Necesidad de Dios

Augusto César Marín Arauz En este nuevo siglo que comenzamos, es indiscutible la inmensa crisis de valores experimentada en todos los niveles. Lo “tradicional” se quiere sustituir por lo “moderno”, lo “antiguo” por lo “nuevo”, lo “definitivo” por lo “relativo” y así, el ser humano va en busca de experiencias nuevas tratando de dar significado […]

Augusto César Marín Arauz

En este nuevo siglo que comenzamos, es indiscutible la inmensa crisis de valores experimentada en todos los niveles. Lo “tradicional” se quiere sustituir por lo “moderno”, lo “antiguo” por lo “nuevo”, lo “definitivo” por lo “relativo” y así, el ser humano va en busca de experiencias nuevas tratando de dar significado a su vida. Sin embargo, ante el rechazo de los valores tradicionales, ¿qué oferta sólida y confiable se presenta a una juventud sedienta de felicidad?

Se ofrecen compensadores: placer inmediato (sexo sin compromiso de estabilidad, drogas, pornografía, etc.), poder (el dinero como valor absoluto), un concepto falso de libertad basado en el lema “si te sientes bien, hazlo” o “mi cuerpo es mío”, y nada más. Las conciencias juveniles y su necesidad de vivir por un ideal que dé sentido a su existencia son adormecidas por todo el bombardeo producto del consumismo, donde uno vale por lo que se “tiene”, no por lo que se “es”.

Incontables jóvenes sin hacer reflexiones serias que los comprometan a ser agentes de cambios para transformar el mundo, y por el contrario, enterados del último grito de la moda, del nuevo modelo de celular, de las marcas más caras de ropa, de los ritmos más pegajosos, etc.

Es urgente crear conciencia de nuestro lugar en la sociedad nicaragüense y en el mundo. Más que ir en pos de filosofías o doctrinas nuevas, necesitamos seguir a una persona: Jesucristo, para vivir de acuerdo con él como referente absoluto en medio de tanto relativismo y vacío existencial.

El doctor Víctor Emil Frankl, un brillante psiquiatra judío que sobrevivió a cuatro campos de concentración nazis, decía que el hombre es capaz de vivir e incluso de morir por un ideal. Sí, ideales nobles que encaucen las energías juveniles para el bien de todos. Para los cristianos estos ideales brotan de aquél que siendo Dios se encarnó de María la Virgen para darnos la vida eterna.

La realidad que vivimos es la mejor prueba que el ser humano al alejarse de Dios sólo obtiene caos y destrucción. San Agustín dice: “La búsqueda de Dios es la búsqueda de la felicidad. El encuentro con Dios es la felicidad misma”.

Seminarista y psicólogo

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