Una vida de nado contra la corriente

La futura mandataria encarna la reconciliación con el pasado Eva VergaraAP SANTIAGO DE CHILE.- Michelle Bachelet es separada, agnóstica y socialista y vivió en carne propia la tortura y el exilio bajo la dictadura, pero no guarda rencores contra los militares, a los que comandó como Ministra de Defensa. Ahora deberá gobernar a los 15 […]

  • La futura mandataria encarna la reconciliación con el pasado

Eva VergaraAP

SANTIAGO DE CHILE.- Michelle Bachelet es separada, agnóstica y socialista y vivió en carne propia la tortura y el exilio bajo la dictadura, pero no guarda rencores contra los militares, a los que comandó como Ministra de Defensa. Ahora deberá gobernar a los 15 millones de chilenos.

“Desde el punto de vista emocional, he tenido procesos a lo largo de mi vida que me han permitido encontrarme con los militares”, declaró.

Bachelet, de 54 años, se casó y se separó mientras vivía su exilio en Alemania del Este, donde nació su hijo mayor.

El golpe militar del general Augusto Pinochet, en 1973, marcó su vida: su padre, el general de la fuerza aérea Alberto Bachelet, opuesto al golpe, fue preso y torturado por sus camaradas.

Murió en la cárcel en 1974 por un infarto al corazón a consecuencia de las torturas padecidas en prisión, dijo Bachelet.

Ella y su madre también fueron detenidas y torturadas durante un par de semanas, en enero de 1975, en una cárcel secreta, “donde nos separaron y sometieron a apremios físicos”, dice en su biografía.

El mismo año salieron al exilio a Australia y Alemania y retornaron a Chile en 1979.

Bachelet ha dicho que no tiene rencores, pero que si Pinochet muere siendo ella Presidenta, “me violentaría tremendamente rendirle honores de Estado y decretar duelo nacional”. Pero agrega que el ex dictador se merecería un funeral digno.

Se transformó en candidata por la fuerza de la opinión pública, que la ponía a la cabeza de las encuestas, y no por decisión de cúpulas políticas.

Tal era el peso de su popularidad, que su rival por la candidatura única del oficialismo, la ex canciller demócrata cristiana, Soledad Alvear, abandonó la lucha aún antes de una proyectada elección primaria.

“Creo que este proceso de popularidad tiene que ver con el anhelo de la gente, y ellos lo personifican en mí”, señala. “Jamás he buscado cargos para figurar”.

Los golpes en su vida no le quitaron el buen humor y su gusto por el canto, el baile, la guitarra y la natación. Un leve rictus en sus labios la delata cuando está molesta o irritada.

En medio de la intensa campaña electoral, se daba tiempo para llevar su hija menor a la escuela y para comprar en el supermercado.

Bachelet es una pediatra especializada en salud pública, tiene un postgrado en Ciencias Militares. Además del español habla inglés y domina con fluidez el alemán, el francés y el portugués.

Le molesta el machismo y se queja, medio en serio medio en broma, por las preguntas que le hacen sobre su condición de mujer separada. “Si fuera hombre no me preguntarían esas cosas”, respondió a un periodista que le preguntó si pensaba en volver a casarse.

“Acá, en este comando no hay machismo”, asegura en relación al grupo de profesionales y asesores que la acompañaron en la campaña electoral.

En los años ochenta se incorporó al trabajo en la salud pública, y mientras escalaba puestos en el Partido Socialista atendió a niños traumados por la represión sufrida por sus padres.

En el 2000 fue elegida por el presidente Ricardo Lagos como Ministra de Salud, donde saltó a las primeras páginas de la prensa por su empatía y contacto con la población. En el 2002 fue designada Ministra de Defensa.

“Yo era mujer, socialista, separada, agnóstica, hija de un padre que murió en la cárcel. Yo decía: todos los pecados juntos” para los militares, relató sonriendo a la prensa.

Los que muchos podrían considerar puntos objetables, ella los utilizó para acercarse más a los militares, con muchos de los cuales había estudiado en la Academia Nacional de Estudios Estratégicos del Ejército.

Cuando era Ministra de Defensa se conoció su relación sentimental de fines de los ochenta con un militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, grupo guerrillero que combatió por las armas a Pinochet, pero ella aclaró que “ la vía armada no fue un elemento que yo haya tomado en consideración en el combate a la dictadura”.

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