Los nicas que habitaban el asentamiento La Managüita, no tienen en donde refugiarse. (LA PRENSA/ J. BRAVO)

Sigue el desalojo y algunos nicas aceptan regresar

CORRESPONSAL/ COSTA RICA Otro viernes de tristeza, lágrimas y dolor se vivió ayer en el asentamiento conocido como La Managüita, cuando unas 190 familias fueron desalojadas por la Policía de este asentamiento habitado en su mayoría por nicaragüenses. Con la expulsión de decenas de niños, mujeres y ancianos indefensos, se concluyó con el tercer desalojo […]

CORRESPONSAL/ COSTA RICA

Otro viernes de tristeza, lágrimas y dolor se vivió ayer en el asentamiento conocido como La Managüita, cuando unas 190 familias fueron desalojadas por la Policía de este asentamiento habitado en su mayoría por nicaragüenses.

Con la expulsión de decenas de niños, mujeres y ancianos indefensos, se concluyó con el tercer desalojo de este asentamiento, ubicado sobre lotes municipales, quedando pendiente el desalojo de más de cien familias para el próximo viernes.

La escena de ayer fue mucho más conmovedora que las vistas en los primeros dos desalojos. Eran más evidentes los rostros tristes de mujeres afectadas, que a veces se arrugaban cuando el sol se reflejaba en sus frentes, peor aún cuando el polvo levantado por la destartalada madera se mezclaba con el sudor y las lágrimas.

También se observaron ancianos y niños inocentes con caras sonrojadas, evitando el sol después de quedar sin techo. Los desalojados, que ya eran pocos porque la mayoría de los notificados se había marchado, se consternaban al no poder encontrar respuestas a sus múltiples intentos de frenar lo que ayer se vio.

También hubo angustia de algunos que ayer no tenían techo donde pernoctar, según la nicaragüense Isabel Álvarez. Fue una imagen dramática que transitaba entre el dolor de los afectados y el placer de la Policía por cumplir “con el deber”, sin tener compasión por los desamparados.

“Nosotros queríamos que el Gobierno nos trasladara a una nueva vivienda. No se pudo, todo lo dejamos en manos de Dios”, dijo Dinorah Hernández, presidenta de la asociación Nueva Esperanza.

Hernández, con respaldo de organizaciones comunales y el Fondo Latinoamericano de Desarrollo (Folade), acudieron a la Sala Cuarta Constitucional, al Consulado de Nicaragua y a la Defensoría de los Habitantes en busca de frenar el desalojo, pero legalmente no obtuvieron respuesta.

“Ni eso, ni la carta de una niña al Ministro de Seguridad, que decía que se quedarían sin casa y sin escuela, pudieron frenarlo”, dijo Edgard Zurita, presidente ejecutivo para Latinoamérica de Folade.

Junto al drama humano, ayer también fue más evidente una mayor presencia policial, pues se sospechaba que habría violencia (que al final no hubo), aunque la presencia de uniformados siempre crea tensión, según la nicaragüense Álvarez.

En el desalojo de ayer también hubo inconformidad con el poco respaldo que los precaristas han tenido del Gobierno de Nicaragua, según algunos nicas consultados, así como descontento con el Instituto Mixto de Ayuda Social que no ha sido equitativo en la distribución de la ayuda económica.

A Dinorah Hernández le provoca suspicacia que además de La Managüita, esta semana ocurrieron tres desalojos más en asentamientos de San José, Pérez Zeledón y Alajuela.

“Da la impresión de que el Gobierno y las municipalidades afines a Óscar Arias (presidente electo) están limpiando todo antes que asuma Arias, para evitarle en su Gobierno este tipo de problemas”, indicó la líder comunal.

En cambio, Edgard Zurita piensa que por medio de su misión diplomática en Costa Rica, Nicaragua no tiene una respuesta concreta a este tipo de problemas y “ha faltado sensibilidad social”, sobre todo porque en al menos otros cuatro asentimientos donde habitan nicaragüenses, hay órdenes de desalojo pendientes.

El cónsul general Armando Arana ha explicado que han mediado con las autoridades costarricenses y que están en contacto con los afectados.

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