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NIÑOS ANTE EL ADIÓS ETERNO

Para los niños es difícil entender la muerte de un ser querido. ¿Cómo deben explicar los padres el duelo? [doap_box title=»Qué tipo de ayuda puede buscar» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] 1.- Terapia cognitiva: consiste en aclarar mitos, fantasías y falsas creencias acerca de la muerte. 2.- Terapia conductual: a través de técnicas de modificación conductual se tratan […]

  • Para los niños es difícil entender la muerte de un ser querido. ¿Cómo deben explicar los padres el duelo?
[doap_box title=»Qué tipo de ayuda puede buscar» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

1.- Terapia cognitiva: consiste en aclarar mitos, fantasías y falsas creencias acerca de la muerte.

2.- Terapia conductual: a través de técnicas de modificación conductual se tratan las alteraciones de la conducta infantil.

3.- Terapia familiar: trabaja en la elaboración del duelo sano, aceptar las emociones que se viven en relación al fallecido y manejo adecuado de la culpa.

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La pérdida de un ser querido supone un cambio emocional para cada persona pero muchas veces pensamos que sólo los adultos sufrimos esa pena, relegando a los niños a un segundo plano.

Para la sicóloga Eudilia Molina, el duelo es un sentimiento que no se puede medir ni siquiera subjetivamente, ya que es algo que se siente.

La licenciada Auxiliadora Castro, sicóloga de la Clínica de Climaterio y Menopausia, señaló que la muerte de un ser querido para un niño, puede causar reaccciones diferentes a la de los adultos, ya que cada uno tendrá una percepción distinta, dependiendo de la edad.

“Los niños en edad escolar creen que la muerte es algo reversible, fundamentados en lo que ven en los dibujos animados, donde sus personajes favoritos nunca mueren, en cambio los niños entre cinco y nueve años tienen mayor noción de lo que pasa, pero ni siquiera les pasa por la mente que ellos o alguien querido pueda morir”, señaló Castro.

Aunado al dolor del niño por la pérdida sufrida, se suele añadir la falta de atención que le dan los adultos, ya que ellos están viviendo su propio dolor. Según Castro, es normal que las semana siguiente a la muerte, muestren tristeza o crean que la persona va a regresar.

Molina señaló que es muy importante que los padres vayan preparando a los niños cuando saben que en la familia habrá una pérdida pronto, por la enfermedad de algún familiar.

“Muchas veces el niño puede sentirse culpable por la muerte de su ser querido, porque quizás alguna vez él lo deseó”, comentó Castro.

Uno de los signos de alarma que usted puede identificar en caso de que un niño esté siendo severamente afectado por la ausencia de esa persona es la negación de la muerte a largo plazo o la privación de expresar sus tristezas.

Según Castro, entre las reacciones que puede tener un pequeño ante la muerte —especialmente cuando la persona era esencial para su estabilidad— es la ira, la cual se puede manifestar en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad o variedad de comportamientos diferentes a los habituales o manifestaciones de enojo hacia los sobrevivientes.

Otras de las reacciones después de la muerte del padre o de la madre para los niños pueden ser las regresiones a una edad más temprana, depresión durante la cual se pierde el interés en sus actividades diarias, insomnio, pérdida del apetito, miedo a estar solo, aislamiento y deterioro pronunciado en sus estudios.

Castro aconseja que cuando algunas de estas señales se dan por periodos prolongados, lo mejor es buscar ayuda profesional.

Por su parte, Molina recomienda que la persona más cercana al niño le hable sobre el ser que ha fallecido y trate de eliminar cualquier sentimiento de culpa.

Otra de las formas de ayudar a los niños es modelando conductas, decirles siempre la verdad y ayudarles a realizar actividades como juegos, pintar y escribir.

Los niños y su percepción de la muerte según la edad

Para Castro, los niños que están entre cero y tres años no comprenden lo que es la muerte pero absorben lo que hay a su alrededor, así que pueden sentir que hay excitación, tristeza en la casa y que falta alguien. Ante esta situación pueden presentar cambios en el apetito, lo cual puede darse porque los adultos están enfrascados en su duelo y se olvidan del pequeño. Lo mejor para ayudarlos es mantener la rutina en cuanto sea posible, ya que en ese momento el niño va a depender del cuidado físico, del afecto y la seguridad que proporcione la familia.

Cuando tienen entre tres y seis años, piensan que la muerte es reversible, temporal, creen que la persona volverá, tienen un pensamiento mágico y lo que es peor, ven la muerte como un castigo por su mala conducta, además se sienten gravemente afectados por el estado emocional de los padres.

Según Castro, en estos casos, sus reacciones pueden ser conductas regresivas, dificultad para hablar o exteriorizar sus sentimientos e ira, también puede presentarse tristeza por periodos muy cortos, evaden la situación mediante juegos, presentan síntomas somáticos (dolor de cabeza, vómito, deseo de afecto y contacto físico) y pueden enfrentar un cuadro de ansiedad.

Uno de los consejos de Molina es hablar con los niños acerca de la muerte desde muy temprana edad, como algo natural, sin miedo.

Otra de las formas de apoyarles durante el duelo es brindando la oportunidad de participar en diferentes actividades y juegos, ayudarlos a enfrentar sentimientos, leer libros juntos sobre la muerte y explicar en formas sencillas lo que ocurrió.

Los errores que pueden cometer los padres o las personas cercanas al niño que está sufriendo un duelo, es ser impacientes con sus reacciones, usar frases como, “al menos tenés otro hermano” u “otro amiguito”.

En caso de que el niño haya perdido una mascota muy querida, está mal decirle: “podemos conseguir otro perro”, “está durmiendo”, “se fue al cielo”.

De seis a nueve años, el niño empieza a entender el carácter terminal de la muerte, teme que la muerte sea contagiosa y que otros seres humanos se puedan morir, conecta la muerte con violencia y piensa que hay tres categorías de personas que mueren: los viejos, los incapacitados y los torpes. Las reacciones a esta edad son mayores, aumenta su agresividad, sus síntomas somáticos son mayores y tiene fobia a la escuela.

En estos casos lo que puede hacer es hablar con el niño, identificar temores específicos, jugar y dibujar, hacerle saber que los sentimientos son normales, hablar sobre las percepciones, ayudarlos a controlar impulsos, apoyarlos para que mantengan pensamientos positivos sobre la persona muerta y, sobre todo, evitar decir “no debes llorar” o “eres fuerte”.

De nueve a trece años, se preocupa por que su mundo cambiará, ya no hace pregunta, no está dispuesto a abrirse a los demás, sus reacciones son retardadas, puede iniciar a interesarse por actividades espirituales, sentir fobia a la escuela, aumentar sentimientos de ira y culpa, estar consciente de su propia muerte.

De los 13 a los 18 años, concibe la muerte como una interrupción, aumenta su vulnerabilidad debido a los cambios que ha tenido, toma más riesgos para satisfacer su ansiedad o retar al destino, puede fantasear o mostrarse indiferente a la muerte de alguien para ocultar sus miedos.

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