- Premier israelí gana simpatías de derecha por asalto a cárcel palestina
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PARIS/ AFP
La operación militar israelí en la cárcel de Jericó (Cisjordania) reconcilió al primer ministro Ehud Olmert con los electores de derecha a 15 días de los comicios legislativos y mostró la impotencia del presidente palestino Mahmud Abbas a la hora de garantizar la seguridad de su pueblo.
Para un político como Olmert, un hombre sin pasado militar y que parecía estar dispuesto a hacer algunas concesiones a los palestinos, el asalto a la cárcel de Jericó esta semana, que tuvo por fin la captura de uno de sus presos, Ahmad Saadat, considerado por Israel el artífice del asesinato de un ministro en 2001, tiene una importancia electoral clave.
“A dos semanas de las elecciones, el sustituto del ex primer ministro Ariel Sharon parece multiplicar sus guiños hacia el electorado de derecha para ganar votos que podrían ir a parar a su antiguo partido, el Likud”, afirman analistas del diario francés Liberation.
Efectivamente, dos días después de esta operación, los sondeos otorgan a su partido, Kadima (centro), 39 escaños de un total de 120, seguido de los laboristas con 19 y el Likud (derecha nacionalista) de Benjamin Netanyahu, con 15.
La captura del dirigente palestino y las fotografías humillantes de presos y soldados semidesnudos y con las manos sobre la cabeza ante los soldados israelíes, cambian totalmente la imagen que ofreció Olmert en los primeros días de su gestión, cuando decidió desmantelar varias colonias construidas sin autorización, ante las críticas de la derecha.
“No hay que engañarse: el programa diplomático de Kadima se reduce a una dominación directa por parte de Israel de la mitad de Cisjordania y la división del resto en cantones”, aseguró el analista israelí Ze'ev Sternhell.
Por otra parte, la demostración de fuerza israelí en Jericó, que no fue condenada ni por Londres ni por Washington, corre el riesgo de aumentar la frustración en los territorios palestinos, bloqueados económicamente en castigo por haber votado “mal” en enero, cuando el movimiento islámico radical Hamas ganó las legislativas.
“Jericó marca un nuevo episodio en la destrucción de una Autoridad Palestina en quiebra, privada por Israel del dinero que le corresponde por ley y que sirve principalmente para hacer funcionar escuelas y hospitales”, denunció la diputada palestina Hanan Ashrawi.
En el fondo, la pregunta de cualquier observador es cómo pueden ser compatibles las exigencias formuladas a los palestinos para que desmantelen sus estructuras terroristas y los ataques de Israel en zonas consideradas teóricamente autónomas, es decir, bajo control palestino.