El cubano Camilo Pascual fue uno de los abridores en el juego inaugural de las luces en el Estadio Nacional. (LA PRENSA/ARCHIVO)

Y se hizo la luz… hace 49 años

Edgard Tijerino [email protected] ¿Cómo olvidar aquella noche del 16 de febrero de 1957? Unos 22 mil aficionados se encontraban en ese “Coloso de Concreto” que era el Estadio Nacional, gimiendo en la oscuridad, cobijados por la más pura emoción. Por vez primera, se jugaría pelota con luces de los bombillos. A los 13 años, yo […]

Edgard Tijerino [email protected]

¿Cómo olvidar aquella noche del 16 de febrero de 1957?

Unos 22 mil aficionados se encontraban en ese “Coloso de Concreto” que era el Estadio Nacional, gimiendo en la oscuridad, cobijados por la más pura emoción. Por vez primera, se jugaría pelota con luces de los bombillos.

A los 13 años, yo estaba ahí, de la mano de mi padre, con dos de los 20,548 boletos que se vendieron, y que dejaron 155 mil 101 córdobas en taquilla. Cuando se hizo la luz, todo nos pareció resplandeciente.

Era un sábado, y el sol no se ocultaba todavía cuando avanzábamos hacia el Estadio, escuchando las canciones que sonaban en las roconolas de cada salón cervecero que se encontraba en el trayecto.

Un big leaguer, Camilo Pascual, fue el pitcher abridor por las Estrellas de Emilio Cabrera, quien fue manager del Cinco Estrellas. Pese a ser perdedor de 18 juegos en la temporada de 1956 con los agujereados Senadores de Washington, Pascual seguía siendo considerado un tirador de grandes proyecciones, y lo demostró llegando a ganar 20 juegos en dos ocasiones.

Por el Cinco Estrellas de Nicaragua, Alejandro “Toro” Canales, el exuberante vencedor de Cuba en la Serie Mundial de 1952, quemando sus últimos cartuchos en el inicio de nuestra pelota profesional, fue la escogencia del manager Stanley Cayasso, para intentar fajarse.

Todos queríamos ver a Willie Miranda, el short de los Orioles, limitado a 124 y 100 hits en las campañas del 55 y el 56, pero un producto de la fantasía como fildeador, que había estado con los Yanquis en 53 y 54. En ese infield, Willie funcionaba con Amado Ibañéz en segunda.

Y estaba Edmundo “Sandy” Amorós, el guardabosques de la monumental atrapada en la Serie Mundial de 1955 jugando para los Dodgers de Brooklyn, y también Tony Taylor, quien debutó en 1958 con los Cachorros de Chicago, tenía 22 años, y Carlos Paula que se había despedido de los Senadores después de haber estado tres temporadas intentando convencer, y el fiero Panchón Herrera, sometido a observación por los Filis, quienes finalmente le abrieron espacio durante las campañas del 58, 60 y 61, para verlo conectar 31 jonrones.

Consideren un equipo con esa “armadura” y el hecho histórico de ver el primer juego con luz artificial. Eso explica el alboroto mayúsculo provocado en aquella Managua con cara difícilmente maquillada de pueblo grande, polvoriento, pero con mucho aliento.

Los cubanos ganaron fácilmente 14 por 1 con una ofensiva de 18 cohetes, que incluyó jonrones de Ángel Scull y Enrique Izquierdo. ¡Qué importaba el marcador! Un line-up cargado de peloteros Triple A y algunos big leaguers, era demasiado para los Tigres que produjeron su único rugido en el cuarto inning. Eduardo Green conectó un doble contra Pascual, y Momo Niño Obando continuó con hit impulsador.

Pascual ponchó a nueve bateadores en las siete entradas que lanzó. Lo relevó Julio Guerra, quien después de dominar a Argelio Córdoba con roletazo a tercera en el octavo, ponchó consecutivamente a Fito García, Eduardo Green, Momo Niño, Pedro Naranjo y Ken Taylor, para cerrar el juego.

Puedes resumir esa noche con números, con palabras, cerrar tus ojos y ver cuáles imágenes congeladas aparecen en la pantalla de tu cerebro, y por supuesto, queda el recuerdo imperecedero, ese que puede desvanecerse ligeramente, pero nunca se va.

Lo comprobamos hoy, 49 años después.

UN TRIPLE PLAY

El infield nica realizó un triple play en el octavo inning. René “Látigo” Gutiérrez, un pitcher bateando como emergente por Pascual, conectó hit y Scull fue boleado. Willie Miranda bateó por el piso hacia tercera y sacaron a Scull en segunda doblando a Miranda en primera. Mientras eso ocurría, Gutiérrez, se lanzó a la conquista del home y fue atrapado, muriendo en un corre y corre.

En el segundo juego, las Estrellas de Emilio Cabrera derrotaron 10 por 4 al Granada, y en el tercero, ante 15 mil aquí en Managua, perdieron 8-7 contra un combinado que utilizó como abridor al cubano Evelio Hernández.

El relevo que hizo Johnathan Robinson como reemplazo del agredido Roberts en el sexto, fue muy bueno, limitando al enemigo a sólo una carrera.

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