Ricardo Guerrero [email protected]
Les llaman expresos, pero la verdad es que se detienen cada dos cuadras. En ellos los pobres pasajeros viajan como sardinas enlatadas o amontonados como leña, y por si fuera poco aguantando los insultos de los ayudantes y choferes cuando se les reclama por el mal trato. ¿Y a este servicio se le llama expreso?
La verdad es que viajar en uno de esos mal llamados microbuses expresos que cubren la ruta Jinotepe-Managua, incluidos los de San Marcos y La Concepción, es una tortura. Me decía un pobre usuario de este servicio de transporte que muy bien sabe que sus derechos como consumidor son atropellados cada vez que suben a un nuevo pasajero cuando ya no queda en el vehículo ni un milímetro de espacio.
Las concesiones otorgadas por el Ministerio de Transporte (MTI) determinan a sus dueños que el servicio es “expreso”, sin hacer una sola parada en la ruta, pero de más está decir que van montando pasajeros en el camino.
Es bien sabido que estos microbuses tienen la capacidad para 14 pasajeros, sin embargo los dueños de los mismos se las ingenian para correr los asientos hacia atrás y agregar una banca o, en algunos casos, cojines sobre el motor e introducir de esa forma a unas cuatro personas más, lo que obliga al cobrador a ir con la puerta abierta y guindado como “mono” exponiendo la vida de los pasajeros que se encuentran a la orilla de la puerta.
Y los usuarios, por no tener otra forma de transporte, nos vemos en la “sin remedio” de poner nuestras vidas en las manos de estos “empresarios”.
El anuncio del MTI de “poner en cintura” a estos transportistas, quienes, en más de una ocasión han causado muchos accidentes, quedó en promesas.
¿Qué pasa? ¿Será que los inspectores del MTI cobran su “coima” por no detener a ninguno de estos transportistas? Es lo más lógico.
¿Y la Policía? Me imagino que también hace lo mismo.
Estos señores hacen lo que quieren con la población, pues cuando miran que la “pichada”, como vulgarmente le llaman, está pésima, algunos, por no decir todos, ya no regresan a Managua y dejan a muchos usuarios esperando y con la única opción de tener que pagar a un taxista hasta doscientos córdobas, simplemente porque a los señores dueños de estas unidades se les antojó no hacer la última vuelta, porque supuestamente, no les resulta. ¿Acaso a los usuarios sí les resulta pagar a un taxista para llegar a sus casas?
La queja más recurrente de los usuarios es que viajan “apiñados”, sobre todo en horas de la noche, cuando los ayudantes, con el consentimiento del chequeador e incluso de los inspectores del MTI, acomodan a cuatro personas, cuando la capacidad de los asientos es para tres.
El colmo es que muchas veces los transportistas le dicen al usuario que acaban de maltratar que si quiere viajar “cómodo” que compre su vehículo.
Una solución a esta problemática podría ser la eliminación de todas estas cooperativas de transporte y que el MTI tome el poder del transporte urbano e interurbano. De esta forma se tendría el poder absoluto sobre el transporte, que sería estatal, pudiendo controlar estrictamente las condiciones de las unidades y de los operarios.
Los “padres de la Patria” bien podrían emitir leyes a favor del usuario. Así tal vez evitaríamos accidentes, unidades chatarras, cobradores y conductores irresponsables ya que este negocio funciona al gusto del conductor y su cobrador. El pasajero está relegado a pagar y persignarse, esperando llegar vivo a su destino.
El autor es periodista.