- Dice que el magistrado electoral es una “pesadilla política”
El aspirante a candidato presidencial por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Enrique Quiñónez, brindó ayer un discurso propio de su antiguo programa televisivo Fuego Cruzado, en su cierre de campaña partidaria.
Ante un grupo de personas que colmó la mitad de la cuadra frente a la sede del PLC en Las Palmas, Quiñónez habló fuerte en contra del disidente Eduardo Montealegre, del presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) Roberto Rivas, del presidente de la república Enrique Bolaños, y del líder sandinista Daniel Ortega.
Justificó su discurso confrontativo aduciendo que “el mal se ataca con el bien, la hipocresía con la verdad y la cobardía con la valentía”.
Aunque Quiñónez dijo tener una propuesta de gobierno especial para cada departamento del país, su “receta” se basó en derrotar a Ortega en las elecciones generales del 5 de noviembre.
Planes de venganza
Tras mostrarse incómodo por no haber alcanzado la presidencia de la Asamblea Nacional en enero pasado, dijo que cuando él sea Presidente de la República, si los liberales obtienen más de 56 diputados en el parlamento, “no va a haber más chantajes, y no le vamos a dar al Frente Sandinista (cargos) ni de CPF (guarda de seguridad) de ninguno de los poderes del Estado”.
El diputado cree que puede alcanzar la Presidencia con el voto de 100 mil personas (5 por ciento de votantes), entre “democráticos y antisandinistas”.
contra Roberto rivas
Pero aseguró que antes montará una campaña contra Roberto Rivas, a quien tildó de “pesadilla política”, porque “con Quiñónez todo es por las buenas o por las malas”.
El diputado liberal añadió que cuando gane la Presidencia de la República, Arnoldo Alemán estará a su lado, y de no ser posible, lo primero que hará será visitarlo, donde se encuentre, con la banda presidencial.
El discurso lo pronunció con dos horas de retraso, sin ningún liberal de importancia presente, con poca asistencia y la pérdida de su celular entre los asistentes, el que después recuperó a cambio de cuarenta dólares.