- Un combate de una sola cara
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ARCE MOSTRÓ PODER Y SEPULTÓ A ROSENDO
Enviado Especial/ Las Vegas
¿Alguien se imaginó a Rosendo Álvarez doblar su rey tan temprano? Ni el más profundo conocedor en materia de boxeo hizo este tipo de cálculos. Todos creíamos que el aguerrido peleador que logró dos coronas mundiales iba a brindar una auténtica batalla frente a un rival lleno de vitalidad y poder en sus nudillos. Sin embargo, lo del sábado en el Thomas & Mack Center nos tomó por asalto.
Ver un primer asalto con buen movimiento de Rosendo y con buen castigo a la humanidad de Jorge “Travieso” Arce hizo crecer esperanzas en muchos nicaragüenses que fueron testigos a través de la televisión de eso. Fue un round hasta cierto punto maravilloso, como si se tratara de una pequeña muestra de la grandeza boxística que ya es parte de la historia.
Sus golpes fueron con la autoridad necesaria y el azteca se percató de eso, sin embargo, fue el único chispazo en toda la pelea, que al final terminó por nocaut en el sexto round por un explosivo gancho de izquierda que el mexicano asestó en el hígado de Álvarez.
INICIO DE LA DESTRUCCIÓN
Era y fue difícil para Rosendo navegar contra la corriente, era como intentar correr más que el tiempo, oponerse a la misma naturaleza y eso sólo Dios es capaz de hacerlo.
En el segundo asalto el mexicano salió aferrado a lo que siempre pensó que lo sacaría a flote, su demoledora pegada. Sus descargas comenzaron a explotar en la parte baja de Álvarez, lo cual fue una de las orientaciones de su esquina, donde estaban seguros que tarde o temprano el nica cedería, porque su mala preparación quedó evidenciada desde el mismo día del pesaje oficial, cuando “El Búfalo” marcó 115 libras.
En ciertos momentos del segundo asalto se dieron buenos intercambios, pero el “Travieso” fue más allá, sediento de gloria, de saciar ese odio que nació y se desarrolló a finales del año pasado en México.
Llegó el tercer round y el azteca siguió en su línea de pelea, con abundancia de puñetazos a los diferentes sectores del cuerpo, mientras la superioridad en relación de golpes era evidente.
Más rápido, fuerte y agresivo se vio Arce, por su parte Rosendo apeló a su veteranía para salir ileso, pero sus movimientos se volvían lentos, no había piernas ni fortaleza, quizá corazón, ¿pero qué hacer si el aire le empieza a faltar?
Ambos asaltos fueron ganados por el campeón mundial interino de las 112 libras.
LA CAíDA Y EL ADIóS
Cuando inició la cuarta vuelta, el panorama se iba poniendo oscuro y Rosendo podía sentir el frío en medio de la agitación.
¿Qué hacer frente a ese toro que no cede?, quizá se preguntó el pinolero. La verdad es que nada se podía hacer.
Arce y sus travesuras mantuvieron firme como una roca su ataque. Álvarez dio algunas ripostas, no obstante, ya su defensa e intentos de sortear el castigo eran débiles.
En el quinto, Arce no dejó escapar a su presa y aunque Rosendo apelaba a su astucia, su inferioridad lo hacía lucir muy mal. Era preocupante, un sentimiento nos cubrió a todos.
La obra maestra fue terminada en el sexto round, cuando un gancho de izquierda al hígado sepultó a Álvarez. Desde que el azteca lo vio caer, se dio cuenta que ya no iba a levantarse y empezó a celebrar su victoria.