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Hace 25 años, doña Luisa Amanda Pérez quedó con el corazón partido. Destrozada ante la partida hacia Estados Unidos de su pequeña de 10 años, María Guadalupe Palma Pérez.
Entre lágrimas esta madre recuerda que no había otra opción. Allá la niña tendría la oportunidad de recibir un tratamiento médico especializado que le permitiera curar las graves heridas en todo el cuerpo, ocasionadas al caer en una porra de frijoles hirviendo.
Sacando fuerzas de donde no tenía y consciente de que ella no podría hacer nada por su hija, la entregó a un grupo de voluntarios norteamericanos que se llevaron a varios niños con diferentes impedimentos.
Con el pasar de los años, las heridas de María Guadalupe han sanado luego de un prolongado proceso de cirugías reconstructivas, pero la herida en el corazón de su madre sigue viva, y más abierta que nunca tras haber perdido contacto con su hija, ahora de 35 años y con el nombre de María Hartman, apellido que recibió de sus padres adoptivos.
“Ella me escribió muchas veces, pero a raíz de los atentados en las Torres Gemelas, no supe más de ella. Yo le pido a Dios que se haga un milagro y me permita volver a saber de ella”, dice llorando.
“He hecho de todo para tratar de localizarla, pero ha sido imposible”, relata, mientras guarda celosamente las pocas fotos y cartas que conserva de su hija, en las que le manifiesta el inmenso amor que siente por ella y su familia.
Lo único que esta angustiada madre sabe es que su hija vivía en 58 At Water St 1 New Haven Ct 06513, Pensylvania y que estudió en Hihg School Daniel Hand, donde se graduó en 1990.
Doña Luisa Esperanza Pérez, originaria de Quezalguaque, en León, sólo espera que el Creador le dé la oportunidad de volver a ver a su hija y poder sanar las heridas en su alma.
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