León Núñez
A Mario Vargas Llosa
Desde que a don Enrique le cogió la taranta de
andar repartiendo condecoraciones la fila de los que aspiran a ser condecorados es enorme. Todos los sábados, en la peña El Bejuco de Acoyapa me preguntan: ¿ya te condecoró don Enrique? Mis paisanos me hacen esta pregunta porque creen que yo estoy en la lista de los que van a ser condecorados con la Orden Rubén Darío.
Es importante destacar que no solamente don Enrique impone condecoraciones sino también doña Lila T, circunstancia que hace más familiar el operativo condecoracional montado desde la Presidencia de la República, y si a esto agregamos el hecho de que don Enrique es el creador de la distinguida moda de las condecoraciones a domicilio —como la que impuso en Managua a don Alfredo Pellas y en Granada a don Alberto Chamorro Benard— tendremos que concluir, como dicen mis compañeros de peña, que existen tres clases de condecorados: los condecorados de primera, los condecorados de segunda y los condecorados de tercera.
En El Bejuco es unánime la tesis de que el que ha sido condecorado a domicilio por el propio don Enrique es el condecorado de primera; el que ha sido condecorado por doña Lila T, es el condecorado de segunda y los demás son condecorados de tercera.
Por esta política repartidora de honores don Enrique va a ser recordado como el Presidente más dadivoso de la historia de Nicaragua, pero dadivoso —claro está— de condecoraciones. En El Bejuco se calcula que cuando don Enrique finalice su período presidencial su récord condecoracional va a ser superior al de todos los presidentes que ha tenido Nicaragua, con la diferencia de que éstos condecoraban a cambio de algo, mientras que don Enrique lo hace por generosidad condecorativa. En este sentido las andanzas condecorativas de don Enrique son desinteresadas. No las motiva ningún interés de intercambio galardónico.
Se comenta en El Bejuco que don Enrique, en su afán decorativo y condecorativo, ha querido condecorar a todos los gobernantes europeos, y que no ha podido. Incluso se dice que la destitución del último embajador de Nicaragua en Alemania, don Alberto Altamirano Lacayo, se debió a que no pudo conseguir que Angela Merkel, la nueva Canciller alemana, recibiera a don Enrique. Yo creo que la señora Merkel “huelió” que el Presidente de Nicaragua la quería condecorar.
Don Enrique ha tenido más suerte en Estados Unidos. Ha condecorado a muchas personas. George Bush, ex Presidente de Estados Unidos, no se le pudo capear. ¿Cómo fue que don Enrique lo condecoró? En El Bejuco ha circulado la versión de que en una reunión en casa de Mr. Bush, en Texas, para tremendo susto de los presentes, el ingeniero Bolaños, de repente, con el brazo derecho en alto, y con el puño cerrado, se abalanzó amenazadoramente contra Mr. Bush, pero en cuestión de segundos todos recobraron la tranquilidad cuando vieron a don Enrique “clavándole” rápidamente al ex Presidente de los Estados Unidos la consabida condecoración. Seguramente el ingeniero Bolaños quería darle a Mr. Bush una grata sorpresa condecorativa.
Don Enrique también condecoró a otras personalidades, entre las que recuerdo a Jean Kirpatrick, Roger Noriega, John Maisto, Otto Reich… Es más, Ronald Reagan si estuviera vivo no hubiera podido capearse de que el ingeniero Bolaños lo condecorara. En El Bejuco se sabe, por fuentes dignas de todo crédito, que don Enrique va a “clavarle” condecoraciones a treinta estadounidenses más, entre los que están Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice, Oliver North, su ex secretaria Faun Hall y John Pointdexter.
También se dice en El Bejuco que el ingeniero Bolaños va condecorar a Paul Trivelli. Yo estoy de acuerdo. Se merece la condecoración. Su prudente vocabulario con el que se percibe a simple vista el profundo respeto que siente por la soberanía y dignidad de nuestro país, su exquisito tacto diplomático, sus finísimos modales, su característica humildad, su sonrisa seráfica y su tierna mirada en la que no existe ningún asomo ni desdén, ni de soberbia, ni de arrogancia, constituyen razones más que suficientes para que la decisión de don Enrique de condecorar al simpatiquísimo embajador Trivelli sea apoyada por todos los nicaragüenses.
En la última sesión de la peña acoyapina leímos la lista de las trescientas personas que todavía faltan por condecorar. No debo dar a conocer los nombres que integran esa lista porque no me han aportado pruebas de su autenticidad, y no quiero que suceda algo similar a lo que pasó con la famosa lista de los que iban a ser desvisados. Solamente puedo informar que yo estoy en la lista de los que supuestamente vamos a ser condecorados.
Por esta razón, y para no ser el último en ser condecorado, había pensado que cuando me encontrara con el ingeniero Bolaños le iba a reclamar: “Ideay don Enriqué, ¿y mi condecoración?” Pero he cambiado de parecer. Ahora no acepto la condecoración a menos que me condecore en Acoyapa, a domicilio, y condecore junto conmigo a los veinte miembros de la peña El Bejuco, y aunque ya sabemos que don Enrique condecora sin esperar nada a cambio, desde ahora anunciamos que en reciprocidad, y también porque se lo merece, le otorgaríamos la más alta condecoración de la peña: El Bejuco de Oro.
El autor es abogado y escritor.