo sé que tal vez no soy el mejor boxeador, pero he hecho buenas presentaciones y merezco más chances.
¿Has pasado apuros económicos?
Los estoy pasando.
También se ha mencionado tu nombre en problemas fuera del ring. ¿Eso es verdad?
Sí, es cierto. Me he equivocado. Yo he querido ser un ejemplo para los jóvenes, pero me he equivocado. Y no voy a justificar nada, pero pasar tanto tiempo sin pelear, frustra y uno va a dar su vuelta y a veces se te va la mano en la diversión y se mete a dificultades.
Ya salías más en las secciones de sucesos, que en las de deportes…
Es cierto, son experiencias que uno va teniendo en la vida y que te hacen reflexionar sobre la gente con la que debés andar. Pero la verdad, he querido ser un ejemplo y voy a seguir luchando para serlo. Tuve un choque en el cual un taxi se me cruzó y otros acontecimientos en los que se comprobó que yo no había cometido ningún delito, pero a uno le da vergüenza que lo mencionen en esas cosas, así que ahora mi meta es mejorar en todo.
Ya veremos si lo consigue. Pérez ha lucido también, pero de forma tan distante, que muchas publicaciones han hablado de él como el cometa Halley, impresiona cuando pelea, pero pelea a los tiempos.